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Descendiente de ranqueles y gobernadores, padre de ocho hijos, amante de la cocina y con una larga carrera política, Adolfo Rodríguez Saá intentará volver al Sillón de Rivadavia que ocupó durante una semana en el agitado diciembre de 2001.

Nació hace 68 años en San Luis. Hijo de un escribano y una maestra, tiene cinco hermanos. "Éramos muy unidos y hacíamos una vida familiar, de muchos amigos y muchos juegos", recuerda sobre su infancia.

Tiene ocho hijos. "Seis más dos", suma de sus dos matrimonios. "Es hermoso", describe la paternidad. Y el tiempo, dice, no es un obstáculo. "Nace el primero y te ocupa todo el corazón. Viene el segundo y a los dos los querés igual. Y viene el tercero, y también cabe en el corazón. Y viene el otro y también cabe. Es increíble", explica.

Le encanta cocinar. Dice que es su "entretenimiento" y que lo hace "casi habitualmente" y "para toda la familia". Aclara: "Es lo mismo cocinar para dos que para ocho". ¿Su secreto? "En el arte de la cocina, para que la comida te salga rica, tenés que hacerla con amor", manifiesta.

Cuando le preguntan cómo es como marido, se ríe. "Debo ser difícil, porque tengo personalidad", contesta. Su actual pareja tiene 40 años y –confiesa– la diferencia de edad puede traerle problemas. "Cuando ya sos grande, tenés una forma de vivir. Y como mi mujer es joven, a veces tiene inquietudes. Entonces, por ahí me dice: 'Che, jugá al fútbol con Francisco'. Y yo no puedo, o mejor dicho, no tengo ganas, no me dan las ganas. Prefiero hacer otras cosas con él. A veces ahí tengo un pequeño roce", reconoce. Pero, rápido, elucida: "Me llevo bien". Su fórmula es casi un cliché: "Uno puede llevar una vida muy feliz si predispone su corazón y su espíritu para que las cosas vayan bien".

Su bisabuela, Feliciana Saá, fue nieta del cacique ranquel Painé. ¿La herencia? "Nosotros por ahí tenemos algo de indomable, de no permitir que se cercene o se achique el espacio de nuestra libertad", piensa.

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Se pone nervioso cuando le preguntan por su primer amor: "Siempre son lindos recuerdos... me pusiste nervioso", le confiesa a Santiago del Moro sin dar más detalles; pero habla tranquilo de su efímero aunque recordado paso por la Casa Rosada. ¿Soñaba con ser presidente? Contesta con una anécdota. "En mi familia ha habido muchos gobernadores de San Luis. Mi abuelo fue gobernador, mi bisabuelo también. Y cuentan que cuando nací vino mi abuela al moisés y dijo 'este va a ser gobernador de San Luis'. Tenía la carga. Así que me preparé siempre. Y afronté la vida pensando en que probablemente tuviera que ser gobernador".

No sólo fue gobernador durante cinco mandatos consecutivos, senador y diputado, sino que dirigió el país en uno de los momentos más delicados de su historia. "Yo me sentía un patriota cumpliendo con mi deber. Trabajé incansablemente siete días y siete noches completas. Creo que dormía una hora. Y cuando llegaba a mi casa, sentía la satisfacción del deber cumplido. Fueron días muy intensos. He tenido días intensos porque siempre goberné con una pasión enorme y con un enorme amor. Pero creo que esos días fueron intensos, difíciles, complicados, llenos de problemas".

Aun así, ese no fue el momento más difícil de su vida personal. El recuerdo más oscuro lo ubica en octubre de 1993, cuando denunció que lo raptaron de un hotel alojamiento, al que había ido con su amante. Y confió que lo obligaron a filmar un video degradante mientras era vejado. "Fue una injusticia, porque lo pintaron como un escándalo sexual. A mí me metieron en un baúl y me secuestraron, pero me juzgaron a mí. Fue un sufrimiento enorme", recuerda. "No afectó mi vida política, sino a mi persona. Dolió enormemente en el cuerpo, en el alma, el espíritu, todo", lamenta.

A sus 58 años, es el mayor de los candidatos. Pero, para él, la edad es una ventaja. Lo define así: "He cosechado una enorme experiencia, que es un valor enorme. En la política no hay un curso universitario para ser estadista, el estadista se va formando y fogueando en la batalla de todos los días".