Fue el 2 de marzo de 2003. La profecía de Luis Barrionuevo ("si no hay boletas del PJ, no hay elecciones") se hizo realidad, y escribió una de las páginas más negras de la historia electoral de Catamarca: el gastronómico y sus seguidores impidieron que se realizaran los comicios, ante lo que calificó como una "proscripción" de su candidatura.

El conflicto comenzó luego de que la Justicia catamarqueña inhabilitara la candidatura del sindicalista, por no cumplir el requisito de cuatro años de residencia efectiva inmediata a la fecha de los comicios que establece la Constitución local.

Las imágenes se parecieron más a una situación anárquica que a una provincia que iba a elegir a su nuevo gobernador: militantes del "barrionuevismo" realizaron piquetes en las inmediaciones de las principales escuelas en donde se debía sufragar.

"Se trata de un personaje (Barrionuevo) que no puedo controlar. Esas fueron las textuales palabras del Presidente (Duhalde)", reveló el entonces gobernador, Oscar Castillo, en la misma conferencia de prensa en la que anunció que le ponía fin a los comicios.

Fiel a su estilo, la respuesta de Barrionuevo fue contundente. "Acá el gobierno nacional no tuvo nada que ver. No necesito ni de Duhalde ni de Menem", desafió en un discurso ante cientos de militantes que gritaban que "se va a acabar la dictadura radical".

El plan de Barrionuevo de ese día fue claro: sembrar el caos, sobre la base de una estrategia que se encargó de focalizar los incidentes en los puntos de votación y que incluyó desde piquetes, para impedir el acceso a los centros de votación, hasta el asalto directo de las escuelas para robar y romper las urnas, como ocurrió en varios departamentos del interior.

Cerca de las 10: 30 de la mañana, y tras una tensa reunión de Gabinete, el gobernador Castillo aceptó lo inevitable, aunque sólo dos horas después hizo pública la suspensión con fuertes críticas a Barrionuevo y denunciando que en el escándalo había participado "un grupo de gente foránea, muchos de los cuales están armados".

Como imagen pintoresca en medio del escándalo, quedó la del diputado radical Horacio Pernasetti, quien no tuvo mejor idea que abrazarse a la urna y esconderse en el cuarto oscuro cuando un grupo de militantes justicialistas entró en el colegio en el que era fiscal para detener el comicio. Lo hizo cuando varias mesas ya habían sido arrojadas al patio, donde se empaparon por la fuerte lluvia que caía en ese momento. Allí estaba anotado para sufragar Luis Barrionuevo.

Finalmente, las elecciones se realizaron el 24 de agosto, y el actual mandatario provincial, Eduardo Brizuela del Moral se impuso con el 50% de los votos, sobre Liliana Barrionuevo, la hermana del gastronómico, quien no pudo revertir la inhabilitación judicial.