El champagne, muy consumido también durante la etapa kirchnerista

Bebida emblemática de los 90, el gasto en espumante creció en litros un 20,4% en 2012. En Argentina se compra más de una botella por habitante. A nivel global, su venta aumentó 170% a lo largo de 10 años

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 Verónica Guerman/Teleshow.com 164
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El eslogan "pizza con champagne", creado como símbolo del hiperconsumismo durante el menemismo, podría volver a aplicarse en estos tiempos. Durante el año pasado, el consumo de espumante llegó hasta los 55 millones de botellas, es decir, un poco más de una botella por argentino.

En general, el 2012 fue positivo para empresarios y consumidores de esta bebida proveniente de la uva. Según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el vino fraccionado aumentó el 6 por ciento. Pero para el caso de los espumantes fue todavía mejor: el consumo de champagne trepó 20,4% en litros en el país, a 373.762,66 hectolitros.

El fenómeno puede explicarse por la modificación de la oferta, motorizada por los empresarios del sector. Anteriormente, el champagne sólo se limitaba a un brindis de fin de año entre los consumidores, y estaba restringido a un público tradicionalmente exclusivo. Este perfil cambió al transformarse la matriz productiva del rubro: hoy hay más de 120 bodegas que fabrican espumantes, en contraste con el puñado que existían durante el período menemista.

La consecuencia de esta política industrial propició más marcas, mayor diversidad de sabores y accesibilidad para un mercado con menores recursos económicos. Actualmente se pueden conseguir champagnes desde los 22 pesos.

Los espumantes dulces también hicieron su parte, al seducir a consumidores que no están acostumbrados a la acidez de esta bebida. Fenómeno muy típico de las discos, donde el champagne es uno de los consumos e ingredientes predilectos.

La tendencia local también se replica a nivel mundial. Durante los últimos 10 años, la comercialización de espumantes trepó un 170%, a razón del 11,7% anual, según indican los números del International Wine & Spirit Research (IWSR). Las palancas de este crecimiento se explica por la tracción de los principales mercados de vino: Italia, Francia, Rusia y Alemania.

Los jóvenes y las mujeres fueron grandes impulsores de este giro en el tipo de compras y, junto con los restaurants y boliches bailables, fueron los factores más influyentes para hacer despegar a industria de espumantes.

Fernando Tedín Uriburu, presidente de la Bodega Premier Wines, líder en la provisión de servicios de fasón en Argentina, aseguró que "a nivel nacional, el 84% del mercado corresponde a espumantes secos" y detalló que "el mayor crecimiento se verifica en los espumantes dulces, cuyas ventas han crecido un 126% entre 2002 y 2012". Otro sector que escaló posiciones en los últimos años es el de los rosados, que han agregado una nueva categoría, en especial entre el público femenino.

Otro de los factores que contribuyó a la masificación del consumo es el bajo costo de un espumante. "Si bien hay de diferentes categorías, el precio promedio de las botellas más económicas es de $20, lo cual acerca un producto de lujo a la mesa cotidiana", señaló Tedín Uriburu.

Durante el 2012, Argentina produjo 417.000 hectolitros, de los cuales 48.000 fueron exportados. De esta producción, según cifras provenientes del Instituto Nacional de Vitivinicultura, 150 bodegas fueron los responsables de esta cantidad.

Cuanto a las exportaciones, durante el año 2012, la Argentina tiene una facturación de u$s22,9 millones, acumulando un total de 465.449 cajas de 9 litros, a un precio promedio de u$s49,20 por caja. En comparación con 2011, Argentina creció un 8% en términos de volumen de ventas y un 13% en volumen.

Nuevas tendencias

Por su parte, Pablo De Corral, director de la marca de espumantes Cumbres Andinas, sostuvo que "el consumidor actual busca productos más frescos, livianos y menos calóricos, conocidos como 'vinos ligeros', que son elaborados con uvas inmaduras, con menos cantidad de azúcar y menos alcohol, que son fáciles de beber y se disfrutan en un ambiente distendido".

Los jóvenes han sido el principal motor del consumo en la Argentina y el mundo. "Ellos no tienen miedo de desafiar los estereotipos tradicionales de Champagne", consideró el director de Cumbres Andinas. Además, De Corral remarcó que "estas bebidas tienen la capacidad de captar a consumidores de otras bebidas alcohólicas y son una alternativa para situaciones de consumo diferentes a las tradicionales".