Cristina, la FAO y el relato kirchnerista

Un reconocimiento por la performance argentina en la lucha contra el hambre durante los últimos 25 años se transformó, para los voceros del Gobierno, en un "premio" para la Presidente

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 Télam 162
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Por una fenomenal pirueta del discurso, acompañada de una puesta en escena a escala internacional, los argentinos estamos convencidos de que la FAO "premió" a la Presidenta por sus logros en materia de lucha contra la pobreza. Por cierto, nos enojamos con el dislate, repetimos que la culpa la tiene el Indec, que da estadísticas falsas. Mientras tanto, los kirchneristas se ríen de la travesura, y la repiten hasta el hartazgo, justamente para indignarnos. Se divierten con eso.

El "premio" de la FAO es un interesante caso para analizar cómo opera el relato kirchnerista. El 7 de junio, un cable de la agencia Télam anunció que Cristina Fernández de Kirchner aprovecharía su paso por Roma donde fue a visitar al papa Francisco para recibir un premio que le otorgaría la FAO, "en reconocimiento a los progresos notables y extraordinarios del país en la lucha contra el hambre". No fue claro para explicar que Argentina era uno de los 72 países que recibirían ese "reconocimiento", y no "premio", como se empecinaron en repetir los voceros oficiales a los periodistas de todos los medios, ni tampoco que se analizó nuestra perfomance desde la década del 90, o sea, un período de 25 años.

Tampoco se puso hincapié en el contexto de la información, que el reconocimiento a los 72 países fue para dar por terminado el seguimiento de los Objetivos del Milenio (ODM), un programa de lucha contra la pobreza extrema, que tenía la reducción de la desnutrición como indicador central. El objetivo era no superar el 5% de población con hambre en un período de 25 años, y entre 184 países, 72 lo lograron.

"Va a ser distinguida la Argentina. Y como soy presidenta alguien tiene que recibirlo, y me citan a mí", dijo Cristina al hablar brevemente con los periodistas argentinos en el lobby del hotel, mientras defendía los planes sociales del Gobierno. La sobreactuación de un "premio" que nadie otorgó ni obtuvo, y el discurso de Cristina ante los miembros de la FAO, que mayoritariamente no entienden el idioma español en el que habló (tampoco les interesaba demasiado escucharlo), donde dijo que en la Argentina la pobreza era del 4,7%, hicieron su trabajo.

En efecto, la Presidenta habló de "políticas muy fuertes, muy activas, que nos han permitido hoy tener un índice de pobreza por debajo del 5% y de indigencia del 1,27%, si mal no recuerdo, y convertirnos en uno de los países más igualitarios". Ambas cifras, 4,7& de pobreza y 1,27% de indigencia, dichas en el marco de la FAO, parecían legitimar ese porcentaje desopilante, por decir lo menos, absolutamente falso, para ser preciso.

Pero Cristina no puede hablar seriamente del porcentaje de pobres ni de indigentes, por una razón elemental: desde abril de 2013 se dejó de publicar esa información, un bochorno que ella considera más digerible que seguir calculando la pobreza con una Canasta Básica de Alimentos (CBA) de 26 pesos por día, como venían haciendo, lo que permitía afirmar que en Jujuy no había pobres, por ejemplo.

Este es un gobierno de características orwellianas. No es la realidad lo que importa, sino que la mentira se repita hasta el hartazgo, por todos los medios y voceros posibles, como lo hace la propia Presidenta, aun frente a la evidencia. El raro no es el que miente, sino el que se atiene a la verdad, y la expone en público. Ese es el momento en el que, además, se transforma en enemigo.

En la novela 1984 de George Orwell, la policía del Pensamiento y de la Neolengua transforma el habla, convencida de que lo que no se hablaba, no podía ser pensado. En esa Londres del futuro, los que piensan distinto no tienen espacio, porque la burocracia del aparato estatal exige fidelidad y adhesión a la causa nacional, mientras organiza manifestaciones donde los ciudadanos gritan consignas contra los traidores, que son sometidos a los vejámenes más espantosos. Mientras, Winston Smith, desde el Ministerio de la Verdad, se dedica a reescribir la historia.

Agobiado por el peso del aparato de comunicación kirchnerista, el director de cine Pablo Racioppi ayer posteó en su blog la experiencia que vivió en el Bajo porteño, asombrado por la capacidad del Gobierno por generar eventos comunicacionales "paralelos y simultáneos a los hechos más aberrantes de la política", como el apartamiento del juez Claudio Bonadio de la causa Hotesur, a seis meses del asesinato del fiscal Alberto Nisman, y cuando se recordaba el 21 aniversario del atentado a la AMIA. Listó los siguientes "cotillones" simultáneos solo en la tarde de ayer:

  • Concierto en el Centro Cultural Néstor Kirchner.
  • Invitados estratégicamente ubicados en salón principal.
  • Transmisión en vivo a todo el país.
  • Móvil de la Televisión "Pública" que lleva el nombre Néstor Kirchner.
  • Transmisión simultánea del documental sobre la construcción del Centro Cultural Néstor Kirchner.
  • Relator oficial perseguido por la corpo.
  • Afiches en respaldo al relator oficial.
  • Afiches promocionando el libro Bajo un cielo de estrellas peronistas, con dibujos del pintor peronista Daniel Santoro.

Dice Racioppi: "mañana será otro diseño de puesta, otra batería de artificios y cotillones que comunican por varios carriles a la vez y pasado mañana otro y después de pasado mañana, otro. Han aprendido a utilizar la indignación que generan como distracción. La han vuelto improductiva y funcional. La indignación los fortalece".

Por lo visto, no es mucho lo que podemos hacer frente a esa maquinaria de recursos infinitos que despliega el Gobierno para construir y sostener su relato, un instrumento del que están orgullosos, porque reconocen que "las sociedades siempre necesitan construir un relato", tal como lo declaró Javier Grosman, director de la Unidad del Bicentenario, y responsable de las más importantes puestas en escenas kirchneristas, a quien no le parece mal que esa tarea se realice desde la cúpula del poder, y con resonancias fascistas, y no desde abajo, en libertad, desde el pueblo.