A 35 años de su fallecimiento, reeditan los diarios de Anaïs Nin

Guardar
  162
162
  162
162
  162
162

Sexo. Esa suele ser la primera palabra que viene a la mente cuando se piensa en Anaïs Nin. No sólo por sus cuentos eróticos (los más conocidos de ellos reunidos en Delta de Venus), sino también por la relación incestuosa que mantuvo con su padre, el pianista cubano-catalán Joaquín Nin, o el vínculo que la unió con Henry Miller y su pareja, June Mansfield.

Pero sus diarios son mucho más que eso. En las más de 35.000 páginas que abarcan 33 años de su vida, queda plasmado el clima de un ambiente artístico que sólo la anécdota y el detalle mínimo consiguen trasmitir.

"Tú estropeaste mi arte", acusa Nin a su diario. Pero, como señala Miller en el famoso elogio que figura en casi todas las contratapas de las sucesivas ediciones, se trata de su "obra maestra".

De 1931 a 1974, Nin viaja por Europa y luego a los Estados Unidos. Entabla relaciones con Miller y su mujer, pero también con Antonin Artaud, inventor del Teatro de la Crueldad, o el reconocido psicoanalista Otto Rank, quien intenta guiarla en la compleja relación que tiene su padre.

Lejos están sus diarios de ser una bitácora de chismes literarios. Aunque quienes sientan interés por esa faceta del mundo literario tendrán chances de encontrarlos, pero con los nombres de sus protagonistas cambiados por cuestiones legales.

Como bien resume la propia Nin, fallecida el 14 de enero de 1977, sus diarios narran la construcción de un símbolo: "A medida que me voy descubriendo, siento que soy solamente una más entre muchas otras, un símbolo. Empiezo a comprender a las mujeres de antes y a las de ahora. Las del pasado, privadas de la palabra, mujeres que buscaban refugio en mudas intuiciones, y las de ahora, entregadas a la acción, mujeres que copian a los hombres. Y yo entre unas y otras".