Los errores y el dolor que estos generan tienen más poder que la alegría. Es más intenso el dolor por perder cien pesos, por ejemplo, que la alegría de encontrar esa misma suma de dinero. Frente a un error, el cerebro gasta más energía y por esa razón tendemos a recordar más una equivocación que un acierto. Si una persona nos trata mal, eso quedará grabado en nuestra memoria con mayor intensidad que el buen trato que nos hayan brindado numerosas personas.
¿Por qué los errores, los insultos y los malos tratos se fijan con tanta facilidad en la mente? Porque solemos hablar mucho más de todo ello que de las experiencias positivas que tuvimos. Un insulto nos puede llegar a arruinar el día; una felicitación tal vez no nos alegre de igual modo. Esto explica por qué un mal recuerdo puede perdurar años en la memoria.
Aunque el error es parte de la vida, podemos anhelar no equivocarnos y aceptar ser corregidos cuando nos equivocamos. En este sentido, es saludable preguntarle a quien está un paso más adelante que nosotros cómo han visto nuestro desempeño para saber si necesitamos corregir o mejorar algo. Esta época del año es muy oportuna para realizar este tipo de balances personales. En cada error hay una semilla de aprendizaje.
Una equivocación te puede llevar al "crecimiento" o al "resentimiento". Eso dependerá de que aprendas o vuelvas a tropezar con la misma piedra. ¿Hiciste un mal negocio o viviste un fracaso afectivo? De nada servirá adoptar una actitud de lamento. No aprender de una situación negativa nos condena a repetirla nuevamente. Muchas veces el orgullo, que no nos permite capitalizar el error, nos hace tropezar una y otra vez con el mismo escollo.
Frente al error a algunas personas se les activa la ley que dice: "Si me va bien, es gracias a mi esfuerzo; si me va mal, la culpa la tienen los demás". Tal vez en algún momento del 2015 te hayas equivocado y le hayas dicho a alguien: "Fue tu culpa", es decir, colocaste el problema afuera. Del mismo modo, cuando a otro le fue mal, quizás dijiste: "Fue tu culpa", lo cual demuestra que razonás lo que le ocurre al otro al revés de lo que lo hacés con vos mismo. Mientras atribuyas el éxito a tu capacidad y el error a la culpa de los demás, el crecimiento será limitado.
El único responsable de todo lo que te sucede, sea bueno o sea malo, es uno mismo. Pero el error debe servirte para aprender y volver a intentar hacer eso que te salió mal. No sirve esconderse o evadirse, diciendo: "No lo vuelvo a hacer nunca más". Volvé a hacerlo pero esta vez, con sabiduría, es decir con el aprendizaje que ya incorporaste. Reconocer nuestros errores nos hace fuertes. En aviación, por ejemplo, la mejora de los vuelos se basa en las correcciones de los errores de los vuelos anteriores. La aviación hoy es segura porque se aprendió de los accidentes pasados.
-Con angustia. Hay personas que se angustian frente al error y, como no saben expresar ese malestar, esta se transforma en agresividad. Toda persona agresiva, en lo físico o en lo verbal, es alguien que no ha podido canalizar esta emoción de otra manera.
-Con melancolía. Otras personas reaccionan con melancolía y suelen mostrar una tendencia a la depresión. Acostumbran decir: "Me equivoqué y siempre voy a seguir equivocándome". Al mezclar el pasado con el presente, alimentan la creencia de que todo en la vida les saldrá mal.
-Con ansiedad. Existen personas que se apresuran y rápidamente califican al error como un fracaso.
-Con culpa. Y por último hay personas culposas que mezclan el "hacer" con el "ser". En lugar de manifestar que tienen un problema, dicen que ellos son el problema. Por ejemplo, una persona que está excedida de peso no dice: "Tengo algunos kilos de más", sino: "Soy gordo/a".
Hay personas con una personalidad evitativa que hacen todo lo posible por no tomar decisiones porque le tienen miedo al error. Cuando tienen que decidir, piensan: "No... a ver si me equivoco", y nunca resuelven, solo ensayan a ver qué pueden hacer. Dejan que los demás decidan por ellos y cuando ya no soportan más la situación, recién ahí deciden por sí mismos. Por lo general, son personas calladas que evitan todo conflicto y confrontación. Le escapan a toda emoción de tensión que les genera incomodidad. Por eso, evitan exponerse públicamente y son extremadamente conciliadores.
Tanto los exitosos como los no exitosos cometen errores. La gran diferencia entre unos y otros es que los exitosos los corrigen, aprenden de ellos, olvidan los detalles y siguen adelante. El éxito son errores corregidos. Si en el ámbito de un grupo de trabajo un líder no corrige los errores, estos se perpetuarán y el líder perderá autoridad.
No le tengas miedo al error, lo único que debés temer es repetir el mismo error una y otra vez, y nunca aprender de ellos. Los errores se marcan para ser corregidos, ya que solamente corrigiendo aquello que hacemos mal podemos crecer y avanzar en la vida. Los errores forman parte del proceso de aprendizaje. Proponete aprender de tus equivocaciones en este nuevo año que comienza para que así tu crecimiento y tu aprendizaje sean continuo.
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