Dakar: el lugar donde los autos vuelan

Durante la décima etapa de la competencia, Infobae se metió dentro de un tramo del especial de la carrera, donde los vehículos debían atravesar un río. Para acceder al lugar fue necesario recorrer durante la madrugada el mismo camino de cornisa que los pilotos

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 AP 162
AP 162

Los vehículos que participan del rally Dakar no siempre transitan con las ruedas sobre el suelo, a veces van por el aire y otras por el agua. En la décima etapa Infobae accedió a un tramo del especial por donde pasa la carrera para ver a los autos en competencia, para verlos pasar volando.

"Bienvenidos a la aventura", dijo Pato Stefanescu, uno de los responsables del Plan de Hospitalidad de PromPeru, ente responsable de organizar este tipo de acciones con el fin de potenciar la comunicación del país incaico durante este evento.

El viaje comienza a las 3.30 de la madrugada a bordo de una camioneta 4 x 4 rumbo a las sierras cordobesas en la zona de San Marcos Sierras. La salida de Villa Carlos Paz, desde el Vivac, por la noche fue bordeando el lago San Roque hasta llegar a la entrada de la colina.

El día recién comienza, aunque todavía no haya sol, y el camino de ripio es la próxima etapa del recorrido, por aquí en algunas horas transitarán los vehículos que corren el Dakar. Lo harán a toda velocidad porque se trata de un tramo especial, donde se les cronometra el tiempo.

La condición para ver volar a los autos es sacudirse entre la tierra, las piedras y un angosto sendero como si fuéramos pilotos de rally, para trepar las montañas en espiral saltando dentro del habitáculo mientras vamos corriendo nuestro propio Dakar.

El camino aparece (y desaparece) entre la noche y el polvo que levanta la otra camioneta que integra la delegación rumbo a un punto GPS dentro del tramo especial. Será en un vado, donde los corredores deberán sortear un río; lo harán por agua, tierra y aire.

Pasadas las 5.25 de la madrugada el salto natural se hace presente, los vehículos se estacionan al borde del camino entre los árboles, escondiéndose del trazo de la carrera. Llegó la hora de continuar con el sueño interrumpido a las 3.30. Bajo las ramas, donde el sol no pueda llegar, se despliegan las carpas. En un rato comenzará el show.

Tres horas más tardes, las primeras motos harán su ingreso triunfal en el vado, respetarán el curso del río pero no dejarán de acelerar y hacer saltar agua para el delirio del pequeño grupo de fanáticos que desde hace más de 24 horas llegó al lugar –antes de que la policía cierre el ingreso- para ver pasar la caravana del Dakar.

Unas cincuentas personas esperan desde el día anterior el comienzo de la acción, para eso llegaron con sus carpas o su casa rodantes, con las provisiones necesarias de alimentos y bebidas y se instalarán como en su propio living, pero dentro del río.

Los más intrépidos se acomodarán con sus reposeras (también hubo quienes pusieron dentro del agua una mesa con delicias de todo tipo, para sentirse aún más cómodos) estableciendo la primera fila al borde del escenario natural.

El curso del arroyo muestra en sus dos extremos verdes montañas, que se reflejan en la cristalidad del agua, algo así como un espejo natural de grande dimensiones, con enormes piedras que podrá ser usada como butacas. El sol es el reflector principal de la escena.

Para evitar inconvenientes los helicópteros de la organización controlarán todo desde el aire y si es necesario se acercarán lo más posible para advertir al público de los peligros y de la necesidad de alejarse del camino: los autos pasaran a más de 100 kilómetros por hora por un túnel de plantas, hasta llegar al vado.

Las hélices de la nave revolucionan todo: el silencio del lugar, el baile de las ramas de los árboles, el oleaje del río y movilizarán todo, de repente un huracán está ordenando las posiciones de los espectadores.

El rugido de la KTM de Cyril Despres, la nube de polvo que se eleva y de repente la caída sobre el agua; la primera moto de la competencia (la que lleva al líder de la carrera y al principal candidato al título) pasó volando por sobre el vado. El público estalló.

Durante más de un hora estos rodados y los cuatriciclos ocuparon el centro de la escena, algunos pilotos optaron por la velocidad, otros, sin tantos riegos, desfilaron sobre el camino saludando a los presentes.

Luego fue el turno de los autos, Nani Roma y Stéphane Peterhansel, compañeros en el equipo Mini, fueron cautelosos. Orlando Terranova, tercero en el orden de largada, apareció por la cima del sendero, cayó al agua, desapareció entre la estela de agua y volvió a resurgir nuevamente en el ripio. Quería ganar la etapa y lo hizo.

Robby Gordon defraudo a los presente. Uno de los espectadores –que animó el show durante toda la mañana con un megáfono- expresó su desilusión cuando el norteamericano no saltó, frenó y se deslizó por el camino lentamente.

Luego siguió el desfile de vehículos, muchos de ellos saltando, despegándose del suelo y haciendo llover cuando volvían a tocar tierra firme. Pasadas las 13 llegó el plato principal: los camiones, esas bestias de más de 10 toneladas que no tendrán margen de error para sortear el obstáculo.

Golpeando en la altura con la ramas, entre una intensa nube de polvo aparecen por el trazado, sin saber que habrá luego, vuelan, saltan sobre el agua, golpean el vado, aceleran la marcha una vez que están sobre la pasarela de cemento que atraviesa el río y desaparecen.

A las 15, la policía, presente en el lugar para contener la ansiedad del público, anunció el final del show. Pasaron todos los competidores, este especial llegó a su fin, el regreso será siguiendo la huella que dejaron los autos de carrera.

El agua del río abandonó su transparencia, el polvo la transformó en un estanque marrón, ese espejo natural ahora está empañado. Los vehículos movilizaron la tierra del camino al interior de la vertiente y desaparecieron.

El camino de regreso se hace sobre la intensa luz del sol con más de 40 grados de temperatura sobre la huella de los competidores. El camino es la ruina, de un lado la espesa vegetación y del otro el precipicio, en el centro pozos, piedras y polvo. Desde San Marcos Sierras ahora el próximo destino será el autódromo de La Rioja, donde a las 20.30 finalizó la aventura, 17 horas después de haber comenzado.

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