Luis Sepúlveda: "Hoy hay que resistir a la corrupción"

El exitoso escritor chileno presentó en la 24ª edición del Festival de Biarritz su último libro, "El uzbeko y otras historias clandestinas", donde recopila anécdotas de sus años de militancia en el Chile de Allende. Y advirtió sobre la corrupción en los sectores de izquierda del mundo actual

Guardar
 Agende Photomobile 162
Agende Photomobile 162
 Agende Photomobile 162
Agende Photomobile 162
 Agende Photomobile 162
Agende Photomobile 162

Llegó a Biarritz como una estrella que arrastra multitudes: tanto era el público que hoy viernes quiso asistir al encuentro con el escritor chileno Luis Sepúlveda que, sobre la marcha, las autoridades del Festival de Biarritz Amérique Latine debieron mudar la entrevista pública de la gran sala donde estaba prevista a una sala todavía más grande.


Muchos de los asistentes portaban la última obra del autor, El uzbeko mudo y otras historias clandestinas, publicada este año en Francia por Ediciones Metailié. El libro, aún no editado en español, contiene una serie de relatos basados en anécdotas de la vida real y personal del escritor durante sus jóvenes años de militancia en Chile.


Corría el año 71 y Luis Sepúlveda apenas se había recibido de director teatral en la Escuela de Arte cuando sus compañeros de la Juventud Socialista le informaron que había sido seleccionado para ser parte del GAP, sigla que se traduce como Grupo de Amigos Personales. Ese grupo era nada menos que la escolta del presidente Salvador Allende.


Ahora, a los 66 años, tras una larga trayectoria literaria y éxitos millonarios como el de Un viejo que leía novelas de amor y otros ligados al género policial, Sepúlveda se decidió a pedirles permiso a los pocos compañeros sobrevivientes de aquel período -de los dieciseis miembros del GAP apresados en el Palacio de la Moneda sólo dos se salvaron de la muerte- para poder contar "con amor y humor" algunas de aquellas historias del pasado.


Explica el escritor que El uzbeko mudo lo escuchó de boca de un peruano en una estación de trenes de Ginebra y que el libro lleva el título de ese cuento porque es uno de sus preferidos. De los años de la custodia de Allende, se entretiene relatando a la audiencia la historia del cóndor. "Fidel Castro había venido a visitar a Allende. No veíamos la hora de que se fuera porque hacía dos meses que estaba y nosotros corríamos para todos lados. Finalmente se va y Allende le regala una pareja de pichones cóndores. Éramos cuatro custodios llevando las dos cajas con los cóndores en el techo de un Fiat 125. Un camión se nos cruzó y con la frenada voló la caja donde estaba Santiago, el pichón macho que empezó a pensar que era un cóndor y que podía volar. Lo corrimos dos horas por la ciudad hasta que finalmente cayó en un patio. Cuando dimos con la casa, que era de una familia muy pobre, a Santiago ya lo estaban desplumando para el almuerzo".


Luis Sepúlveda ha sido en Chile, en su exilio y durante toda su vida como periodista y autor, un hombre de combate. Con el cuerpo y con la palabra. "Fuimos personas que estuvimos en la primera persona de fuego, fuimos combatientes, pero no hay que hacer de esto un mito -señala Sepúlveda-. Era la época la que lo exigía, el tiempo lo exigía".


Cuarenta años después, el panorama sociopolítico es otro. En tanto los años 70 se han transformado en recuerdos revividos en El uzbeko mudo y otras historias clandestinas, el siglo XXI presenta desafíos bien distintos. "El mundo ha cambiado evidentemente -reflexiona Sepúlveda-. Hoy vemos la necesidad de resistir a los nuevos mecanismos de dominación. Tal vez esto es muy duro pero creo que contra lo que más hay que resistir hoy en día es contra algo que está en nuestras propias filas y se llama corrupción. En el caso de los chilenos, las personas de izquierda nos estamos enfrentando a una corrupción terrible dentro de nuestra propia gente. Es muy amargo de decir pero no es nada nuevo y no pasa solamente en Chile. En Francia, un alcalde que había sido primero trotskista, después progresista y ahora como funcionario va con gendarmes armados llamando a las puertas de los inmigrantes para decirles que no son bienvenidos en su ciudad. Hoy hay corrupción económica y hay corrupción moral. Hay que resistirse, el resistir es una actitud vital y es una resistencia que no puede tener descanso. Me encantaría vivir en un mundo donde uno pudiera dedicarse solamente a la ficción pero, caray, la realidad está ahí y es terriblemente injusta".