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La presidente Cristina Kirchner se dirige hacia China y horas antes de llegar al gigante asiático decidió destacar la figura Mao Tse Tung, al que definió como un líder que llevó a su país a la grandeza.

"En 1949, Mao, 'El Gran Timonel', dirigiendo a un gran pueblo, llegaba al final de la larga Marcha de la Revolución y empezaba otra: Convertir a un país milenario, con demografía geométrica y pobreza inenarrable en lo que es hoy, la mayor economía mundial. Producto de la construcción de un modelo propio de crecimiento y desarrollo", resumió la jefa de Estado al llegar a Marruecos, escala previa a su destino final.

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Sin embargo la mandataria omitió recordar algunos datos relevantes de la historia de Mao, un revolucionario inspirador de guerrillas que, aunque se hayan hecho grandes esfuerzos por lavar su imagen, se convirtió en el mayor asesino del Siglo XX.

Nació en Pekín el 26 de diciembre de 1893 y murió en la misma ciudad el 9 de septiembre de 1976. En sus 82 años de vida llegó a convertirse en el máximo dirigente del Partido Comunista de China (PCCh) y de la República Popular China, a la que condujo con mano de hierro.

Su ferocidad se refleja en una estadística escalofriante: fue responsable del asesinato de más de 70 millones de personas. El "Gran Timonel" provocó más muertes que Hitler (22 millones entre 1933 y 1945), Stalin (21,5 millones entre 1929 y 1953) o Pol Pot (unos dos millones entre 1975 y 1979).

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Los libros de texto chino maquillaron su imagen: instalaron en el inconsciente colectivo que fue un héroe idealista que se sacrificó por su pueblo. Un buen ejemplo de esa influencia lo dio el dibujante Li Kunwu, quien, en el álbum 'Una vida en China' rememoró su adolescencia bajo el mando de El Gran Timonel.

El diario El País publicó el siguiente fragmento que da una idea de la manipulación que sufría el pueblo chino : "No era más que un bebé pero su padre se empeñó. Se asomó a la cuna y le pidió que emitiera sus primeros balbuceos. Y no quería oír "papá" ni "mamá". 'Para empezar, di: presidente Mao'. El pequeño, no hizo más que repetir "Ma-ma" y "Pa-pa". Pero a su progenitor no le hizo ninguna gracia que su retoño no supiera articular el nombre del insigne líder comunista y montó en cólera. "¡No te pido que digas papá, sino presidente Mao, idiota!".

"Es ese lavado de cerebro el que impide que conozcan la verdad", señaló la escritora Jung Chan. "Mao fue el único millonario en la China que el mismo creó", apuntó la autora de "Mao: la historia desconocida", una obra que, por supuesto, no está disponible hoy en China. El dictador amasó una verdadera una fortuna con los derechos de autor de los libros que publicó mientras estaba en el poder.

La investigación de Chan deja en evidencia las responsabilidades de Mao en el padecer de millones de chinos. No sólo lo sufrieron sus víctimas directas, sino que sus dirigidos también sintieron el rigor de su forma de gobernar.

En su legajo se destacan la "Gran Revolución Cultural proletaria" que impulsó para eliminar todos los residuos de la "cultura burguesa", con el objetivo impulsar el desarrollo marxista. Y el denominado "Gran Salto Adelante", una campaña de medidas económicas, sociales y políticas que pretendieron transformar la economía agraria China en una sociedad comunista. El resultado fue la Gran Hambruna China que -según estimaciones- provocó la muerte de más de 20 millones de personas.

La propaganda oficial lo convirtió en una divinidad, al punto que las sentencias que publicó en su Libro Rojo fueron utilizadas para adoctrinar a millones de niños. "El pensamiento de Mao Zedong es la alegría de la revolución, ¡el que se opone a él, ése es nuestro enemigo!", eran obligados a repetir de manera casi obsesiva. Esos mismos chicos crecieron y lo transmitieron de generación en generación.

El resultado de ese trabajo a largo plazo se ve todavía hoy: su imagen es venerada en China. Y sus sentencias se convirtieron en una guía espiritual incluso de la izquierda en países occidentales.