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Helena Villagra fue mucho más que la esposa de Eduardo Galeano. Fue su inspiración, la última de las tres mujeres que penetraron en su intimidad y formaron parte de su vida. Fue su musa y partícipe directa de sus obras. Con ella, el escritor uruguayo encontró lo que –en algunas entrevistas- reconoció no hallar en él: una soñadora. "Helena me humilla cada mañana, a la hora del desayuno, contándome sus sueños prodigiosos", relató el autor en el prólogo de su libro Los sueños de Helena.

"Ella entra en la noche como en un cine, y cada noche un nuevo sueño la espera. Mientras ella cuenta, yo bebo mi café en silencio. Más me vale callar. Los pocos sueños míos que consigo recordar son de una bochornosa estupidez. Para vengarme, escribo los sueños que ella vuela. Aquí están, reunidos, fugitivos de las páginas de mis libros que ellos, los sueños, han mejorado tanto. Las obras de Isidro los acompañan, de la mejor manera", confesó en lo que sería luego la obra que reúne todo lo que fue compilando en el trascurso de sus días con ella.

Fueron varias las veces que el escritor desestimó sus sueños. El creía que eran de "una mediocridad inconfesable", por lo que prefería zambullirse en los de su esposa. "Los que más se repiten son los más estúpidos, pierdo un avión, discuto con un burócrata, cosas así. ¿Qué feo, no? Me consuelo recordando aquellos versos de Pedro Salinas que dicen que los sueños son verdaderos sueños cuando se desensueñan, y en materia mortal encarnan", declaró en una entrevista con la BBC.

Viajes, exilios, amigos y reencuentros son parte de ese viaje de aventuras que el autor emprende en esa obra ilustrada, de pluma admirable y gran sabiduría. "Durmiendo, nos vio. Helena soñó que hacíamos fila en un aeropuerto igual a todos los aeropuertos y estábamos obligados a pasar a través de una máquina nuestras almohadas. En cada almohada, la almohada de anoche, la máquina leía los sueños. Era una máquina detectora de sueños peligrosos para el orden público", escribió el autor.

Galeano nació en Montevideo en 1940, donde comenzó como periodista y publicó su primer libro. En 1973 se exilió en la Argentina y luego, en la costa catalana. Doce años después, regresó a Montevideo, donde falleció hoy de cáncer de pulmón. En dos ocasiones fue premiado por la Casa de las Américas y por el Ministerio de Cultura del Uruguay. Recibió el American Book Award de la Universidad de Washington por su trilogía Memorias del fuego, y los premios italianos Mare Nostrum y Pellegrino Artusi, por el conjunto de su obra. Fue el primer escritor galardonado con el premio Aloa y también inauguró el Cultural Freedom Prize, otorgado por la Fundación Lannam, y el Premio a la Comunicación Solidaria, de la ciudad española de Córdoba. En 2008, los países miembros del Mercosur lo declararon "primer ciudadano ilustre".