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Francisco Orrego Vicuña

fue una figura clave en el conflicto que mantuvo a la

y a

Chile

al borde de una guerra durante

1978 y 1979

, en el llamado "

Conflicto del Beagle

", un litigio limítrofe que tuvo en vilo a ambos países latinoamericanos y que consistía en la disputa por la traza oriental del canal que lleva ese nombre y cuya islas fueron motivo de discusión durante gran parte del siglo pasado.


El próximo 29 de noviembre se cumplirán 30 años desde la firma del Tratado de Paz y Amistad entre ambos países en Ciudad del Vaticano. De aquel acto protocolar participaron los cancilleres de ambos países, Dante Caputo (Argentina) y Jaime Del Valle (Chile).


Orrego Vicuña participó de la delegación mediadora chilena durante los años más duros del conflicto y en momentos en que el Papa Juan Pablo II ya había sido elegido como el mediadior entre ambas naciones en conflicto. Según el diplomático hubo dos etapas fundamentales en el delicado asunto territorial. "Por un lado las negociaciones directas en 1978, tratando de buscar un entendimiento bilateral; pero cuando ello no fue posible se pasó a la etapa de la mediación papal en 1979", contó en diálogo con Radio Cooperativa de Santiago.

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Francisco Orrego Vicuña, miembro de la delegación mediadora chilena durante el conflicto por el Canal de Beagle.

"Durante la etapa de negociaciones directas de 1978 se había intentado acercarse en todos los planos posibles. Pero había tesis e intereses nacionales incompatibles. El riesgo de la guerra aumentaba día a día", recordó el jurista y académico y aclara que por tal motivo "cuando comienza la mediación (papal) se parte de una base débil".

Orrego Vicuña, quien pasaba largas semanas instalado en Buenos Aires para reunirse con su parte argentina, dio su impresión de la dictadura que gobernaba: "Argentina en esa época (tenía) una Junta Militar que era muy agresiva y a la vez muy desorganizada porque nadie sabía quién decidía qué, lo cual era muy peligroso. El hecho es que reiteradas veces recurrieron a la amenaza del uso de la fuerza y lo hicieron en varios contextos a lo largo de 1978", explicó y ejemplificó con el hecho de que la Argentina no aceptaba una instancia en la Corte Internacional de La Haya. "Cuando Chile intentó ir a la Corte Internacional de Justicia -si la mediación papal fracasaba- Argentina lo tomó como un casus belis, es decir un caso para desencadenar la guerra".

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Para el académico chileno la situación de inminente guerra prosiguió "hasta que Su Santidad Juan Pablo II logró el acercamiento de posiciones". También explicó el contexto en que se desarrollaba la intervención del Papa y la importancia que tuvo la figura de su Secretario de Estado no sólo para este caso puntual, sino para el resto de la política internacional. "Juan Pablo II era una persona de un carisma extraordinario y su secretario de Estado era el hombre más decisivo en la política internacional del Siglo XX, Monseñor Agostino Casaroli". Orrego Vicuña recordó el papel de Casaroli en la caída del régimen comunista en Polonia, lo que provocó un efecto dominó en Europa del Este, con el consiguiente derrumbe del,Muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética.

Las consecuencias de un conflicto armado entre estos dos países vecinos, según el diplomático, no se hubiera acotado únicamente a una acción bélica en el sur del Atlántico, sino que hubiera tenido consecuencias continentales. "No hubiera sido sólo una guerra entre Chile y Argentina, hubiera tenido un efecto dominó", remarcó.

También recordó que hubo otros "mediadores" que se ofrecieron en calidad de "voluntarios", entre ellos el Rey Juan Carlos de España, el norteamericano Henry Kissinger, el presidente francés Valery Giscard d'Estaing. Sin embargo, todas ellas tenían un destino de fracaso. "No tenían la posibilidad de influir ni conciliar dos posiciones irreconciliables".

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"Estuvimos muy cerca de la guerra. Fue una situación de crecimiento continuo. En diciembre de 1978 era absolutamente cierto de que se iba a producir una intervención militar", rememora el académico chileno y prosigue: "Las mejores crónicas, las que son más completas y bien documentadas indican que la Argentina decidió lanzar la invasión de las islas en disputa, pero resulta que esa noche en que se debían movilizar las tropas argentinas, hubo una tormenta inusual, gigante en el Atlántico Sur y paralizó el movimiento de las flotas".

Como si se tratara de una influencia sobrenatural, "ese fue el preciso instante en que se manifiesta formalmente la intevención del Papa como 'buenos oficios', esa fue la primera expresión pública de que había que hacer algo".

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"La tormenta influyó en el momento puntual, pero hay uno (factor) que me atrevería a decir que es de más de fondo. En la Argentina había una división, entre el gobierno y algunas partes del gobierno que estaban en una política belicista, pero la opinión pública mayoritaria argentina civil estaba en contra de la guerra", consideró Orrego Vicuña y culminó: "La gente en las calles de Buenos Aires me decía que no cediéramos en la paz. Y todo con la influencia de la Iglesia Católica, quizás más poderosa que en Chile".

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En la actualidad Orrego Vicuña se dedica tiempo completo a la vida académica.