Una Copa Libertadores, el Mundial de Clubes, dos títulos locales y mucha entrega le bastaron a Diego Lugano para convertirse en una especie de deidad en San Pablo. El defensor uruguayo jugó tres años en el fútbol brasileño y luego emigró para continuar su carrera en Turquía, Francia, España, Inglaterra, Suecia y Paraguay.


A punto de ponerle el moño a su fructífera vida futbolística a los 35 años, decidió retornar al sitio "al que le debo casi todo", según él mismo aseguró en las redes sociales. El marcador central llegó a San Pablo para ser líder del flamante equipo del Patón Bauza y heredar la cinta de capitán que dejó vacante Rogerio Ceni con su retiro tras 25 años custodiando los tres palos.


Lo más llamativo de esta historia fue la bienvenida que tuvo por parte de los torcedores del Tricolor, quienes fueron a esperarlo al Aeroporto de Guarulhos para mostrarle todo su afecto. Más de mil personas se agolparon en las instalaciones del lugar con bengalas, banderas y camisetas.



Cuando "DIO5", según lo bautizan las propias redes sociales del club, puso el primer pie en tierras paulistas, los hinchas enloquecieron, corearon su nombre y no lo dejaron caminar en paz, protagonizando un recibimiento digno de cualquier estrella de rock mundial.