Durante décadas la comunidad médica de Estados Unidos ha tratado a las adicciones como una enfermedad crónica del cerebro. De hecho, el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de ese país caracteriza a los adictos como "solicitantes y usuarios compulsivos de estas sustancias que continúan tomando drogas a pesar de las consecuencias perjudiciales y no deseadas", dicen, "porque las drogas cambian al cerebro; cambian su estructura y cómo funciona".
El neurocientífico Marc Lewis –quizás el más famoso por detallar sus años de adicción y abuso de drogas en su libro Memoirs of an Addicted Brain ("Memorias de un cerebro adicto")–, refuta enérgicamente este modelo de enfermedad convencional. En su último trabajo publicado "The Biology of Desire: Why adiction is not a disease" ("La biología del deseo: por qué las adicciones no son una enfermedad"), sostiene que no sólo es incorrecto el término, sino también perjudicial. Es más, asegura que la adicción es un problema de comportamiento que requiere fuerza de voluntad y motivación para cambiar.
La teoría de Lewis ha dividido a la medicina y a los que sufren adicciones. Si bien fue elogiado por desafiar el modelo, otros han considerado sus ideas como "peligrosas" y a él mismo como "extremista", tal como hizo el sitio Washington Post.
"Cuando empecé a pensar sobre la adicción en mi primer libro era más o menos descriptivo. 'Esto es lo que le sucede al cerebro cuando uno se convierte en adicto'. Pero luego, quise explicar la adicción. Uno crece en la adicción. Se lleva a cabo en una secuencia o una progresión a través de la repetición, la exposición y acciones repetidas y a través de la práctica", asegura Lewis a The Guardian Australia.
El neurocientífico señala que muchas personas le escribieron pidiéndole que no "les quitara la posibilidad de llamarse a sí mismos enfermos, porque solo así podrían mejorar". Sin embargo, no comparte la postura: " Es un argumento muy extraño. Existe la idea de que la etiqueta de adicción es la única cosa que va a salvarlos y que dejen de ser culpados y denigrados como adictos por la sociedad. Ellos sienten que si se trata de una enfermedad no tienen que sentir la carga o la vergüenza porque no es su culpa. Es difícil tirar de la alfombra sin causar algún malestar", dice.
El neurocientífico, prefiere definirlo entonces como un trastorno. Es que advierte que cuando se está dentro de la compulsión, hay un proceso que no es saludable y requiere una cierta cantidad de trabajo cognitivo y emocional y probablemente terapéutico para salir.
"La adicción incluye una fuerte propiedad compulsiva, así que cuando la gente ha sido adicta a algo durante algún periodo de tiempo, el proceso psicológico convierte el impulso en compulsión. Y eso implica también, en parte, que hay cambios cerebrales. Así que hay algo que lo hace difícil de detener por muy buenas razones neurológicas. ¿Por eso quieren llamar la adicción una enfermedad?".
Por qué no llamarlo enfermedad
Lewis señala que hay toda una campaña detrás del término que sirve porque es funcional contra el empoderamiento de las personas. Si se tiene una enfermedad, se es un paciente. Entonces corresponde acatar las instrucciones del médico. "Cuando una persona llega a rehabilitación se pone en las manos de alguien más. Pero la mejor manera de combatir la adicción es mediante el establecimiento de diferentes metas propias, como: 'Yo quiero esto en mi vida, no eso, quiero cambiar'. Ese tipo de cambio de la autoperspectiva y el autodesarrollo de metas futuras es fundamental".
"La adicción tiene un aspecto médico pero no lo es"
Según su teoría, el rol de los profesionales de la salud debería ser el de participar como ayudantes, en particular con las drogas que producen sistemas de abstinencia. "Así que los médicos deben ayudar a las personas con los problemas asociados con la adicción, pero la adicción en sí no es una afección médica".
¿Qué decirle a un adicto? "Hay muchas maneras diferentes para que la gente deje su hábito y es importante pensar en que ese hábito viene de los factores sociales".
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