Cerdos, gallinas y secuestrados, todos encerrados y rodeados por alambre de púas, en medio del campamento del Guaviare que estaba montado para acoger a 200 guerrilleros.
Un informe publicado por El Espectador detalla las características del "régimen interno para porteros y recepcionistas" que debía cumplirse a rajatabla para controlar a los secuestrados que las FARC tenían para negociar con las autoridades.
El esquema perverso consistía en controlar permanentemente a los secuestrados, que además recibían diferente tratamiento de acuerdo a si eran militares o políticos.
El régimen establecía un rol para los porteros, cuya función era revisar cada cuatro días las condiciones de estos campos de concentración para evitar posibles fugas y el control de las cadenas y candados con los que estaban atados los secuestrados. Debían tener siempre a mano la lista de los prisioneros y a las 6 de la tarde exigían que cada uno se numerara.
El reglamento constaba de 20 normas muy claras y estrictas; por ejemplo, no se podía fumar cuando se le servía la comida a los secuestrados.
Los recepcionistas cumplían esa función de servir las comidas, que se trasladaban desde el campamento a "la prisión". Los políticos recibían su ración diaria de manos del guerrillero, mientras que los militares secuestrados lo hacían a través de una rendija. Los recepcionistas eran responsables de sacar la basura de la cárcel improvisada.
En el campamento del Guaviare había 12 casas de madera, algunas provistas de electrodomésticos, televisión, equipo de sonido para escuchar música vallenata y 30 películas cómicas en VHS para los guerrilleros.
La organización del lugar decretaba el apagado de productos electrónicos si se oía el sobrevuelo de un avión.
En ese campamento estuvo secuestrada Ingrid Betancourt, que debió recibir medicinas para tratar su paludismo, enfermedad provocada por un mosquito.
Los líderes de las FARC, que hoy negocian un acuerdo de paz con el gobierno de Colombia, establecían un férreo control sobre la tropa guerrillera, a la que de vez en cuando le daban un vino barato y cigarrillos.
Dos veces al día, un grupo de cinco guerrilleros debía salir a recorrer la zona a 500 metros a la redonda para ver si había problemas, mientras que toda la tropa debía seguir un riguroso programa militar: a las 4:20, una revisión del campamento; a las 5:00, acuartelamiento; a las 6:00, café, aseo del campamento, tareas de enfermería y se levantaban las cercas; a las 8:00, el desayuno; a las 11:00, preparación del almuerzo; a las 13:00, adoctrinamiento guerrillero; a las 16:00, se relevaba qué había hecho cada guerrillero; a las 18:00, se encerraba nuevamente a los secuestrados; y a las 19:00, el campamento debía quedar en silencio.
Según detalla El Espectador, se estima que las FARC realizaron más de 12.000 secuestros. El gobierno de Santos debe decidir si estas prácticas y delitos de lesa humanidad, como las ejecuciones, podrán quedar impunes tras la firma de un acuerdo de paz.
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