Verano: cómo cuidar la piel sin demonizar al sol

La exposición solar tiene muchos efectos negativos para el cuerpo humano, pero también registra algunos beneficios. Cómo encontrar el equilibrio adecuado

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Durante el verano, la gente disfruta de estar bajo el sol y aumenta el tiempo y sus actividades al aire libre. Sin embargo, la luz solar tiene un lado peligroso: puede dañar la piel e incluso los ojos. Por eso, para minimizar los riesgos, existen medidas relativamente simples que permiten así continuar disfrutando de los efectos saludables del sol.

"Nostros, los dematólogos, venimos haciendo campaña desde hace muchos años. Creo que es necesario generar una cambio en la cultura de nuestra relación con el sol para entender que no se trata del peor enemigo. Pero tampoco podemos estar tirados 'como lagartos', expuestos a su radiación", puntualizó a Infobae el doctor Jorge Laffargue, médico dermatólogo, jefe de la Sección de Dermatología Quirúrgica del Hospital Pedro Elizalde y referente de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD).

Como parte de aquel cambio, el especialista reconoció la importancia de educar a los niños en estos temas. Se busca fomentar la formación sanitaria en los colegios de modo tal que ellos contribuyan a la divulgación de estos conocimientos en el seno familiar.

La exposición solar tiene muchos efectos negativos para el cuerpo humano, pero también registra algunos beneficios. Cómo encontrar el equilibrio adecuado

Razones para cuidarse

Los rayos ultravioleta (UV) son un componente invisible de la radiación solar que pueden penetrar la piel y dañar las células. Las quemaduras de sol son un signo de ese daño en la piel.

Sol y herpes

Además de evitar daños en la piel, el uso de protectores solares permite minimizar los brotes de herpes labial. Se trata de una afección muy común, causada por el virus herpes simple, que aparece con mayor frecuencia en el verano, debido a la exposición prolongada al sol, pero también ocurre por esta causa durante el invierno. Produce dolor y quemazón en el labio. Luego aparecen vesículas o ampollas que se transforman en úlceras y costras. El cuadro se resuelve en siete u ocho días y, algunas veces, se acompaña de un aumento del tamaño de los ganglios vecinos al lugar de las lesiones.

El virus se transmite de persona a persona por contacto directo, por ejemplo, al besarse. El contagio también puede producirse por medio de objetos contaminados, como los que se utilizan para comer y beber. Ocurrida la primera infección, el virus permanece latente o inactivo en el cuerpo, a veces, por muchos años o de por vida. Con frecuencia, se reactiva y reaparecen los síntomas.

Esto puede deberse a otros factores además del sol, entre ellos, el estrés, la fiebre causada por una enfermedad infecciosa y la menstruación. Algunas personas tienen uno o dos episodios al año, mientras que otras los repiten con mayor frecuencia.

Cada vez se registran más transformaciones malignas, como carcinomas o melanomas

Para aquellas personas con herpes labial recurrente, la exposición solar además del esperado bronceado puede precipitar la aparición de lesiones. Lo importante es no angustiarse y saber convivir con él. Si bien no existe un tratamiento curativo, puede aliviarse o prevenirse con los antivirales en dosis bajas y muy bien toleradas. La medicación actual permite acelerar la cicatrización de las lesiones, y el tratamiento supresivo consiste en administrar antivirales a diario durante períodos prolongados para evitar nuevos episodios.

Si el brote no pudo prevenirse, además de evitar las situaciones que favorecen el contagio, es importante lavarse las manos con frecuencia. Una higiene adecuada puede eliminar el riesgo de propagar la infección hacia otras áreas del propio cuerpo, como los ojos.