Sexo: las evasivas como moneda corriente

Cuando el estrés, el cansancio y los problemas cotidianos hacen que el encuentro sexual se convierta en un problema, las dificultades vinculares y ocasional disfunción eréctil no tardan en aparecer. Por qué el dolor de cabeza no corre más y cómo vencer las barreras 

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Para algunas personas no tener un rendimiento "óptimo" suele ser tan frustrante como una disfunción crónica, otros sienten que el sexo no tiene variantes y no saben cómo hacer para inspirarse y provocar cambios. En fin, múltiples "no" son indicadores de que algo está pasando en la pareja y merecen la debida atención.

Cuando la comunicación entre los amantes no es franca abundan los "no sé" y las excusas. Tanto una como otra maniobra de "no comunicar" incrementan el malestar y dan paso a las conjeturas: "¿estará enojada?", "¿tendrá otra?", "ya no le intereso". Entre las excusas, la clásica, la típica, es el dolor de cabeza. Y quedó como patrimonio de los argumentos femeninos para no tener sexo.

El hombre cuando no quiere pasa a la acción: "Me dijo hasta mañana, me dio la espalda, puso la cabeza en la almohada y se durmió", repiten las mujeres con angustia e intrigadas por lo que pasa.

¿La cefalea en crisis?

Para el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, "si la excusa de la cefalea persistió en el tiempo fue por mera costumbre".

Es que desde la década del 70, con el descubrimiento de las endorfinas o encefalinas, se sabe que el sexo libera cantidades suficientes para calmar con creces el dolor de cabeza, además de relajar y amplificar las sensaciones placenteras. "Las endorfinas son péptidos endógenos que actúan sobre receptores para el dolor, por tal motivo, su incremento provoca analgesia inmediata. El ejercicio físico así como cualquier acción corporal promueve su liberación", detalló el especialista.

Además de la acción física, el contacto cuerpo a cuerpo se ve favorecido con la aparición de otras sustancias. "La oxitoxina, también llamada 'la hormona del amor' o del apego incrementa los sentimientos afectivos y sus manifestaciones: caricias, ternura, desinhibición corporal, palabras o frases estimulantes, etc. Atravesar la barrera de la evasiva supone no sólo entregarse a las bondades del sexo, sino también darse el tiempo para reflexionar sobre cuáles son los motivos que llevan a abusar de ella", resaltó Ghedin.

El rinconcito como trinchera 

Tras asegurar que "tampoco sirve darse vuelta en la cama y atrincherarse en un rincón", el especialista consideró que "el uso de las clásicas defensas, como el cansancio, las responsabilidades diarias, los conflictos laborales pueden quedar por un momento en un segundo plano".

Todos sabemos y sufrimos la influencia de la rutina y el peso de la cotidianidad y cómo orbitan en nuestra vida. Sin embargo, muchas veces, las usamos como argumentos para evitar cualquier mínimo contacto con el otro. "Y no ocurre sólo con lo sexual, ya que inmersos en las preocupaciones dejamos de acariciar, de besar con ganas, de manifestar ternura, de ver y escuchar al otro con atención", destacó el especialista, para quien "la distancia corporal y afectiva fuera de la cama impacta negativamente en el deseo sexual".

¿Cómo disponerse a tener sexo cuando se dejaron de lado estímulos fundamentales para mantener vivo el contacto de los amantes? "Las parejas que pierden esa conexión vital sienten que el sexo se vuelve 'automático', casi 'animal', desprovisto de los condimentos pasionales necesarios. En este contexto las evasivas comienzan a ocupar el lugar de la verdad", aseveró.

"Las parejas saben que mantener la intimidad en un contexto de exigencias es un desafío diario. No obstante, no es una tarea ardua", consideró Ghedin, quien subrayó: "El desafío requiere tomar conciencia de que el vínculo amoroso necesita acciones de ambos lados: escuchar, acordar, comunicar, estar atentos, acariciar, besar, buscar momentos de intimidad, son algunas de las acciones posibles. Y si no existe el deseo suficiente para tener sexo, abrazarse y acariciarse, mantienen la sensibilidad encendida".

La disfunción eréctil en la pareja estable

      

Las relaciones sexuales estables van cambiando con el correr del tiempo: en algunos casos para mejor, con modificaciones dinámicas positivas, y en otros se van produciendo

desencuentros que pueden dificultar la relación sexual

de la pareja ¿Qué sucede cuando uno de los dos pierde el interés en el sexo, o peor, cuando uno de los dos nota que al otro en realidad nunca le interesó demasiado?

"En el caso de los hombres, cuando esta situación se presenta o se hace evidente esto puede derivar en disfunción eréctil", explicó el doctor Néstor Daffinoti (MP 43 575), médico sexólogo y asesor del Boston Medical Group para la Argentina, quien agregó además que "dentro de las múltiples causas que pueden provocar la disfunción –sean farmacológicas, orgánicas, y/o psicoemocionales- existen juntas o separadas de las anteriores las 'causas compartidas' por ambos integrantes de la pareja estable".

Nada como el principio

Cuando una pareja inicia su vida sexual en la mayor parte de los casos lo hace aportando cada uno su propia historia y sus propias expectativas. Así es que poco a poco integran un vínculo satisfactorio y recíproco en lo sexual que junto a los otros puntos de encuentro entre ambos los conduce a la relación estable. Con el correr de los años comienzan las modificaciones de la relación según las nuevas expectativas de cada uno en particular y de los dos en común. Conviven, tal vez se transforman en matrimonio, luego llegan los hijos, pasan a ser una familia y enfrentan juntos los proyectos y la economía. La familia se hará entonces parte de las relaciones sociales compartidas de la pareja y de las que mantenga cada uno por separado, lo cual trae aparejados inevitablemente cambios en todos los aspectos de la relación.

Paralelamente, el tiempo transcurrido puede traer consigo la aparición de enfermedades (algunas con real incidencia en la disfunción eréctil del hombre) y modificaciones en los ciclos y equilibrios hormonales de la mujer que pueden alterar su desempeño sexual.

Con todos estos cambios poco queda de la relación sexual inicial, y mientras algunas parejas mejoran y se sienten más satisfechas, en otras el encuentro se deteriora y hasta se constituye como el área de conflicto principal de toda la relación vinculante.

Distintos comportamientos para un mismo problema

Algunas mujeres "disimulan" estas cuestiones para que todo lo "otro" de la relación se mantenga, y a veces  consiguen este objetivo accediendo cada tanto a mantener relaciones sexuales pero sin desearlo. En otros casos no ocultan su desinterés sexual y lo "justifican" con distintas causas orgánicas: que fueron recientemente madres, que están embarazadas, que están amamantando, que les llegó la menopausia, etcétera.

"Solemos encontrar que el problema es que las constantes 'excusas' de su pareja derivan en un problema para el hombre y le resulta imposible mantener o conseguir una erección. Por supuesto que hay infinidad de casos inversos, en los cuales es el hombre el que no tiene ganas e inventa excusas, y son muchos los que vienen acompañados de sus parejas a realizar la consulta", explicó Daffinoti.

Al respecto, el especialista explicó que "a veces la edad o los procesos biológicos naturales de la mujer terminan siendo una excusa perfecta para su falta de deseo. Esto es algo peligroso para el hombre, ya que puede repercutir negativamente formándose un círculo vicioso que termina con la disfunción eréctil producida en buena medida por el desinterés mostrado por su pareja".

Ante este panorama hay muchos hombres que deciden automedicarse y terminan empeorando la situación. En otros casos se "prueba afuera", con resultados inciertos y peligrosos. Pero muchos otros no hacen nada porque les da miedo, o bien porque quieren mantenerse fieles a sus parejas. A pesar de que uno de cada tres hombres tenga o haya tenido algún problema sexual, ante la aparición del mismo es común que lo nieguen atribuyéndoselo al cansancio, a  que "es la primera vez" que les pasa o simplemente a que tuvieron un mal día.

Sin embargo, si la situación persiste hay que hacerse ver: "Según nuestras estadísticas el promedio desde que aparece la disfunción hasta que el hombre acepta tratarse es de cuatro años", apuntó el especialista, para quien "es imprescindible entender que dejar pasar el tiempo sólo empeora la situación, ya que como toda enfermedad, cuanto antes se la ataque más fácil será combatirla y solucionar la patología".