El hombre actual vive hiperconectado y nadie lo puede negar. El celular, en particular los smartphones, y ahora los relojes inteligentes, han modificado la vida y las relaciones de múltiples sociedades alrededor del mundo, dejando casi sin opción a quienes no estaban convencidos del cambio. Aunque han traído enormes beneficios para la vida laboral y social, hoy se paga el precio de algunos hábitos terribles que están arraigados a nuestra conducta social.
"El hecho de vivir con un smartphone o cualquier dispositivo móvil inteligente, conectado, hace que la realidad se sienta un poquito menos real", señalan los periodistas Lev Grossman y Matt Vella de la revista Time. "Uno está hiperconectado hasta el punto que es apto para prestar atención a los pensamientos y opiniones de los extraños anónimos por sobre sus seres queridos que están en la misma habitación. Uno se olvida de cómo es estar solo y sin distracciones".
La paradoja de un dispositivo portátil, como el reloj inteligente, es que da tanto control y lo quita a la vez. Un ejemplo es la aplicación de fitness: el cuerpo está constantemente arrojando datos, y ahora el reloj los recoge y almacena y los devuelve en una forma que uno los puede utilizar.
Según un informe de la consultora PwC, en la Argentina la tecnología es un factor que modificará no sólo la vida sino la manera de trabajar. Ya está afectando las horas tradicionales de trabajo y el 59 por ciento de los empleados está dispuesto a estar conectado las 24 horas por miedo a perder su empleo.
El estudio, llamado "El futuro del trabajo. Un viaje hacia 2022", revela a nivel global cómo evolucionará el mundo laboral en los próximos años. Tanto es así que la tecnología es considerada por el 53% de ellos como el principal factor que transformará el trabajo durante los próximos cinco a diez años.
El celular tiene la terrible habilidad de convencer a sus adeptos de que trae enormes beneficiosque en realidad son malos hábitos. Eliminar de a poco estas costumbres permite a las personas ser un poco más conscientes del presente y de lo que los rodea. Aunque es imposible dejar de lado completamente el celular, se debe superar la dependencia.
A continuación, cinco ejemplos de la inevitable adicción de usar el celular:
Las personas parecen utilizar sus teléfonos como un generador infinito de excusas. Excusas por llegar tarde o para cancelar un compromiso están al alcance de la mano, ya que, con sólo mandar un mail o un mensaje de texto, está hecho. Se suele tratar a otros de esta manera porque es la forma en que uno es tratado (aunque sea una actitud odiosa) y se establece un sistema de evasión de responsabilidades enorme.
Sin un acceso constante a un teléfono, uno está obligado a comprometerse a los planes y llegar a tiempo para evitar desencuentros. Por ejemplo: los amigos de alguien que no tiene teléfono toman conciencia de esto y honran la puntualidad. En otras palabras, pareciera ser que cuanto más adicción se tiene a los smartphones, peor es la ausencia de una actitud responsable.
Cuando se está atado a una conexión constante, es sorprendentemente fácil retirarse del presente y trasplantarse a otras preocupaciones. Una situación muy usual es estar realizando una actividad o tener un conversación y automáticamente posponer lo que sea que se esté haciendo por alguna otra cuestión que aparezca ante los ojos gracias a la rapidez y espontaneidad de los teléfonos celulares. Esto obviamente representa una gran falta de respeto generalizada.
Este problema se agranda incluso con la actitud selectiva que se tiene ante los mensajes de WhatsApp, por ejemplo: hay personas a quienes se le responde rápido y personas a las que no. Herramientas como el indicador de que un mensaje ha sido leído (el famoso "visto" de WhatsApp) aumentan los sentimientos de resentimiento y rencor en situaciones que no lo ameritan. Desconectarse entonces, supone una mejor relación con todos los que nos rodean, ya sea en persona o en el mundo virtual.
¿Quién no ha sido pasajero en un auto donde el conductor maneja con su smartphone en la mano? Poner música, contestar mensajes o una llamada o hasta subir una foto a Instagram son distracciones usuales para aquellos adictos al celular que se la pasan manejando. Una distracción que podría ser fatal.
Sin importar cuán habilidoso sea el conductor, una persona que distrae su atención, ya sea mirando para abajo para contestar un mensaje o inhabilitando una mano para contestar un llamado, no puede jamás tener un buen desempeño al volante.
Una persona hiperconectada siempre está pensando en más de una cosa a la vez. De manera similar a la forma en que le falta el respeto a las personas que lo rodean tanto presentes como virtualmente, tiene problemas para respetar sus propias tareas. Con un gran centro de distracción como es el celular, las actividades laborales toman mucho más tiempo para desarrollarse ya que el 100% de atención se distribuye en otras actividades irrelevantes.
Esta conexión constante genera la falsa ilusión de que se están desarrollando múltiples actividades a la vez, pero en realidad se pasa de una tarea a otra sin terminar realmente ninguna. Centrarse en una sola cosa logra que se gaste menos tiempo en ella y por ende se termine más rápido.
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