Las casas antisísmicas no son sólo para países ricos

Lo aseguró un especialista. Según dijo, "hasta construyendo con madera y adobe pueden aplicarse normas preventivas en la arquitectura de zonas de riesgo"

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Cuando se habla de construcción antísimica, los no entendidos pueden pensar que ésta debe ser rígida y de estructuras muy sólidas. La clave en realidad está en la flexibilidad con la cual un edificio pueda enfrentar las sacudidas. Si la construcción ofrece demasiada resistencia, se rompe. Una estructura flexible, con movilidad, puede resistir mejor las sacudidas de un terremoto.

Un ejemplo son los cimientos: si éstos son muy profundos, con amplias vigas, se estará ofreciendo más lugar al empuje desde abajo; a la inversa, con pilotines pequeños que trabajan por rozamiento evitaremos estos embates. Los japoneses han sido muy imaginativos en esto. Un gran edificio en Tokio fue construido sobre un solo pilote sosteniendo una plataforma sobre la cual se edificó el inmueble. La idea fue inspirada por la imagen de la bandeja que lleva el camarero de un restaurante: sosteniéndola con una sola mano y moviéndose todo el tiempo, logra que tazas, platos, vasos o botellas hagan equilibrio sin caer.

Otro aspecto importante de la construcción antisísimica son las instalaciones de gas y de electricidad. Hemos visto en estos días por la televisión la gran cantidad de incendios en las zonas afectadas por el terremoto de Japón. Para evitarlo, se debe prever el aprovisionamiento de una gran cantidad de agua, por ejemplo, rodeando de fosas conectadas entre sí a los grandes edificios.

Ahora bien, no debe pensarse que la aplicación de normas preventivas en zonas telúricas implica costos muy superiores en la construcción. La buena noticia, para países en desarrollo como los de nuestra región, muchos de los cuales han padecido terremotos devastadores (Haití, México, Perú, Chile, Ecuador, la Argentina en su región noroeste, etc), es que pueden construirse casas antisísmicas con pocos recursos.

El 4 de febrero de 1976 hubo un terremoto en Guatemala, registrado en la escala de Richter mayor a los 7,5 grados. El saldo fue de 23.000 muertos. Y más de un millón de personas quedaron sin hogar por la destrucción de 250.000 viviendas. Esta paradisíaca nación ya había sido teatro de sucesivos fenómenos de origen volcánico y numerosos sismos. En verdad, toda Centroamérica sufre las consecuencias de los desplazamientos de las Placas del Caribe, la de Norteamérica y la de los Cocos, en el Océano Pacífico. Los sismos han sido atestiguados por gran cantidad de documentos ya desde el período colonial e incluso en relatos de origen maya.

El área del terremoto de 1976 abarcó una franja de 350 km por 80 km, especialmente en la falla del río Motagua. Guatemala, la capital, dañada o destruida reiteradas veces, también fue afectada por el sismo de 1976.

En esta ocasión, el país centroamericano apeló a la ayuda internacional. Entre otras muchas iniciativas, se conformó un Comité Ecuménico que coordinó los esfuerzos de la Iglesia Católica y del Consejo Mundial de Iglesias (protestantes y ortodoxos). Con el aporte de voluntarios y expertos de muchos países -arquitectos, asistentes sociales- se encaró la construcción de dos asentamientos en la capital a través de la modalidad de la Ayuda Mutua (donde los participantes, futuros beneficiarios del proyecto, con dirección técnica, construyen ellos mismos sus casas y los edificios comunes).

Las 1800 casas, colegios, salones de usos múltiples y capillas de esos barrios (Sakerty y Tierra Nueva), además de otras casas en una decena de aldeas del interior (a razón de 60 viviendas por cada una de ellas) y 17 escuelas -con los padres de los alumnos como albañiles-, que se edificaron con este método económico y de ayuda mutua, son construcciones antisísmicas, hechas con bloques de cemento, arena y granulado volcánico. Los cimientos son pilotines de 20 cm de diámetro con un solo hierro de 8 doblado en dos, viga de cimientos, columnas pequeñas, vigas de cintura a altura de ventanas y arriba de las mismas y vigas finales para el techo que es de madera y chapas de aluminio. Cada vivienda tenía 56 metros cuadrados, tres dormitorios, sala, cocina y baño completo, con lavadero externo.

Insisto: lo antisísmico no es sólo para países ricos. Hasta se pueden fabricar casas sencillas de madera que podrán hacer frente a los terremotos. Y las puede hacer la propia gente afectada, con dirección técnica. En Guatemala hemos visto construir con adobes (mezcla de barro y paja) casas bajas terminadas con vigas a nivel de dinteles, con tablones unidos en las esquinas por clavos de madera. O bien combinando paredes de adobe hasta las ventanas y luego madera. Es decir que las viviendas individuales pueden ser hechas con presupuestos modestos. Claro que si se trata de edificios de varios pisos, éstos requerirán la acción de ingenieros especializados que calculen con profesionalidad las estructuras, pero puedo asegurar que los costos no son mucho más elevados que los de una construcción tradicional.

Por Angel Peiró, geógrafo, maestro mayor de obras. Represesentante fraternal del Consejo Mundial de Iglesias en Guatemala (1976-80)