Las características religiosas de la sociedad uruguaya hacen que el país gobernado por José Mujica pueda ser calificado de "anomalía" en Sudamérica.
En efecto, de acuerdo a un estudio elaborado por el Centro de investigaciones Pew Reaserch, más del 40 por ciento de la sociedad uruguaya dice carecer de "afiliación religiosa", incluyendo en este grupo a los que se manifiestan ateos, agnósticos o simplemente no se identifican con ninguna creencia en particular.
Ese alto porcentaje que "no cree en nada" resulta más llamativo si se lo compara con países como Perú, donde esa población representa solo un 3%, o más aún con Paraguay, con un 1,1%.
Detrás de Uruguay, aunque a casi 30 puntos de diferencia, se ubican Argentina, Venezuela y Chile con un 12,2%, un 10%, y un 8,6% respectivamente.
La contracara de este fenómeno, de acuerdo al mismo estudio, es que Uruguay posee el porcentaje más bajo de cristianos de América del Sur: un 57,9%. Aquí también Paraguay presenta el mayor contraste, al ser el país con más cantidad de cristianos de la región con 96,9%.
Pero el altísimo número de cristianos no es un fenómeno exclusivo de Paraguay. Por el contrario, se trata de la regla en nuestro subcontinente. En Perú los cristianos son el 95,5%, en Ecuador un 94,1%, en Bolivia un 93,9%, en Colombia un 92,5%, en Chile un 89,4%, Venezuela 89,3%, por nombrar los casos más relevantes.
Por su parte, sólo un 0,1% de la población uruguaya es musulmana, y el mismo porcentaje se declara tanto budista como hinduísta. Por último, 0,3% de la población es judía, otro 0,3% se identifica con religiones tradicionales propias del país, y un 0,8% comulga con religiones minoritarias.
¿Qué es entonces lo que ocurre con las religiones -particularmente el cristianismo- en la sociedad uruguaya?
De acuerdo con el profesor e investigador de la Universidad de Montevideo, Francisco O'Reilly, consultado por Infobae, el fenómeno se remonta a los comienzos de la historia del país, en los que la Iglesia no tuvo una injerencia fuerte en el poder.
"La Constitución de 1918 ya establece la separación entre el Estado y la Iglesia"
Sin embargo, explica, el factor más importante en la identidad uruguaya en materia religiosa es el proceso de secularización emprendido por el presidente José Batlle y Ordóñez, y que ya lleva más de 100 años.
"La Constitución de 1918 ya establece la separación entre el Estado y la Iglesia. Previo a esto, en el año 1906 se desarrolló un debate de mucha actualidad, en relación a la decisión del presidente José Batlle y Ordóñez de eliminar los crucifijos de los hospitales públicos".
El batllismo continuó con esas reformas, que incluyeron entre otras cosas la laicización de los feriados públicos. Gracias a la misma, la Semana Santa se ha transformado en la Semana del Turismo, y la fiesta de la Inmaculada Concepción, que se celebra el 8 de diciembre, ha pasado a identificarse como el Día de las playas. El intento por cambiar la Navidad por el Día de la Familia no pudo prosperar, a pesar de los intentos del gobierno.
Este debate, que comenzó sobre el final de la primera presidencia de Batlle, continuó durante la segunda etapa de su gobierno y fue determinante a la hora de definir la forma que adquiriría la secularización que se adoptaría paulatinamente en los años posteriores.
El laicismo, una oportunidad para la política
Estos datos sobre la composición religiosa del país han tenido un correlato una serie de políticas de corte liberal cuya aprobación han distinguido a Uruguay del resto de los países región y del mundo.
La legalización del aborto en el país tiene una larga historia de idas y venidas. En el año 1934 entró en vigencia una reforma del Código Penal que hizo posible que en hospitales públicos se practicara la interrupción del embarazo, por iniciativa del abogado y penalista José Irureta Goyena. Sin embargo, el presidente de facto Gabriel Terra volvió a prohibirla un año después.
Tuvieron que pasar 77 años y varios proyectos, votaciones parlamentarias y vetos, para que en el 2012 se elaborara un proyecto de Ley para la despenalización del aborto, que fue aprobado finalmente el día 17 de octubre.
La flamante ley que regula el mercado del cannabis, la producción -bajo control del Estado-, la comercialización y su tenencia, es otra de las "marcas" uruguayas en el mundo. Aprobada el 10 de diciembre del 2013, la iniciativa colocó a Uruguay la cabeza de una larga lista de países en materia de legislación sobre la materia, e impulsó que el debate se instale en varios parlamentos del mundo en donde nunca había sido siquiera discutido.
Ambas leyes -legalización del aborto y de la marihuana- han sido producto de iniciativas gubernamentales aunque vale interrogarse sobre las dificultades sociales y políticas con las que debería lidiar cualquier otro gobierno de la región.
El poco peso de la iglesia católica -o los débiles lazos que la unen al gobierno uruguayo-, sumado a una sociedad con más de cien años de secularización pueden explicar en parte este fenómeno.
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