Nadie hubiese intuido que Cambalache, ese tango compuesto por Enrique Discépolo en 1934, narrara valores tan vigentes hoy día en nuestra sociedad, que se trasladan a todos los ámbitos sociales, incluso los organizacionales. El tango nos recuerda que los valores que practicamos están tan relegados que todas las conductas humanas se equiparan sin que exista distinción entre lo que está bien y lo que está mal. "Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor".
Esto también sucede en las organizaciones. Desde una perspectiva ética, en los negocios existen compañías que cuentan con una débil cultura de transparencia, ya sea por desconocimiento o falta de experiencia para abordar la materia. En estos casos, es altamente probable que en situaciones de fraude se genere un efecto contagio entre los empleados por las conductas irregulares o los actos ilícitos que no son descubiertos, o que, una vez descubiertos, no son sancionados, lo que produce más situaciones irregulares y agrava aún más el ambiente ético.
Una pobre cultura de ética genera entre los empleados que no haya diferencia entre cumplir o no con las normas y las políticas
"El que no llora no mama y el que no afana es un gil". Una pobre cultura de ética genera entre los empleados que no haya diferencia entre cumplir o no con las normas y las políticas, ya que ellos tendrán la percepción de que hacer las cosas bien no tiene premio, hacerlas mal no conlleva castigo. Y nadie quiere ser ni parecer un gil.
Frente al análisis de por qué las personas obedecen a la ley, la teoría indica que hay dos clases de individuos: i) los que la cumplen porque analizan los pro y los contras de obedecerla y actúan en consecuencia, es decir, eligen cumplir por temor al castigo y las represalias del no cumplimiento; y ii) los que cumplir voluntariamente la ley, porque consideran que es su obligación moral, independientemente del castigo. La práctica señala que la mayoría de las personas pertenece al primer grupo.
Así las cosas, las compañías no tienen otra alternativa más beneficiosa que fomentar una cultura de ética como mejor herramienta de disuasión de situaciones fraudulentas o irregulares, para que los empleados y los terceros relacionados con las organizaciones evalúen las consecuencias antes de cometer una conducta irregular o un acto ilegal.
Hay una responsabilidad primaria de la alta dirección en establecer los lineamientos éticos que se espera de todos los empleados
Está claro que la cultura ética organizacional no es un bien que se adquiere o alquila, sino que es un intangible creado por todas las personas que son forman de la organización. Sin embargo, hay una responsabilidad primaria y directa de la alta dirección en establecer los lineamientos éticos que se espera que todos los empleados posean en el desarrollo de sus funciones y sus responsabilidades. No sólo con el ejemplo, sino también con herramientas específicas antifraude y de conducta irregular. De esta manera, las empresas contarán con un ambiente de mayor transparencia que en los casos en que los lineamientos queden librados a la interpretación y la conducta de cada uno de los empleados.
Las herramientas específicas con las que las compañías podrían mejorar el ambiente ético incluyen, principalmente, los siguientes elementos: i) políticas éticas; ii) capacitación y concientización sobre el fraude, entendiendo las causas, la naturaleza y las características del fraude; iii) evaluación de riesgos de fraude, considerando sus distintos tipos; iv) revisiones continuas a cargo de la auditoría interna o soportadas por la tecnología, teniendo en cuenta el riesgo de fraude en cada proceso; v) esfuerzos para reducir la oportunidad de que el fraude ocurra y herramientas de disuasión para que los individuos no cometan fraude por la probabilidad de detección y sanción; iv) procedimientos y recursos para investigar y reportar una sospecha de fraude.
Ninguna organización podrá considerarse totalmente resguardada; simplemente estará reduciendo su nivel de exposición al fraude
Ninguno de estos elementos es más importante que otro ni deben ser excluyentes entre sí. Sería como intentar tapar el sol con un dedo. Por ejemplo, las organizaciones que poseen una línea de denuncias para reportar anónimamente situaciones de fraude no la gestionarán de manera efectiva si no cuentan a su vez con procedimientos adecuados para investigar, al punto que podrían viciar el proceso de investigación, anulando evidencias y perdiendo la posibilidad de llegar a una instancia judicial contra los perpetradores. Otra situación podría tener lugar en el caso de que las organizaciones, con una estructura de revisión enfocada en la detección de fraude, no hayan implementado políticas de conducta ética, lo que debilita la posibilidad de encuadrar las excepciones detectadas en un marco normativo —como conflictos de interés entre un empleado y proveedor— y anula la posibilidad de aplicar sanciones.
Contrariamente, cabe aclarar que ninguna organización podrá considerarse resguardada de un evento de fraude incluso si contara con todos estos elementos efectivamente implementados. Simplemente estará reduciendo su nivel de exposición al fraude, los plazos de detección de una situación irregular, las pérdidas económicas, los costos ocultos de fraude asociados, la sensación entre los empleados de que "Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor", entre otros.
Las organizaciones que aspiran a ser protagonistas de sus decisiones (buenas o equivocadas), en vez de ser víctimas de las circunstancias (específicamente de un hecho de fraude), independientemente de su estructura corporativa, industria, tamaño, o controla con algún régimen regulatorio que tímidamente exige alguno de los elementos antifraude, deberán analizar y preguntarse dónde se encuentran, dónde quieren estar, qué cultura ética desean promover y así decidir cuáles de los componentes que integran un plan antifraude efectivo diseñarán e implementarán.
"Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé", nos recuerda también la canción. Además de lo que advierte el tango, las compañías tienen en su posibilidad de acción la oportunidad de separarse de este final y no resignarse, ya que pueden mejorar su cultura de ética y transparencia, porque no es lo mismo estar o no fuera de la ley.
Gerente Forensic Service de KPMG
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