EFE 162
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"Cuando uno fracasa como jugador de fútbol, el plan alternativo para pelear un lugar en el fútbol profesional es como entrenador, aún sabiendo las dificultades de no ser un personaje futbolístico conocido. Más allá de la pasión que uno tenía, hacía que eso potenciara la posibilidad. Era luchar y empezar a estudiar, a ver, a analizar, a estar en Renato Cesarini un tiempo, en las inferiores de Newell's cerca de la gente, a seguir el proceso de Bielsa en el 90 completo, involucrarme en esa filosofía que tanto me gustaba y pasar por Europa y ver y tratar de encontrar el lugarcito..." (Jorge Sampaoli en Simplemente Fútbol, marzo de 2014)

Jorge Sampaoli soñó el sueño de casi todos cuando chico: quería ser futbolista y fue detrás de esa ilusión. Nacido en Casilda, Santa Fe, el 13 de marzo de 1960, el zurdo fue descubierto por uno de los cazatalentos argentinos más conocidos, Luis Lutman, y a los 17 ya era parte del plantel estable de las inferiores de Newell's. "Era un chico extremadamente intenso y muy inteligente, sabía leer muy bien los partidos", recordó alguna vez su descubridor.

Su proyección como jugador tuvo varios obstáculos. Debía, en paralelo con las prácticas, trabajar para ayudar a su familia. Con este fin y para poder seguir formándose como futbolista, se desempeñaba como cajero en el Banco Provincia hasta que de repente todo (o casi) terminó: a los 19, una lesión de tibia y peroné de la que jamás pudo recuperarse en términos del profesionalismo, marcó el final.

Desde entonces, como no podía jugar al fútbol, decidió pensarlo y su carrera como entrenador se inició en clubes de la zona. En 1987 dejó su marca en el Club Atlético Alumni de Santa Fe, donde llevó a cabo una pequeña revolución. Su obsesión por la táctica ya se dejaba ver y apenas llegó les pidió a los dirigentes sogas, conos y decenas de pelotas. Algo hasta entonces nunca visto en ese lugar.

En 1998, a sus 38, el Banco Provincia de Santa Fe fue privatizado y a los empleados les ofrecieron, o bien un retiro voluntario suculenta suma mediante, o continuar trabajando en otros ámbitos del Estado. Sampaoli optó por la segunda opción y fue trasladado unos 300 kilómetros, desde Casilda a Los Molinos, para trabajar en el Registro Civil de esa localidad.

Trabajó muchos años en clubes menores de su provincia hasta que surgió una oportunidad de dirigir en Perú. Fue en 2001, cuando tenía 41 años y ya se había convencido de que el anonimato de su nombre pesaba más que lo que sabía de fútbol y era suficiente para no ser considerado por los clubes del primer plano nacional. "La pasión que siento por el fútbol me llevó a irme de mi país porque sabía que los condicionantes para dirigir en primera división eran muy complejos por el estilo y la característica de los dirigentes del fútbol argentino, era muy difícil entrar".

 AFP 162
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Un amigo suyo lo contactó con el entonces presidente de Juan Aurich, Juan José Salazar, y allí comenzó Sampaoli a desplegar todos sus conocimientos en la escala más grande a la que había podido llegar. Apenas si el club tenía para comprar pelotas, le pagaba mil dólares y duró ocho partidos. ¿Por eso? No, porque tras un solo triunfo en ese lapso la familia propietaria de la institución destituyó a Salazar y el entrenador se fue con él. "La primera ilusión fue un fracaso", dijo de aquella experiencia.

La decepción, sin embargo, duró poco. El trabajo realizado en apenas ocho partidos fue tan importante para los jugadores que ellos mismos lo recomendaron a Sport Boys y una huelga de jugadores le impidió clasificarse a la Copa Libertadores. Ante esta protesta, el técnico, que había ganado 49 de los 59 partidos que dirigió, decidió poner juveniles pero luego la Federación Peruana de Fútbol anuló los partidos que no contaron con profesionales.

En 2005 dirigió en Perú al club Bolognesi que de su mano jugó, en 2006, la primera Copa Sudamericana de su historia. Su nombre, con excepción de la Argentina, comenzaba a ser reconocido en el resto de Sudamérica y en 2007 fue contratado por Sporting Cristal, uno de los grandes del país andino. No le fue bien allí porque no tuvo respaldo de la dirigencia para contratar jugadores que se adaptaran a su estilo y se fue tras un puñado de encuentros.

Entonces desembarcó en Chile. Fue O'Higgins su primer club y llegó a terminar tercero en un torneo hasta que una racha de malos resultados lo expulsó de su cargo tras dos años (2008-2009). Sampaoli no se dio por vencido y en 2010 aceptó la oferta de Emelec de Ecuador, donde por primera vez conoció el sabor del éxito. Fue campeón de la Copa del Pacífico 2010, jugó la Copa Sudamericana 2010 y la Libertadores 2011. Tal fue el reverdecer de los "millonarios" que en junio de 2010 fueron considerados como el mejor equipo del mundo de ese mes.

Su próximo paso fue en otro grande del continente: la Universidad Católica de Chile donde ganó los títulos locales de 2011 y 2012, además de la Copa Sudamericana 2011 tras un 4-0 global a la Liga de Quito entonces dirigida por Edgardo Bauza. La figura de aquel equipo fue Eduardo Vargas, goleador junto al peruano Paolo Guerrero de la Copa América 2015 que consagró al DT.

Un año después de aquel título en la Copa Sudamericana, el 3 de diciembre de 2012, fue oficializado como director técnico de Chile. Su misión fue profundizar la filosofía futbolística de su álter ego cuando empezó con el sueño de jugar al fútbol: Marcelo Bielsa. El objetivo era mantener el estilo y fijar los conceptos del "Loco".

Así los trasandinos se clasificaron al Mundial Brasil 2014, cita en la que fue eliminado en octavos de final. Antes, claro, había dado uno de los grandes golpes: en la segunda fecha de la fase de grupos le ganó 2-0 a España y eliminó de la Copa del Mundo a los entonces vigentes campeones.

La siguiente cita grande tocó en casa. La Copa América Chile 2015 ocurrió en el lugar, momento y contexto indicados. En Santiago, con la mejor generación de futbolistas de la historia y con Argentina en la final. El desenlace es reciente. Chile campeón de un cita de marquesina por primera vez en su historia de la mano de Jorge Sampaoli.

En una biografía autorizada recientemente publicada por librofutbol.com y escrita por Pablo Paván titulada "No escucho y sigo", el entrenador que festejó el título de Copa América en una pizzería de Santiago junto a su cuerpo técnico, recuerda: "Es verdad que no nadé contra la corriente y que, en definitiva, me sobrepuse a un montón de dificultades, pero pude hacerlo porque en momentos claves, gané y como gané, con mis formas y mi estilo, convencí a los que descreían de mí".