El brasileño Arthur Friedenreich tenía por costumbre llegar al vestuario un largo rato antes que sus compañeros. "El Tigre", fruto del amor entre un blanquísimo alemán y una hermosa mulata, había nacido con la piel demasiado oscura para ser aceptado en el oligárquico círculo futbolero de San Pablo de principios del Siglo XX.
Por ello, para vivir su apasionado romance con la pelota, Friedenreich comenzaba muy temprano a prepararse para cada partido: con un fijador especial y un gastado peine, se atusaba el pelo para que los rulos desaparecieran y dejaran, en su lugar, lacios mechones "europeos". Asimismo, el polvo de arroz, esparcido con esmero por el rostro, los brazos y el dorso de las manos, obraba de maravillas para clarificar la epidermis.
Los compañeros del "Tigre" sabían que una rama de su árbol genealógico llegaba hasta África, pero nunca cometieron la infidencia de revelar el gran secreto, temerosos de perder al mejor jugador de la Ligapaulista. Friedenreich, a quien se le acredita la fantástica suma de 1.354 goles en 25 años de carrera, hubiera sido echado de inmediato de los campos reservados para la "high society".
La "polenta" del gran delantero trascendió la frontera del estado de San Pablo y "El Tigre" fue convocado para integrar la selección en la Copa Américade 1919, la primera organizada por Brasil. El 29 de mayo, en Las Laranjeiras -histórico escenario del club Fluminense de Rio de Janeiro- 26 mil personas gritaron el único gol del partido con el que la escuadra local superó a la de Uruguay para conseguir su primer título continental. ¿El autor de la trascendental conquista? Friedenreich.
Lamentablemente, tanta gloria no fue suficiente para que el gran héroe viajara a las ediciones de la Copa Américade Chile 1920 y Argentina 1921. Al presidente brasileño Epitácio Pessoa se le cruzó la descabellada idea de prohibir la incorporación de jugadores de raza negra a la selección, y nada le importó la calidad del notable artillero a la hora de exigir que se cumpliera su caprichosa voluntad. La historia de Friedenreich había salido a la luz y ya no alcanzaba con el polvo de arroz para ocultarla.
Los resultados del equipo brasileño en esas dos competencias fueron muy flojos, y en 1922, cuando el torneo volvió a Rio de Janeiro, los directivos acudieron al despacho de Pessoa para rogarle que revirtiera la irracional medida: le señalaron que un nuevo título caería como un bálsamo en el ánimo del pueblo y que "El Tigre" era imprescindible para ganar. A regañadientes, el mandatario accedió a indultar al mestizo.
Brasil volvió a contar con su estrella y, aunque Friedenreich pudo disputar apenas dos encuentros, a causa de una lesión, el equipo, envalentonado, consiguió su segunda Copa América tras derrotar a Paraguay por 3 a 0 en un partido de desempate.
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