Homenaje ilustrado al diseñador de moda Alexander Mc Queen

A más de cuatro años de su muerte, el libro Alexander McQueen: Working Process repasa su última colección en 2009. Desde el panel de inspiraciones, la elección de tejidos y el casting de modelos, hasta el aplauso final en París, nada escapó al ojo del fotógrafo Nick Waplington

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 Nick Waplington / Mustique
Nick Waplington / Mustique 162

Música electrohouse a todo volumen y fondo negro, interrumpido solo por los flashes ansiosos. De repente, sale a escena una modelo que, más que modelo, parece una drag queen por sus labios desbordantes de color. Hay un guiño al New Look de Dior y después habrá más a los clásicos trajes de tejido de Chanel, entre otros. Negro, rojo, pied de poule. Botas infinitas con plataformas, tocados extravagantes y volúmenes impensados. Evidente el tono humorístico y crítico, que siempre empleó el diseñador Lee Alexander McQueen con su inigualable teatralidad.

Fue él quien convirtió los desfiles en performances. Fue él, un inglés con ancestros escoceses, hijo de un taxista y una maestra, quien irrumpió con rebeldía en la elitista semana de la moda parisina. Introdujo temas como la violencia y la esclavitud en un ámbito al que siempre se tildó de superficial. Aunque algunas veces podía resultar algo perturbador, sus shows dejaban a los espectadores con una sensación extraña a la hora de captar el mensaje que él intentaba transmitir. La colección otoño-invierno que presentó en 2009 no fue la excepción.

Isabella Blow, reconocida editora inglesa, detectó esta habilidad (o necesidad) tempranamente. El despliegue inicial fue, quizás, mérito de ella, quien lo descubrió en el desfile de graduación de Central Saint Martins, semillero de grandes como John Galliano y Paul Smith. El talento para sostener lo que seguiría, estaba. Juntos formaron una dupla indisoluble en la que los roles de mentor y musa se desdibujaban en amistad. La prolífica carrera de Alexander (nombre que Isabella sugirió que utilice) le valió cuatro veces el British Designer of the Year Award y el fichaje por parte de la casa Givenchy.

Al mando del equipo de diseño de esta firma, presentó su primera colección de alta costura que fue una revolución en sí misma. Los críticos más ortodoxos no tardaron en escandalizarse. Pero tuvo una segunda oportunidad y logró reivindicarse, como un ave Fénix. Con sus propias alas logró también establecer su marca homónima que, más tarde, Gucci Group anexó a su conglomerado.

En octubre de 2009, su sitio web colapsó por los miles y miles de espectadores que intentaban seguir en vivo su desfile. Ese día la prensa entró en trance. Lo ovacionaron. Meses después, su madre, su fan número uno siempre en primera fila, murió. Fue devastador para él. A eso se le sumó el fallecimiento de Isabella Blow. Las dos mujeres más importantes en su vida ya no estaban. Pese a los honores y elogios que de su vida profesional, no pudo superarlo y decidió poner fin a su dolor. Sarah Burton, su asistente fiel, defiende aún su legado como cara visible de la firma ya sin firma.

Aquel desfile fue uno de los últimos. Las modelos recorren la pasarela en cámara lenta. Los críticos citan los diseños. Los estudiantes repasan cada vestido. Y su saludo final se inmortaliza en las páginas de un libro que él mismo creó junto con su amigo Nick Waplington, el fotógrafo a quien encomendó la tarea de registrar paso a paso esa colección casi retrospectiva, hoy histórica.