El inesperado efecto positivo de un antidepresivo común

Se demostró que el escitalopram protege a las neuronas de los pacientes que sufren de depresión y estrés al mismo tiempo. Esta asociación es extremadamente peligrosa para las neuronas

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Muchas veces los efectos secundarios de las drogas indicadas para una dolencia resultan positivos para otras dolencias, de modo inesperado. Un antidepresivo de uso muy común, el escitalopram, reduce de modo significativo dos componentes neurotóxicos asociados a la pérdida de la memoria y a la demencia, según acaba de probar un estudio del Centro Médico Universitario de la Universidad de Loyola.

El estudio, "Does escitalopram reduce neurotoxity in major depression?" (¿El escitalopram reduce la neuroxicidad en la depresión grave?"), publicado en la Revista de Investigación Psiquiátrica (Journal of Psychiatric Research) indagó en la relación entre el sistema inmunológico y la depresión, y encontró este efecto, entre otros datos sobre la reacción del cuerpo ante esta enfermedad.

El estrés y la depresión se vinculan de modo circular: el estrés puede causar depresión en algunas personas con esa predisposición, y la depresión —en particular si no se la trata— causa estrés. Y el ciclo se reinicia.

En esa repetición, el sistema inmunológico detecta un problema, y responde para atacar el estrés y la depresión como si se tratara de una enfermedad de otra naturaleza, por ejemplo una infección. La respuesta inicial, la inflamación, protege contra el estrés; sin embargo, la inflamación crónica lleva tras de sí una lista de problemas. Entre ellos: el aumento de la depresión, según estableció Angelos Halaris, profesor del Departamento de Psiquiatría y Neurociencias del Comportamiento en la Escuela Stritch de Medicina de la Universidad de Loyola en Chicago y autor principal del experimento, quien dialogó con Infobae.

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—¿Por qué el sistema inmunológico reacciona ante la depresión?

—Se trata de un circuito complejo y bidireccional, que en realidad involucra a muchos sistemas cerebrales y periféricos. Entre esos sistemas involucrados están el cerebro en sí y sus complejos neurotransmisores; el sistema inmunológico; el sistema endocrinológico y el sistema nervioso autónomo. El denominador común parece ser el estrés, y a eso se le agrega una susceptibilidad al estrés en algunos individuos vulnerables. El estrés dispara una cascada de eventos que envían señales de alarma al cerebro y al sistema inmunológico, de un modo muy similar al que sucede cuando bacterias o virus invaden el organismo.

—¿Y por qué el ciclo depresión-estrés se vuelve tan difícil de romper?

—Las señales de alarman movilizan sustancias pro-inflamatorias y anti-inflamatorias en el cerebro y la periferia, cuyo objetivo es proteger al organismo contra el daño. Algunas de estas sustancias —en especial, las citocinas— pueden causar déficits en los neurotransmisores, y esos déficits son responsables en buena parte de la depresión y el suicidio. Un fenómeno similar ocurre con el cortisol: inicialmente tiene como propósito proteger, pero si la secreción de cortisol persiste puede ser tóxica para las células cerebrales, en particular aquellas ubicadas en el área del hipocampo. Excepto que se inicie un tratamiento efectivo con rapidez, la depresión se profundiza y como condición no resuelta se vuelve más estresante, y el círculo vicioso recomienza.

Cuando el sistema inmunológico hace daño

El estudio, que se ocupó de ver el papel de un antidepresivo en la posibilidad de romper ese ciclo, comparó a 30 pacientes con depresión grave —de los cuales 20 llegaron al final— con 27 individuos sanos. A lo largo de 12 semanas, los pacientes recibieron escitalopram.

De los 20, el 80 por ciento dijo que los síntomas de la depresión habían cesado parcial o completamente. Pero el objeto de estudio para Halaris fue la respuesta inflamatoria: al comienzo del estudio, los niveles de nueve sustancias que el sistema inmunológico lanza al torrente sanguíneo eran más altos en los pacientes deprimidos que en los sujetos sanos. Y al final del estudio, los pacientes tratados con escitalopram mostraron una baja significativa en dos de esos compuestos, ambos neurotóxicos, es decir, capaces de matar células cerebrales, lo cual puede causar pérdida de memoria y hasta demencia en caso de que no intervenga un tratamiento.

—¿Cómo funciona la emisión de neurotoxinas?

—Algunas de las sustancias que libera el sistema inmunológico son responsables del efecto neurotóxico, aunque de modo indirecto. Algunas de las sustancias pro-inflamatorias que secretan ciertas células cerebrales y ciertas células sanguíneas pueden estimular una enzima crítica, la indolamina dioxigenasa, que hace que el [aminoácido esencial] triptófano deje de participar en la producción de serotonina. La serotonina es un neurotransmisor capital para la regulación del ánimo. Se sabe que la deficiencia de serotonina es en parte responsable de la depresión. Como consecuencia de este desvío del triptófano hacia otra vía metabólica, de la vía de la serotonina a la vía de la quinurenina, se forman metabolitos tóxicos, en especial el ácido quinureico, que causa muerte celular.

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—El escitalopram parece haber conseguido que bajara la concentración de dos neurotoxinas. ¿Qué implica exactamente?

—Lo principal es que el escitalopram, y posiblemente otros antidepresivos similares, además de aliviar la depresión pueden ofrecer un efecto neuroprotector.

El investigador explicó que el escitalopram pertenece a la familia de los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): una clase de antidepresivos diseñada para impedir que la serotonina liberada en el cerebro sea reabsorbida, de manera tal que aumenta su nivel en el cerebro. Son los antidepresivos más recetados en la actualidad: además del escitalopram, existen la fluoxetina, la paroxetina, la sertralina y el citalopram. Halaris espera que nuevos ensayos clínicos prueben si todos los ISRS tienen el mismo impacto neuroprotector.

El estudio refuerza la idea de la complejidad de la depresión, cuya naturaleza se estudia todavía y que no se trata exitosamente en todos los pacientes, ni con determinadas drogas o determinadas terapias. "Esto apoya lo que siempre sospechamos: que la depresión es un cuadro muy heterogéneo, que se debe a diferentes factores en diferentes individuos", dijo el médico.

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