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En Historia de una amistad. Alejandro Aguado y José de San Martín (Editorial Claridad, 2011), Armando Rubén Puente (foto relacionada) expone la relación que unió al general en el exilio con el que era considerado "el hombre más rico de Francia", el banquero español Alejandro Aguado. A través de la vida de este personaje relevante del momento, nos describe los años posteriores a la partida del general de los escenarios de sus glorias en modo muy diferente al que lo hicieron otros historiadores. O, mejor dicho, no lo hicieron, ya que, por diversas razones, hubo poco interés en esa etapa de la vida del prócer.

"En San Martín hay momentos estelares y otros de carácter secundario. Naturalmente es conocido en el mundo como Libertador de Chile, Perú y Argentina. Pero mi investigación elude totalmente el período más conocido, me concentré en lo que menos se sabe de San Martín", dijo a Infobae Armando Puente, periodista y politólogo argentino, que fue corresponsal en España –donde reside desde hace muchos años- de varios prestigiosos medios franceses y argentinos, como la Agencia France Press, las revistas Le Point, Primera Plana y Panorama, y dedicado ahora al estudio de esos años "oscuros" de la vida de San Martín.

La historiografía argentina nos legó la imagen de que, tras su retiro del Perú y luego de dejar Buenos Aires junto a su hija, San Martín vivió en un ostracismo casi total y alejado de los asuntos del Plata.

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Si bien es cierto que, como cree el propio autor, San Martín nunca se decidió del todo a volver, el Libertador en el exilio "es un hombre que sigue con mucha atención todos los acontecimientos en el Río de la Plata, que además tiene relación personal y trata con frecuencia a ministros franceses y también británicos, que contribuye en algunos momentos a los asuntos de su Patria como cuando se produce el bloqueo anglofrancés, allí él tiene un papel importante, dirige una carta a la asamblea de Francia".

Fundamentalmente a partir de 1832, cuando, como relata Puente, "establece amistad con Aguado en París, a quien ha conocido el año anterior o en el viaje que hizo a Francia en 1828 –desde Bruselas-, antes de ir al fracasado retorno a Buenos Aires", San Martín frecuentó a muchos personajes destacados de la sociedad francesa y europea de la época que circulaban en torno al muy notorio Alejandro Aguado. "No hay duda, por ejemplo, de que San Martín iba a la Opera de París que era un punto de encuentro social importante y seguramente allí se saludaba con personajes de la política de la etapa, como general americano prestigioso que era", dice Armando Puente.

"Sus años en París los dedica a la lectura, el teatro, el paseo, los amigos, dice Puente. Entre 1831 y 1836 sus amigos americanos en Francia son chilenos y peruanos, no hay argentinos entre ellos. Trata sí a los representantes diplomáticos argentinos, pero en las fiestas patrias y poco más. En el Río de la Plata es olvidado un tiempo hasta que los hijos de los militares que hicieron la guerra de independencia con él empiezan a viajar a Europa y quieren conocerlo. Eso pasa a partir de 1836, 1837". Pero la amistad más importante de esta etapa es la que cultivó con Alejando Aguado.

      

El libro de Puente es una

biografía de este banquero y mecenas

de muchos artistas y de los diez años que convivió en Francia con su amigo José de San Martín, a quien en su testamento –Aguado muere prematuramente en 1842 durante un viaje a España- nombra albacea y tutor de sus hijos.

"Creo que San Martín no tenía interés en ser un hombre muy conocido, era introvertido, su relación con Aguado es muy íntima y sin embargo no habla de ello", dice Puente, a modo de explicación de por qué el general en sus cartas no lo menciona por el nombre –sólo hay algunas referencias al venturoso encuentro con un amigo y benefactor que lo ayudó a superar las dificultades materiales en las cuales se encontraba- sino hasta la muerte de éste, cuando tiene que desempeñarse como albacea testamentario de la fortuna de Aguado.

De esa fecha –septiembre de 1842- data una carta al general Guillermo Miller en la cual San Martín dice: "Mi suerte se halla mejorada, y esta mejora es debida al amigo que acabo de perder, al señor Aguado, el que, aun después de su muerte, ha querido demostrarme los sentimientos de la sincera amistad que me profesaba, poniéndome a cubierto de la indigencia".

Seguramente Aguado era un personaje demasiado notorio como para que pudiera San Martín evitar el palabrerío que su relación despertaría y quizá alguna calumnia más de las tantas que circularon en esos años.

Alejandro María de Aguado había nacido en Sevilla, en 1784. Luego de unos años en el ejército, sus simpatías bonapartistas y su actuación concreta junto al rey José, hermano de Napoleón, durante la ocupación por los franceses, lo llevaron a exiliarse cuando estos fueron derrotados. Es entonces cuando se inicia su actividad comercial –como proveedor del ejército francés, luego importador de productos desde América y Andalucía- y también financiera, otorgando empréstitos al mismísimo rey Fernando y refinanciando las deudas españolas con otros países, como Reino Unido, Francia y Países Bajos. Esto lo convierte en uno de los banqueros más importantes de Europa y también se hace acreedor de un título nobiliario, el de Marqués de las Marismas.

      

Cuando se afinca en

Evry-sur-Seine

, un pueblito cercano a París donde adquiere Petit Bourg, un imponente palacio, insta a su amigo el general José de San Martín a hacer lo propio y lo

ayuda a comprar la residencia de Grand Bourg

que, al revés de lo que el nombre indica, es pequeñísima en comparación con el castillo de Aguado. Como sea, en esa casa pasará San Martín el grueso de sus años de exilio, en contacto asiduo con su "protector".

"El general pasaba la mitad del año, de noviembre a abril en París y el resto en esa casa retirada en Evry, Grand Borug, ubicada a menos de 300 metros del palacio de Aguado, relata el autor. Estaban enlazados por un puente colgante construido por el banquero. No eran casualidades. A los amigos les gustaba estar cerca. Desde los patios y el huerto trasero de la casa de campo de San Martín se veía el palacio de Aguado".

Aguado era un apasionado del arte y la cultura dedicará tiempo y fortuna a financiar teatros –en particular la Opera de París-, crear publicaciones, formar una colección de pintura y frecuentar artistas e intelectuales, como el compositor Rossini y los escritores Balzac y Nerval.

Como San Martín, en sus años de militar en España, Aguado se había vinculado al "reducido grupo de militares españoles cultos y con una visión europea e ilustrada, pero con razón y sentimientos patrióticos, como lo fueron Solano o el marqués de La Romana", dice Puente.

"En España había ilustrados y otros con ideas inquisitoriales, explica. San Martín, como Aguado, se alineó entre los primeros. Frente al Antiguo Régimen tenía un concepto ilustrado del poder. Debemos liberar al pueblo, darle la independencia, era un ilustrado, como lo fueron sus jefes en el Ejército español, el general Francisco Solano Ortiz de Rosas, marqués del Socorro, el general Coupigny y el marqués de La Romana, tres de los pocos generales cultos, ilustrados de los Reales Ejércitos, hombres que apreciaron los méritos de San Martín y que fueron sus maestros".

      

"Otro período del que no se conoce casi nada es el de sus dos últimos años en España, de 1810 a 1812", dice Puente que está abocado ahora al estudio de esa etapa clave de la vida de San Martín durante la cual "se gesta la decisión de seguir su destino americano". El futuro Gran Capitán "llega a Badajoz en enero de 1810, como edecán del general Coupigny, jefe del Estado Mayor del Ejército de la Izquierda, que mandaba el marqués de La Romana y antes de regresar a Cádiz a fines de febrero de 1811,

pasa tres meses en Portugal, en Torres Vedras

, donde  Wellington ha instalado una fortaleza para contener a los franceses".

Puente cree que allí San Martín toma conocimiento de lo sucedido en Buenos Aires en mayo de 1810, las noticias que se publican con dos meses de atraso en Inglaterra llegan una semana después a Torres Vedras, y de frecuentar a "altos oficiales británicos, como Beresford,  Crawford, Pack y otros que había estado en Buenos Aires durante las invasiones inglesas, de quienes pudo haber obtenido también relatos de primera mano sobre la realidad sudamericana".

Otro objeto de estudio de Puente y quizá de un futuro libro son "los 13 ó 14 hombres que viajan con San Martín a Buenos Aires y que reciben un discreto respaldo del gobierno británico" que en ese momento está aliado con España y por eso debe disimular su apoyo a los independentistas sudamericanos. Sobre las acusaciones de "agente inglés" que circularon a partir de esta circunstancia, Armando Puente las desestima totalmente, porque "lo mismo se decía del líder argelino Ben Bella por ejemplo, que era agente soviético", o de Lenin como agente alemán; la historia está llena de ejemplos de revolucionarios que debieron buscar el respaldo de una potencia o gobierno extranjeros sin por ello servirlos.