Desde hace 10 años que tenía la idea en la cabeza, admite Ana Piterbarg (foto), argentina, 41 años, directora de cine, guionista. Se hizo esperar entre vuelta y vuelta, proyectos y metas, pero su ópera prima -Todos tenemos un plan- finalmente tomó forma. Y cómo.
Esta producción argentino española tiene como protagonista a Viggo Mortensen, ese actor de Hollywood que se crió en el sur del continente y se ganó el cariño de toda una región con sus modales correctos y su castellano apaciguado y simpaticón. Será la primera película del actor en Argentina, donde pasó su infancia.
Soledad Villamil, Sofía Gala Castiglione y Daniel Fanego conforman el resto de los personajes principales de esta historia, que transcurre en el delta del Tigre. Agustín (Mortensen) es un hombre que busca desesperadamente dejar atrás su pasado en Buenos Aires. Decide volver a la zona donde se crió con su fallecido gemelo, Pedro. Su destino da un vuelco inesperado y debe ponerse en la piel de él. Así queda envuelto en el mundo criminal del que su hermano formaba parte.
"Este es un film de suspenso, que tiene que ver con nuestras contradicciones, esas dos caras de la personalidad que todos tenemos dentro nuestro", señaló Piterbarg en diálogo con Infobae América. La cineasta contó en qué se inspiró para hacer su ópera prima y la curiosa forma en que consiguió a Mortensen para protagonizarla.
-¿Por qué pensó en un actor internacional como Viggo Mortensen?
-Es extraño. Desde hacía tiempo venía pensando en quién sería la persona apropiada y creí que él, pero de una manera ideal. Me gusta porque es un actor que, si bien hizo películas de acción o violentas, ofrece otra cosa detrás de ese personaje duro que encarna. Y esta historia tiene que ver con esa otra cosa que se ve por detrás, que se intuye o que se siente, pero que no está literalmente puesta en la pantalla.
-¿De qué manera logró contactarlo?
-Sucedió, por esas cosas del destino, que me lo encontré en la puerta del club de San Lorenzo [equipo argentino del que Viggo es un gran fanático] cuando iba a buscar a mi hijo. Le propuse hacer la película, me dijo que le enviara el guión por correo, le resultó interesante y después de unos meses empezamos a contactarnos. Esto fue en octubre de 2008. Le conté brevemente que se trataba una historia de suspenso que transcurría en el Tigre y también dio la casualidad de que Viggo de chiquito había ido ahí, y eso le gustó. Nos veíamos cada vez que él venía a la Argentina, un par de veces al año. Después participó de los encuentros con los productores y en la búsqueda de financiación.
-Para cualquier director conseguir el presupuesto para su ópera prima es difícil, ¿la incorporación de Mortensen colaboró de alguna forma con la financiación?
-Sí, por la popularidad y por el éxito que tienen sus películas. Es una persona convocante, por eso para los productores fue muy atractivo. Viggo también es una persona muy apreciada a nivel afectivo, tanto por los argentinos, como a nivel internacional. La situación de la película tiene un antes y un después de la aparición de él. De todas maneras, la productora argentina y la española con las que trabajamos ya conocían el proyecto.
-Dado que actúa una figura de su estirpe, ¿recibió alguna oferta de Hollywood por el guión?
-Por ahora, no. Aunque es un thriller bastante particular y, como sucede en el Tigre, veo un poco difícil la adaptación.
-¿Cómo fue la elección del resto del elenco?
-El casting estuvo a cargo de Walter Rippel. Fue muy gratificante porque todos los actores que queríamos son los que conseguimos. Decidí contactarme con Soledad Villamil y le entusiasmó el guión. Pasó lo mismo con Daniel Fanego y Sofía Gala Castiglione.
-¿En qué se inspiró para hacer el film?, ¿tiene que ver con sus vivencias personales o algunas lecturas?
-La convivencia de esas contradicciones que hay dentro de uno mismo, y el cómo uno va tomando decisiones que lo acercan hacia un determinado lugar siempre me resultaron interesantes. No surgió a partir de una experiencia puntual. Pero sí hay ciertos materiales que me ayudaron a definir la historia, como La Ribera, del argentino Enrique Wernicke, un periodista que se fue a vivir a la ribera del Tigre en los años cincuenta y se dedicó a hacer soldaditos de plomo. Este libro es bastante autobiográfico, de alguien que decide emprender una nueva vida, que es un poco lo que le pasa al protagonista, Agustín.
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