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Lo llaman "el mejor amigo del hombre" y en muchas familias cumple un rol fundamental para el bienestar del hogar. Así y todo, desde hace una década, los perros se convirtieron en grandes protagonistas en el sistema de defensa de los países, en su condición de "detectores de explosivos".

El atentado contra las Torres Gemelas en 2011 y la siguiente guerra de Afganistán, que ya lleva 13 años ininterrumpidos, significó todo un proceso de sofistificación en la ayuda canina durante el conflicto.

Unas de las armas más peligrosas a las que se enfrentaron las tropas norteamericanas fueron los llamados "IED", dispositivos explosivos improvisados. Estos artefactos eran fabricados con motores de lavadoras o de puertas de garage y eran enterrados en las rutas donde transitaban los vehículos de los militares estadounidenses en Afganistán.

Por eso, a lo largo de los últimos 15 años, el Departamento de Defensa de Estados Unidos invirtió 19.000 millones de dólares en encontrar un método para detectar los IED y, finalmente, terminó recurriendo al recurso más antiguo: el perro. Y el rubro se disparó: en 2000, la empresa de seguridad MSA, principal proveedora de los animales entrenados, tenía apenas 15 grupos de perros. Hoy, ya hay más de 10 mil perros trabajando para el sistema de defensa estadounidense.

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El entrenamiento

El proceso de entrenamiento de los perros para la detección de bombas es el típico método de asociación simple. Los entrenadores someten a los animales a diferentes olores de explosivos y, luego de hacerlo, les dan un premio, ya sea alimenticio o un juguete.

Así y todo, el olfato desarrollado no representa al mejor perro para detectar una bomba. El ejemplar más útil responde a altos estándares de confianza, ética de trabajo e interés en los premios.

"Lo más importante para los perros es la confianza. Los perros que dudan en ciertas situaciones o se escapan ante la llegada de un visitante, es difícil que puedan progresar en el plan de entrenamiento", dijo Gloria Gilbert Stoga, la presidente de un plan de entrenamiento denominado "Puppets behind Bars" (Cachorros entre rejas).

El "Puppet behind Bars" es un programa de inclusión y entrenamiento. Se acude a las prisiones estatales de Estados Unidos y a determinados presos se les otorga un perro cachorro, el cual tienen bajo su cuidado durante varias semanas. En ese período, el dueño tiene que pasear y exponer al cachorro a los diferentes ambientes de la prisión. El objetivo principal de esa fase inicial de entrenamiento es que los perros de ocho semanas puedan aprender a socializar. Una vez finalizada esa etapa, se elige a los cachorros que continuarán con el entrenamiento.

Luego, se ejecuta la etapa más dura del entrenamiento y en la que se establece el verdadero filtro sobre los perros con posibilidades de tener éxito. Según los especialistas, el perro que se comporta como un gato y actúa con independencia no funcionará durante el entrenamiento. Se buscan perros fieles y sumisos a las órdenes de sus dueños. Por eso, razas como los labradores o los ovejeros alemanes son tan utilizadas para esa práctica.

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Las precauciones

El entrenamiento de los animales tiene que ser muy cuidadoso y no puede dejar ningún aspecto librado al azar. Los entrenadores tienen que ser cuidadosos con enseñarles a los perros falsas asociaciones. Ejemplo, si la mochila que contiene el explosivo es siempre recibida por un joven de 30 años, el perro puede interpretar que un anciano o un niño jamás cargarán con un explosivo en su espalda.

Por eso, los representantes del principal centro de entrenamiento, el AK9, reclutan voluntarios cada año para representar los escenarios en los que practicarán los animales.

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El negocio

El negocio de los perros detectores de bombas es similar al de la industria de las aseguradores y el comercio de armas: el desastre es bueno para el negocio. Incluso, el caso de los perros todavía es más exitoso, Por diferencia, los perros son los actores de la guerra más apreciados por la opinión pública, por diferencia.

La compañía Bloomberg estimó que el tamaño del mercado de los perros detectores de bombas mueve en la actualidad entre 400 y 700 millones de dólares por año. Según datos revelados por el Departamento de Estado de EEUU, desde 2010 se destinan 24 millones de dólares a los servicios caninos en la Embajada en Baghdad, mientras que la ciudad de Nueva York firmó un contraro de 48 millones de dólares con una empresa privada para proveer de perros a los controles de la zona bursátil y en los puertos de Nueva York y Nueva Jersey.