Los clásicos son partidos diferentes, calientes y, a veces, lindos desde la óptica de la estética. Algunos son recordados por la instancia en que se juegan, como los cuatro partidos que se jugaron en las ediciones 2000 y 2004 de la Copa Libertadores. Otros pasan a la historia por los resultados o los goles convertidos, y algunos quedan grabados por los escándalos, los forcejeos y las expulsiones.
En la previa del superclásico vale la pena recordar algunos de los partidos en los que el roce terminó generando peleas y empujones. Los Boca-River o River-Boca se viven diferente porque la tensión en los encuentros es permanente y el clima se calienta con el pasar de los minutos. Patadas, choques, bravuconadas e insultos se mezclan en el juego y los cánticos de la hinchada.
El caso más reciente se remonta al verano. River llegó al Superclásico de verano jugando en el Nacional B y las cargadas se multiplicaron. Los dos partidos que se jugaron fueron encuentros donde se vivió un clima tenso. En uno de ellos Domínguez le pegó a Ledesma y vio la roja por querer pelearse con el cordobés y con Diego Abal, árbitro de aquel encuentro. Ledesma también tendría un encontronazo con Cavenaghi y la noche terminaría con un triunfo "xeneize".
El último clásico antes del descenso de River se jugó en la Bombonera y terminó con un triunfo del equipo de Falcioni. Cuando el partido se consumía, Matías Almeyda, hoy un hombre más calmo y centrado, se agarró a los empujones con Clemente y vió la roja de Patricio Loustau. Se fue de la cancha forcejeando con la policía e incitando a la gente de Boca. Un recuerdo para el olvido.
A lo largo de los clásicos existen jugadores que quedan marcados a través del tiempo por ser provocadores o por estar metidos en discusiones. Uno de ellos es Marcelo Gallardo. El "Muñeco" se peleó con el chileno Medel durante la época de Borghi en Boca. Cabezazos, empujones e insultos terminaron por sacar al jugador "xeneize", que vio la roja minutos después de enfrentarse con Gallardo.
Fue el mismo "Muñeco" el que protagonizó en la semifinal de la Copa Libertadores 2004 uno de los peores escándalos de los Superclásicos. En el partido de ida en la Bombonera y con la presencia única de hinchas locales, una falta de Gallardo a Cascini terminó en una serie de empujones, piñas, agresiones y rasguños. Porque fue el capitán de River el que, en el medio del escándalo, rasguñó al "Pato" Abondanzzieri desde atrás y generó aún más tensión en la cancha.
En aquella noche de copa también la ligó Fabián Vargas. Ameli le pegó unas cuantas piñas en el área y calentó el partido al máximo. En el partido de vuelta Hernán Díaz, ayudante de campo de Astrada, técnico "millonario" en ese momento, insultó a Guillermo Barros Schelotto y se armó el caos otra vez.
En la final de la Liguilla 88-89 fue Graciani el que le dio una trompada a Serrizuela y generó el escándalo en un Boca-River donde Pasarella aún era el capitán del equipo de Núñez. La del jugador "Xeneize" se transformó en una de las piñas más recordadas en la historia de los clásicos.
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