El cardenal Sandri pide por los obispos y sacerdotes secuestrados en Siria

El argentino realiza una visita el Líbano y Jordania para llevar la bendición de Francisco. "Que regresen a sus comunidades", exigió

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 Reuters 163
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Leonardo Sandri presidió la liturgia eucarística en el Santuario de Nuestra Señora de la Paz en Zahleh. Allí concluyó su homilía con una "oración especial" a María por los dos obispos y los dos sacerdotes secuestrados en Siria por la dictadura de Bashar Al Assad.

"Que Ella –invocó– los consuele y los fortalezca en la prueba, mientras nosotros elevamos un fuerte llamamiento por su liberación y para que regresen a sus familias y comunidades eclesiales".

Por la noche, en la parroquia romana de los santos Fabián y Venancio, se celebrará una vigilia de oración por la paz en Siria y por la liberación de los obispos greco-ortodoxo y siro-ortodoxo de Alepo, Paul Yazigi y Gregorios Ibrahim, y de todas las personas secuestradas, informó Radio Vaticano.

Se trata de una iniciativa organizada por el Centro para la Cooperación misionera entre las Iglesias y la Oficina para la Pastoral de los emigrantes de la diócesis de Roma.

Durante la celebración se ha previsto una colecta para apoyar a los prófugos sirios en Jordania, donde se ocupa de esta situación el sacerdote fidei donum Vito Vacca.

Durante su escala en el Líbano, Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, celebrará un encuentro con el Sínodo Maronita Bkerké, visitará la casa general de las religiosas soaritas, así como la de las religiosas alepinas; rezará en el Santuario de Santa Rita donde saludará los seminaristas y, por último visitará el Carmelo de Harissa.

Los jóvenes del Líbano han sido protagonistas de las primeras horas del Pontificado con las meditaciones preparadas para el vía crucis que el papa Francisco presidió en el Coliseo.  Sandri recordó este detalle durante el encuentro que mantuvo con los jóvenes de la Caritas en esta nación.

Con su trabajo, les dijo Sandri, ustedes "tocan la carne de Cristo", según una expresión ya conocida del papa Francisco, de quien el purpurado llevó su saludo y bendición.