Los corredores, como cualquier persona que se ejercita para bajar de peso, tienden a realizar una planificación, que va aumentando en intensidad en el tiempo. Esto sucede porque el cuerpo se va acostumbrando -o mejorando su condición- de manera progresiva y una nueva meta siempre es una manera de motivarse. Sin embargo, una nueva investigación reveló que esto podría no tener efectos reales, ya que sugirió que hay un límite a la cantidad de calorías que se pueden quemar a través del ejercicio.
Un equipo liderado por Herman Pontzer, profesor asociado de antropología en el Hunter College, realizó un estudio a un grupo de 332 adultos, entre sedentarios y activos, que viven en los Estados Unidos, Jamaica y África. Los investigadores midieron los niveles de actividad durante siete días utilizando un acelerómetro y otros dispositivos portátiles, como también el número de calorías que los participantes quemaron durante la semana.
La primera conclusión a la que llegaron que, como se esperaba, aquellos que se más se movieron eliminaron una mayor cantidad de calorías. Pero luego descubrieron que los "activos" llegaban a un punto donde ingresaban a una meseta y que, a partir de allí, no "quemaban" las calorías más que sus pares sedentarios.
Los científicos no analizaron cuáles eran las actividades específicas que los participantes realizaron, pero pudieron determinar a través del acelerómetro que el nivel de eliminación de calorías iba decreciendo.
El estudio se suma a otros que marcan una nueva tendencia en la manera de cómo se percibe el mundo del ejercicio: al parecer, quemar un montón de calorías es una estrategia de pérdida de peso menos realista de lo que se había pensado.
Para Pontzer el estudio, que se publicó en la revista Current Biology, propone un cambio de paradigma en que el ejercicio no es la principal herramienta para bajar de peso. Según dijo, esto sucede como una respuesta evolutiva: "Creemos que se trata de una adaptación evolutiva muy común, que los animales utilizan para no quedarse sin recursos y no morir de hambre. El cuerpo está atento al entorno y establece un nivel de gasto de energía que pueda mantener".
Este es el segundo estudio realizado por Pontzer que sostiene esta teoría. Durante 2010, el investigador de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y su equipo vivió junto a los Hadza, uno de los últimos pueblos de cazadores recolectores de África.
En Tanzania, investigaron el gasto energético de la tribu, quienes caminan durante kilómetros a diario. Entonces, Pontzer pidió a un grupo de 30 hombres y mujeres que bebiesen una pequeña cantidad de agua con isótopos pesados de hidrógeno y oxígeno. Así, pudo calcular el gasto de energía mediante las muestras de orina.
Ya entonces los resultados, que fueron publicados en la revista PLoS ONE en 2012, demostraron que no había diferencia en la quema de calorías entre los más activos y pasivos del grupo: sus organismos se habían adaptado a su estilo de vida y habían encontrado un equilibrio energético.
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