Emmelina de Feo asistió a todos los actos en memoria de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York en los últimos nueve años. Lo que la diferencia de muchas otras familias es que los restos de su hermano David, entonces de 36 años, no fueron nunca encontrados o identificados entre los escombros del Word Trade Center.
David murió cuando las torres de 110 pisos se desplomaron tras el impacto de los dos aviones de pasajeros que los terroristas islámicos estrellaron contra los rascacielos.
Los análisis de ADN usados para identificar a una persona con los rastros dejados en la escena de un crimen o en casos de paternidad no han podido, hasta ahora, dar una respuesta definitiva a algunas personas que perdieron a seres queridos el 11-S. De las 2.752 víctimas de los atentados contra las Torres Gemelas, sólo 1.630 fueron identificadas a través de los métodos con los que trabajan las autoridades médicas neoyorquinas. Los detalles de la suerte del resto de los muertos están ahora en el limbo hasta que haya técnicas de ADN más avanzadas.
"Ha sido difícil porque hasta ahora creemos que mi hermano puede aparecer en cualquier momento", cuenta De Feo a la agencia DPA en una entrevista. "En un comienzo, mis padres no aceptaron nunca que David ya no estaba. Estaban en shock. Tenían esperanzas de que las fuerzas de rescate lo encontraran vivo. Pero después de seis meses ya no había posibilidades y fue un shock para todos nosotros", señala.
David murió un mes antes de cumplir 37 años, cuando la Torre Sur se desplomó. Era director ejecutivo de una empresa y antes había estado en el Ejército. El padre de ambos murió de cáncer en septiembre de 2006.
"No hay final", dice Emmelina. Su madre sigue yendo a misa todos los días, agrega, esperanzada en lo imposible.
Emmelina de Feo regresará a la Zona Cero este año para estar con otras personas que pasaron sufrimientos similares en los últimos diez años. Y oirá la lectura de los nombres de los muertos, entre ellos el de su hermano, como en años anteriores.
Algunas familias recibieron partes identificadas de los cuerpos de sus familiares, a veces apenas una mano o un hueso, y organizaron un entierro. Pero otros parientes como De Feo siguen esperando.
Más de 20 mil partes corporales, a menudo fragmentos óseos o restos de carne muy pequeños para ser atribuidos a alguien, son conservadas en seco en una gran tienda blanca en las instalaciones de la Oficina Central de Exámenes Médicos de Nueva York, en la 30ª avenida del East Side de Manhattan.
Los restos serán trasladados más adelante al Museo y el Memorial Nacional del 11 de Septiembre en el reconstruido World Trade Center.
El profesor Larry Kobilinski es director del Departamento de Ciencias Forenses en el John Jay College de Justicia Criminal en Nueva York, cuyos estudiantes participaron en la identificación de las víctimas del 11-S.
Según Kobilinski, pasarán "algunos años más" antes de que las técnicas de ADN estén lo suficientemente desarrolladas como para identificar todos los restos de los atentados. "En el caso del World Trade Center, no tenemos tejidos blandos, lo que elimina la posibilidad de identificación. Lo que te quedan son, en esencia, muestras de ADN", dice en una conversación con DPA. "Hemos llegado al punto de que esas muestras están tan desintegradas que no sirven (para el reconocimiento)", agrega. "La decisión ha sido guardar y conservar todo fragmento y mantenerlo seco y frío con la esperanza de que en el futuro, cuando la tecnología mejore, puedan ser identificados".
"No hay un final, no puedes", confirma Kobilinski el estado de ánimo de las familias que no tienen la certeza de lo que pasó con sus seres queridos. "No hay un final real hasta que tengas la prueba definitiva". Sin embargo, "la prueba no va a tener lugar, no en un futuro previsible", añade pese a que no descarta avances tecnológicos en algún momento.
En 2006, se encontraron más restos humanos en el tejado del edificio de 43 plantas del Deutsche Bank, ubicado unos 100 metros al sur de la Zona Cero y muy dañado tras los atentados. Eran más de 300 pequeños fragmentos de huesos.
Y en 2010, trabajadores encontraron 72 restos humanos cuando apartaban escombros en la Zona Cero y calles aledañas durante trabajos de reconstrucción.
Los ataques del 11-S representaron también un desafío forense único para los Estados Unidos, ya que se desconocía el ADN de muchas de las víctimas y sólo se contaba con restos y muestras minúsculas, en parte muy deterioradas. En ese momento, el país tampoco tenía capacidades para organizar la rápida identificación de más de 500 muertos.
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