Una hermosa mañana de domingo en el Castillo Brideshead, Lord Sebastian Flyte interrumpe una vaga conversación acerca de religión y moralidad porque desea sumergirse en los textos de la prensa amarillista. "Regresó a las planas del News of the World y dijo: "Otro jefe de scouts indecente ... Oh, no seas aburrido, Charles, quiero leer acerca de una mujer en Hull que ha estado usando un instrumento ... otros treinta y ocho casos fueron tomados en consideración para sentenciarla a seis meses -¡caramba!"
Y en su ensayo Declinación del asesinato inglés, George Orwell sabía exactamente cómo preparar el escenario para una placentera contemplación de la maldad humana: "Es una tarde dominguera, preferiblemente antes de la guerra. La esposa ya está dormida en el sillón y los niños ha sido enviados a una alegre y larga caminata. Usted sube los pies sobre el sofá, se acomoda los lentes en la nariz, y abre su News of the World. En estas placenteras circunstancias, ¿qué es lo que usted quiere leer?"
La respuesta de Orwell - "Naturalmente, acerca de un asesinato" - difiere significativamente de la preferencia de Evelyn Waugh por desviaciones sexuales en Brideshead Revisited. Y quizá usted observará que ambos autores, o sus personajes, están conscientemente "visitando los barrios bajos" al optar por un periódico enfocado a los miembros menos educados del proletariado. Pero durante décadas, de hecho desde mediados de la era Victoriana, el News of the World era la fórmula triunfadora para la descripción del delito, la pobreza y el vicio. Lo brillante de la fórmula yacía en su memorable hipocresía: de hecho, en sus dos tipos diferentes de hipocresía venerable. Primero, las lamentables noticias de la fragilidad humana no eran reveladas con tácticas amarillistas y sensacionalistas. Eran presentadas más con tristeza que con ira, publicadas en un día sabático que aún estaba lleno de fuerza legal y moral, y que trataba de mostrar lo fácil que era caer de la gracia. En segundo lugar, sus reporteros y editores adoptaban un tono moral sumamente elevado. Llevaban a cabo la investigación de un burdel, por ejemplo, sólo hasta cierto punto. Una vez que se había llegado a un determinado punto de complicidad, hacía su aparición una frase que llegó a ser célebre tanto impresa como en los tribunales: "En esta etapa", entonaba solemnemente el reportero, "inventé una excusa y me retiré." Se consideraba que este grado de distanciamiento era esencial para revelar adecuadamente el caso.
Debe dársele crédito a Rupert Murdoch y a sus subordinados. ¿Se apoderaron del viejo News of the Screws o Nudes of the World y lo convirtieron en un periódico en el que la pregunta no era qué tan bajo podía caer la pobre naturaleza humana, sino más bien en si existe algo, por más depravado que sea, que impida convencer a un reportero de que lo haga. Debe admitirse que ésta no es una pregunta nueva en el folclore de Fleet Street. Al describir la manada de reporteros con una misión en su obra maestra Scoop (Primicia) fue Waugh quien observó uno de sus vínculos más estrechos. "Juntos habían esperado ante muchas puertas y forzado el ingreso en muchos hogares sumidos en la desgracia". Como insignificante aprendiz de reportero recuerdo que siempre me decían que me asegurara de llevar un compañero si se planeaba una visita a un hogar recientemente violado o enlutado. "En esos casos siempre te ofrecen una taza de té, así que tú puedes ir a la cocina con ellos, y entonces tu compañero tendrá tiempo de sobra para tomar las fotografías familiares de encima de la chimenea".
Por supuesto, el puñado de personas visitadas diariamente y sujetas a estas despiadadas intrusiones se muestran muy alteradas y distraídas. Pero el efecto opuesto se produce en los muchos millones de personas que no son violadas y que ardientemente desean saber acerca de aquellos que sí lo son. Cuando los reporteros hablan tan fácilmente de la gran influencia que los diarios de Murdoch ejercen sobre los políticos, a lo que se refieren realmente es a los lectores de esos diarios. Su única y gran gracia radica en saber lo que ellos desean. Y lo que desean es la invasión de la privacidad - lo más posible. (En la novela de Michael Frayn sobre Fleet Street, The Tin Men, que es la única que rivaliza con Scoop, los grupos de enfoque son preparados para contestar preguntas acerca de las necesidades de la prensa amarillista. En el caso de un accidente de aviación, ¿preferirían leer acerca de los juguetes infantiles encontrados entre los restos? Si una mujer ha sido atacada, ¿debe ser descrita como que fue encontrada con o sin su ropa interior? (Sí, lector querido, usted también es un hipócrita.)
La reacción comparativa del escándalo entre los dos principales partidos políticos de la Gran Bretaña probablemente pueda resumirse como más o menos igual. Sucesivos gobiernos laboristas mantuvieron relaciones mucho más largas y cordiales con Murdoch, en tanto que el líder conservador David Cameron llegó a emplear a un ex editor de News of the World - quien está involucrado en el escándalo de las interferencias telefónicas - para un alto puesto de la prensa oficial. En tanto, Cameron, aparte de la política profesional, no ha seguido otra carrera salvo la de relaciones públicas de algunas empresas de TV.
El aspecto menos comentado de todo este escándalo es el siguiente: la mayoría de las acusaciones de prácticas cuestionables contra el pulpo de Murdoch provienen de otro periódico. Bajo la dirección de Alan Rusbridger, The Guardian ha estado ocupado en violar una regla implícita del negocio de la prensa británica - la que dice que "perro no come perro". La oficina del primer ministro se mostró incapaz de llevar a cabo una investigación; los tribunales y los procuradores al parecer no tienen idea del estado de la ley, y la policía estaba demasiado ocupada cobrando sus cuotas como informantes. Debe admitirse, por supuesto, que usualmente estas instituciones no tienen la atribución de mantener honesta a la prensa. (De hecho, podría jurar que todo el concepto es exactamente lo opuesto.) Aun así, es alentador registrar que cuando la prensa necesitó una buena limpieza, hubo otro diario dispuesto a encargarse de esa tarea.
Durante el mismo periodo, Rusbridger y The Guardian formaron el extremo del consorcio de medios de comunicación en Londres que trató de imponer algún elemento para seleccionar y dar prioridad a todo el lío en que se ha convertido WikiLeaks. Ahora bien, aquí había una seria revelación - parte de ella obtenida mediante invasión de la privacidad - sobre asuntos de verdadera importancia. Lo que llama la atención acerca del material en News of the World es su implacable nulidad: cuando le pasan cosas crueles a gente sin importancia, o cuando cosas sórdidas le ocurren a gente famosa. Sensualidad y voyerismo proporcionan la energía. Una especie de Ley de Gresham empieza a impulsar las noticias, o más bien a hacer de lado la información real mediante oleadas de chismes y populismo. En este sentido, también, es mucho lo que está en juego en la batalla entre la perspectiva mundial de Murdoch y la de The Guardian.
Slate Magazine
Distribuido por The New York Times Syndicate
Más Noticias
Un hombre mata a una mujer a tiros y después se suicida en Zaragoza
El suceso ha ocurrido en torno a las 09.23 horas en la calle Cardenal Cisneros, en el barrio de Las Fuentes

“Gracias por tanto, maestro”: el mundo del fútbol y el periodismo despide a Cherquis Bialo
Distintas personalidades e instituciones recordaron al periodista, autor de textos inolvidables

Un Tal Fredo aclara que su boda no ha ocurrido; evento con Carlos Rivera fue un “Icebreaker”
El influencer festejó junto a su prometido e invitados un evento lleno de sorpresas previo a la ceremonia principal

“No se registran zonas inundadas”: Cundinamarca supera emergencia, pero alertan más lluvias
Facatativá logró controlar el 95 % de las inundaciones, pero el IDEAM advierte que las lluvias se intensificarán en los próximos días

Un 25% de los españoles que intentan obtener una licencia de armas no superan los exámenes
Un 5% de los que se presentan ven denegado o revocado el permiso al detectarse antecedentes penales o policiales
