Elba Rodríguez: "Las limitaciones económicas me ayudaron mucho a ser creativa"

Ganó en 2014 la primera edición de Másterchef. Y lo hizo poniendo sus raíces sobre la mesa. Frente a competidores con mayor formación profesional, ella recurrió a platos típicos de Bolivia –la tierra de sus padres– como la sopa de maní

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Desde aquel galardón, esta joven cocinera (25) de Puente de la Noria no paró un segundo: escribió un libro de recetas, fue columnista gastronómica en varios programas de televisión, cocinó para eventos solidarios y tuvo una hija, Agustina. ¿Algo más? Sí, tuvo el honor de conocer en persona al presidente Evo Morales. "Para muchos es un modelo de superación", apuntó.

A pesar de la humildad de su familia, Elba recordó que, en su infancia, nunca le faltó el plato de comida. "Mi vieja iba siempre al Mercado Central a buscar precios. Las verduras estaban muy baratas ahí. Y, a veces, las conseguíamos gratis. Porque cuando había dos naranjas podridas, ¡tiraban el cajón entero! ¡Increíble! Esos eran los días de suerte. De eso vivíamos."

"Las limitaciones económicas me ayudaron mucho a ser creativa. Porque, imaginate, mi vieja traía cuatro bolsas llena de verduras y, como no teníamos heladera, las teníamos que comer rápido porque sino se echaban a perder. Hacíamos sopas de todos los gustos, diferentes estofados, varios guisos", rememoró.

La exposición mediática también tuvo sus sabores amargos. Uno de ellos, la discriminación.

"Y, la verdad, lo de los platos de la infancia era una cuerda floja. Porque siempre hubo un estigma muy fuerte en lo que refiere a la nacionalidad, las raíces y las costumbres. Y no solamente con la colectividad boliviana, también con otros países. Es cierto. Pero es parte de lo que uno es, y yo estoy orgullosa de los valores que me dio mi familia. Y ese espacio me ayudó a darlos a conocer", admitió Elba.

Para todos aquellos que se quieran dedicar a la gastronomía y, como ella, "vienen de abajo", Elba dejó un consejo: "Hay que mantener la esencia. Demostrarse como es uno. O sea, para algunos era una debilidad que yo nunca haya viajado ni pisado un restaurante. Me podía jugar en contra eso. Es verdad. Pero también es cierto que al mostrarme en realidad cómo era yo, sin apariencias, permitió que los jurados se dieran cuenta que yo necesitaba oportunidades."

"Cuando ellos [el jurado] me daban un consejo, sabían que yo escuchaba. Germán [Maritegui] me dijo: "Vos sos una esponja. Todo lo que escuchás, lo absorbés y después lo ponés en práctica". Y que te digan eso es algo lindo. Porque, en realidad, yo quería eso: tener un espacio donde aprender y crecer. Y gracias al programa se me abrieron muchísimas puertas. Y en eso estoy hoy: intentando aprovecharlas", cerró.