'Il Duce' avisaba: "Si gana el éxito es suyo, pero si pierden que Dios lo salve"

Un 10 de junio de 1934 se jugó la final del Mundial de Italia, que tuvo al local como campeón ante Checoslovaquia por 2 a 1 en el alargue. El visitante ganaba a poco del cierre, los italianos lo nivelaron y allí fue cuando el líder Fascista Benito Mussolini le dijo esta frase al entrenador Vittorio Pozzo, quien al igual que los jugadores sabía que si no ganaban, el político que acompañó a Adolf Hitler los fusilaría

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El primer Mundial polémico de la historia fue el que Italia organizó en 1934, ya que en ese momento el país era controlado por el fascismo, que tenía a Benito Mussolini como su líder y como aliado de Adolf Hitler a comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Por este motivo, el certamen que llegó al país europeo tuvo un clima más que complicado para los participantes.

Italia era el candidato y Mussolini lo utilizó como propaganda para su Gobierno de Facto, con el agregado de que el local tenía un gran equipo, pero en las semifinales con Austria tuvo un arbitraje polémico a favor. A su vez, el mismo juez los volvió a dirigr en la final ante Checoslovaquia, en lo que era la primera definición de la historia entre ambos.

Así, el estadio de Roma fue el escenario el 10 de junio. En un encuentro parejo, la visita anotó el primero y abrió la incertidumbre en Mussolini y todos los fascistas presentes en el estadio; aunque Orsi apareció y niveló el encuentro, que se fue al alargue y le permitió a Mussolini mostrar toda su autoridad ante el entrenador y sus dirigidos, quienes sabían que el triunfo era el único camino de su equipo.

En el vestuario, el "Duce" le dijo a Vittorio Pozzo, el técnico del equipo. "Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar", mientras que al Presidente de la Federación, el General Vaccaro, le expresó: "Italia debe ganar este campeonato a como dé lugar. No es una sugerencia, es una orden que no voy a consentir que se desobedezca". 

Ante esto, Pozzo le comentó a sus futbolistas y les avisó: "No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal". El encuentro fue más que importante para el local, que finalmente lo ganó con el tanto de Schiavio, quien así le dio un título más que festejado por los italianos, quienes seguramente hubiesen caído en las manos de Mussolini.