Mascherano, el capitán sin cinta que empujó a todos a la gloria

Se lo trató de ligar a la palabra fracaso, por los sinsabores que tuvo con esta camiseta que tanto ama; sin embargo, el volante nunca bajó los brazos y a fuerza de sacrificio "dejó de comer mierda" para quedarse con la Copa que tanto añoraba. Desde que comenzó la era Sabella no lleva el brazalete en su brazo, pero dentro de la cancha, es el verdadero "Jefe"

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Un 8 de junio de 1984, en Santa Fe, nació un niño que fue llamado a ser héroe. Si bien sufrió muchísimas decepciones y diversos golpes en su camino, hoy, luego de tanto buscarlo, Javier Mascherano se ganó el mote de 'prócer'.

La camiseta de la Selección y este futbolista sintieron un amor a primera vista. Su andar comenzó de chiquito, con las juveniles. Allí empezó a ganarse un nombre y la consideración de varios, sobre todo la de Marcelo Bielsa. El "Loco" lo tuvo como sparring en el Mundial de Corea-Japón. Ese muchacho de 19 años lo encandiló, por su personalidad y juego. Meses más tarde, en un amistoso ante Uruguay, el director técnico sorprendió a todos y tiró al mediocampista dentro de la cancha. Lo llamativo no fue por dudar de sus cualidades, sino porque debutó primero con la camiseta "albiceleste" que con la de River.

Luego, fueron los turnos de Pekerman y Basile y ambos tuvieron siempre como pieza casi inamovible al mediocampista. Pero el gran salto fue con Diego Armando Maradona, en 2008. El astro decidió, con una frase muy a su estilo, darle el brazalete de capitán. "Mascherano más 10", fueron las palabras que utilizó para su decisión, la misma que hoy en día mantiene y reafirma.


Mientras su figura seguía creciendo dentro del ambiente del fútbol (jugó en Corinthians, West Ham, Liverpool y Barcelona –su actual club-) y en el plantel nacional, parte de la prensa y la gente comenzó, de manera injusta, a asociarlo con la palabra fracaso. Si bien ganó dos medallas de oro (Atenas 2004 y Beijín 2008), las frustraciones por las Finales perdidas en las Copas Américas y las prontas eliminaciones en los Mundiales lo dejaron en el ojo de la tormenta.

Luego, fue el turno de Alejandro Sabella, quien decidió dar un golpe de timón. Como primera medida, viajó a Barcelona y se reunió con Lionel Messi y el propio Mascherano. Les comunicó que ahora el brazalete pertenecerá a la "Pulga". Esta decisión podría haber caído mal en cualquier otro, menos en él: el volante entendió que había que potenciar los ánimos del mejor del mundo y que eso, igualmente, no le quitaría su 'peso' en el vestuario nacional.

Llegó el turno de la revancha. El "Jefecito" arribó a tierras brasileñas mirado de reojo por algunos, ya que hacía años que no jugaba de volante central y su nivel con los "culés" no era el mejor. Igualmente, esto lo agrandó, como tantas otras veces.

Su rendimiento fue creciendo con el correr de los días y ante cada dificultad que se asomaba, él volvió a mostrar toda su garra y corazón. Ya no tenía la cinta en su brazo, pero eso no le impidió ser la voz de mando dentro de la cancha, ordenar a sus compañeros, discutir con los árbitros o enfrentar a sus gigantes adversarios.

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El punto de inflexión –seguramente para toda la vida-, fue Holanda. En Semifinales, el nacido en River futbolísticamente terminó de ganarse el consenso general en un cruce fabuloso ante Arjen Robben que valió el partido y le provocó que se abriera el ano, literalmente.

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Esto poco le importó y sacó a relucir todo su amor propio y sus ganas de dejar de "comer mierda", como le dijo a sus compañeros antes de los Cuartos. Sus compañeros, al verlo correr en una pierna, agigantaron aún más las ansias de hacer historia. Un claro ejemplo de ello fue cuando convenció a "Chiquito" Romero que era su momento para transformarse en héroe.

Se lo trató de ligar a la palabra fracaso, por los sinsabores que tuvo con esta camiseta que tanto ama; sin embargo, el volante nunca bajó los brazos y a fuerza de sacrificio "dejó de comer mierda" para quedarse con la Copa que tanto añoraba. Desde que comenzó la era Sabella no lleva el brazalete en su brazo, pero dentro de la cancha, es el verdadero "Jefe"


¡Mascherano, sin dudas, ya está dentro de los grandes jugadores que se 'agigantan' en la Selección!
Su nombre ya está escrito en una de las páginas del libro más importante en la historia del fútbol argentino.