Pasadas las 21 del sábado, la agrupación comandada por el guitarrista Jerry Cantrell salió a escena con "Them Bones", el hit de su disco más aclamado, Dirt y de inmediato sonó "Dam that river" de la misma placa. Dos tremendas piezas fueron la prueba de fuego que pudo superar el cantante William DuVall, quien desde 2005 reemplaza al fallecido Layne Staley (tal vez la leyenda más grande del rock de los '90 junto a Kurt Cobain y Dimebag Darrell).
Fundido con una imagen que oscilaba entre Lenny Kravitz y el futbolista brasileño Dante, DuVall estuvo a la altura de las circunstancias haciendo su papel de frontman de manera correcta, interpretando las canciones al igual que en los discos, algo que hoy en día no se acostumbra hacer, e interactuando con el público de manera constante gracias a su carisma. Cantrell no dejó lugar para las sorpresas, su voz y su talento en la guitarra no cambió desde aquel joven rubio y bien parecido que intentó cambiar el sonido reinante en 1987. El baterista Sean Kinney, como se escuchó por ahí, es "un relojito" que en ningún momento hace una de más, acoplado a la perfección con el mejor músico de la banda: Mike Inez.
Alice in Chains siguió con "Hollow" y "Check my brain", de la época post-Staley, para luego hacer delirar a un Luna Park que desbordaba de gente saltando, gritando y, hasta alguno que otro, llorando, con "Again", "Man in the box" y "Got me wrong". La química entre los integrantes era evidente, la sorpresa de estar ante gente que no paraba de saltar, también. Mike Inez (el bajista que reemplazó al difunto Mike Starr), era el único que conocía el aficionado argentino por haber venido en 1995 y 2012 con Slash's Snakepit y Rock 'n Roll All Stars, respectivamente.
La lista continuó con "Phantom Limb" y "Stone" de su último disco The Devil put dinosaurs here y llegó la seguidilla de clásicos con "No excuses", "It ain't like that", la depresiva "Nutshell", "God am" y "Junkhead" que amagaba a funcionar como cierre.
Volvieron con uno de los temas que mejor representa lo que fue la vida de Staley, pese a ser compuesto por Cantrell: "Down in a hole", una obra de arte que transita y viaja por los estados más oscuros del alma. El final fue a toda orquesta con canciones que ya forman parte de los clásicos de todos los tiempos: "Would?", en el que la gente vivió su momento mayor de éxtasis musical y "Rooster", el himno antibélico basado en las cartas del padre de Cantrell, quien estuvo en Vietnam.
Alice in Chains ya dejó su huella en Argentina, demostró que ocupa un lugar de privilegio y que su mote de "grunge" sólo es por haber explotado en los '90 ya que es una manera vulgar, tildarlos de ese género. Una banda que siempre ha estado más cerca del viejo Sabbath o el Zeppelin más oscuro, que de Pearl Jam, Stone Temple Pilots, Soundgarden o Nirvana. Una banda que pudo renacer y superar la muerte de un ícono y un talento fundamental del rock como Layne Staley. Cualquiera de los presentes sabrá que no se exagerará al decir que Buenos Aires vivió uno de los mejores shows de su vida.
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