Nuevo hábito de consumo: comprar ropa económica, pero a la moda

Por fuera de los shoppings o los circuitos tradicionales se pueden encontrar precios un 50% más baratos. Prescindir de la marca, un verdadero desafío

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 Nicolás Stulberg 162
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Que el precio de la ropa en Buenos Aires es más costoso que en destinos como Europa o los Estados Unidos es de público conocimiento. Pero en la capital argentina también hay circuitos comerciales más económicos que no todos aprovechan.

Mientras que un jean en un local de marca ronda los 700 pesos, en un comercio de la avenida Santa Fe puede costar un 50% menos; y si se compra en locales de Once o en la famosa avenida Avellaneda (sólo los días sábados, ya que en la semana no se puede hacer una compra minorista), el precio puede ser aún menor.

El desafío está en animarse a salir del recorrido convencional en busca de nuevas propuestas en locales de ropa desconocidos. Claro, dato fundamental, es necesario disponer de tiempo, paciencia y la vista afilada para detectar esos "hallazgos" tan preciados, que combinan a la perfección la regla de la triple B: bueno, bonito y barato.

"La calidad por lo general es lo que diferencia a la ropa de marca. Cuando la ropa es un poco más cara, la calidad es superior. Pero también hay fábricas que producen en cantidad tanto a firmas reconocidas como a las no tanto y eso la gente no lo sabe. El tema diferencial es el marketing. La gente compra una marca más cara porque le da más seguridad y con eso tapa un miedo. El miedo a no pertenecer, a no gustar, a no tener éxito", explicó Marcelo Sorzana, director de Surreal Marketing & Publicity, una consultora especializada en moda.

"Hay locales que nadie conoce y tienen ropa de calidad. Es 'cool' encontrar algo barato y bueno. El tema es que hay que saber llevarlo y encontrarlo. Lo que la marca te ofrece es prestigio y asegurarte que con eso vas a estar bien vestido, la marca lo avala. Comprás en ese local y ya tenés resuelto todo porque sabés que está bien. Te evitás la recorrida por nuevos lugares que no sabés si vas a encontrar lo que necesitás", señaló Sorzana.

Los precios de la ropa también fomentan esta tendencia. Un tapado en una marca de renombre ronda los $3.000. Si se tiene en cuenta que el salario promedio de la economía argentina es de $6.500 brutos (antes del descuento por jubilación y obra social), según el índice del salario del Indec de febrero de 2013, el abrigo estaría representando más de la mitad de un sueldo. Gracias a los beneficios de los descuentos de las tarjetas y las cuotas, se amortigua su adquisición, pero no deja de ser un esfuerzo para la mayoría.

Pero mientras algunos ahorran e invierten costosas sumas de dinero en aquel objeto deseado de la nueva colección, quienes más disfrutan de la moda se animan a sumergirse en comercios alternativos a los de consumo masivo en busca de hallazgos a buen precio.

Pero claro, el reto está en animarse a salir a explorar nuevos espacios y no depender de las marcas. "Una marca exitosa te vincula psicológicamente con el contexto. Uno compra éxito. Esa es la explicación por la que paga más por ella, porque funcionalmente te sirve tanto una ropa de supermercado como una más cara", aseguró Sorzana.

En ese mismo sentido, Natalia Massón, psicóloga del Espacio Olazábal, coincidió en que la priorización de la marca puede deberse a la identificación con lo que la marca representa, como un espacio de pertenencia. "Pero también puede significar prestigio, ya que si accedo a ellas demarcan el estatus social y económico al que pertenezco o quiero pertenecer", aseguró.

"La sociedad nos inventa la necesidad de comprar, de consumir. Por otra parte, para quienes se identifican con grupos o sectores de la sociedad por el uso de ciertas marcas, dejar de usarlas es, dentro de esa lógica, dejar de pertenecer. El dejar de pertenecer puede ser un suceso muy estresante; muchas veces el formar parte de cierto sector o identificarse con ciertas cosas forma parte de la identidad misma de la persona", reflexionó Massón.

La compra inteligente

Conseguir prendas a menor precio, ya sea en rebaja, liquidación o un hallazgo, produce satisfacción a nivel neurológico.

"Cuando nuestro cerebro interpreta que la oferta es justa, como suele suceder durante las liquidaciones, el circuito de la recompensa se activa sobre las áreas más racionales como la corteza prefrontal, y de esta manera las emociones influyen indefectiblemente sobre la conducta, guiando nuestras decisiones", explicó María Noelia Pontello, neuróloga cognitiva de Ineco y del Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro.

Y añadió: "No importa lo que compremos o por qué, lo importante es hacerlo, porque nuestro cerebro quiere volver a experimentar placer".

Pero cuando el precio es alto, ocurre otro proceso interno a nivel cerebral. "Otras áreas son activadas, como la corteza prefrontal vinculada con el análisis de las ganancias y las pérdidas y la ínsula que se activa cuando la oferta nos genera disgusto, miedo o dolor. Más injusta nos parece la oferta, más se activa la ínsula. Cuando la actividad en estas dos áreas rebasa la necesidad de placer inmediato, la compra no suele llevarse a cabo", indicó la neuróloga.