En una ciudad híper erotizada como Miami -el clima, la playa, la tolerancia-, cada noche de viernes a las 11 la venezolana Jean Raskin conduce en Caracol 1260 A calzón quitado, un show [] en el cual se elige el lenguaje más sencillo, como indica el nombre, para hablar de temas en ocasiones difíciles. Y un punto de vista retro, casi conservador, para enfocar el estándar liberalizado de los tiempos modernos.
"¿Cómo está el sexo con tu esposo?", le pregunta a una oyente. "¿Pero lo hace cuatro veces al día compulsivamente, o a ella le gusta?" "¿Fue que el amor cambió de lugar o que la variedad te produjo la excitación?" "¿Así que tú recomiendas infidelidad? Yo recomiendo lo contrario, fíjate. Tú necesitas un leasing."
Desde las preferencias individuales hasta el modo en que la sexualidad impregna cada acto de la vida ("todo lo que hacemos y decimos, el modo en que nos relacionamos"), los temas se suceden en el programa: las disfunciones, la diversidad sexual, los celos, el orgasmo, el sexo sin amor, los juguetes eróticos, las relaciones en la tercera edad, el sexo en la iglesia, la masturbación, los swingers.
Su práctica clínica es una ventana a los temas del programa: "Lo que veo en la gente que consulta es una mujer sumisa, un hombre machista, también un hombre machista y eyaculador precoz (que es demasiado, ¡demasiado!) y una mujer muy abandonada. Al ver a la mujer estadounidense, que muchas veces está muy liberada, la latinoamericana da un pequeño alarido, 'yo también soy liberada', pero no es así. Porque liberada significa sola".
Si hiciera un mapa de la vida sexual de los latinos en los Estados Unidos, ¿qué puntos se destacarían?
Veo mucha perversión como norma. La perversión es un término que hay que tratar con cuidado, se usa con facilidad y no se sabe qué es. Por definición es todo lo que no es normal, lo que afecta a uno en el goce y al otro produce placer. Un sádico, por ejemplo, disfruta de lo que a otro le da dolor. Lo que veo es que cada día hay más perversitos. ¡Dentro de poco vamos a ver a un fetichista casándose con su zapato! Va a decir: "¿Por qué no? Si Ricky Martin tiene hijos siendo homosexual, ¿por qué no me puedo casar con mi zapato?".
¿A qué lo atribuye?
Son conductas torcidas porque la sociedad está torcida. El 70 por ciento de la población latinoamericana no sabe dónde está uno de sus padres o vive con otra familia. La sexualidad tiene que ver con los padres, con lo que uno vivió. Cuando uno camina aferrado a un padre de cada mano, anda seguro, pero cuando anda aferrado de un solo lado, hay que ver cómo le salen los primeros pasos. Las familias hoy las hacen los padrastros, las madrastras, los hermanastros.
Sexo fugaz y amor líquido
¿En qué modifica la sexualidad esta nueva familia?
La gente se va a la cama antes de conocerse. Antes, en la época de María Castaña, la gente se conocía y después se iba a la cama. Ahora van a la cama y se preguntan: "¿Me repites tu nombre, por favor?" Inclusive se casan primero y se conocen después. Como el amor y el enamoramiento son cosas distintas, cuando pasa el periodo de en-amor-(a)miento, cuando se llega la verdad unos dos o tres años dentro de una relación, la gente dice: "Pero tú no eras así". Mentira. Era la fantasía.
¿Y qué sucede entonces?
Van a ir a una clínica o van a ir dándose golpes por la vida. Hasta que la gente no se plantee otras soluciones más allá del divorcio, la separación, el grito o la pelea, el amor seguirá siendo desechable. Así como tantas cosas del mundo contemporáneo se volvieron desechables, el amor también se volvió desechable. ¿Cuántos novios puede haber tenido una muchacha de hoy a los 30 años? Ya nada es permanente.
En sus últimos programas ha hablado del amor líquido: ¿toma el concepto de Zygmunt Bauman?
Sí, de su idea de que la liquidez define a nuestra época. El amor líquido habla de la temporalidad: nada se sostiene, nada perdura, y el amor se nos va de entre las manos como un líquido. Las parejas duran lo que dura un secuestro express. Se conocen y a los seis meses se casan: hay mujeres que tardan más en comprarse un zapato que en elegir marido. El amor a primera vista no existe: es deseo, es gusto, es química, pero no es amor. Amor es que se dieron todos los golpes y duraron juntos.
¿Existe el sexo líquido?
Claro, el sexo también se vuelve líquido, cosa de una noche. Y eso genera vacío. Aunque sean las maravillosas noches de verano. Al final, lo que se sostiene en el ser humano es el amor. Pero si el amor se consume y se desecha, la gente termina por decir que no cree en el amor. Así se corre el riesgo de no verlo: si le pasas por al lado no lo reconoces porque ya no lo buscas. La gente se desesperanza, aprende a vivir en soledad y no se escucha. La soledad permanente es algo fuerte a lo que nos está llevando la sociedad actual. La gente vive sola con los dildos, con los contactos en Internet, con el mensaje de texto. El mensaje de texto es lo que era la carta de amor. Esta inmediatez se contradice con la necesidad de espera que tiene el amor.
¿Esa inclinación por el amor no es una característica del ánimo latino?
No solamente. Todos buscamos el amor, en el fondo, y se nos vuelve líquido por el apresuramiento. El amor es como una sopa: hay que cocinarlo, dejar que los ingredientes se integren. No sale bien con apresuramiento. Por eso en el apresuramiento en que vivimos hoy en día sentimos que nos comemos un ají picante que nada en la sopa. La soledad, la depresión, el bajo deseo sexual: los tres problemas están asociados al modo en que vivimos, al hecho de haber perdido los valores, de que no haya familia, de que no nos importe el otro porque se consume y se desecha, del mismo modo que al otro tampoco le importa nada fuera de su goce.
De la propia experiencia
Raskin ejercía la psicología cuando la invitaron a hacer un programa sobre sexo en televisión. "Necesitaba respaldo académico", dice que sintió. Comenzó a hacer la especialización y encontró que su historia personal la llevaba casi naturalmente hacia esos estudios. "Yo fui una embarazada precoz: tuve un hijo a los 16 años. No sabía nada de sexo: había sido educada por las monjas. Si bien estoy agradecida a la vida por mis hijos, pensé que si podía ayudar a que una adolescente como yo no viviera las consecuencias de la ignorancia, esto valía la pena."
Siempre había creído que su sexualidad había sido "muy normalita". Pero un dato de su historia se contradecía: fue obesa. "Busqué cómo rebajar por todos los medios, desde acupuntura hasta la pastillita de moda. Al final me dije 'Algo me pasa'. Y observé qué pasaba con mi sexualidad. Porque no era normalita como yo creía. Mi sexualidad, como la de todas las gordas, era la de una mujer abandonada. Cuando descubrí que mi esposo tenía que ver en lo que me pasaba y me divorcié, cambió mi vida."
¿Cuáles son las cuestiones de sexo que más preocupan a los latinoamericanos?
La disfunción eréctil, a pesar del Viagra. En el caso de las mujeres, el deseo, para lo que no se ha inventado una pastilla. La eyaculación precoz preocupa mucho a los varones; también el bajo deseo sexual, que dejó de ser patrimonio de las mujeres. Encuentro hombres con bajo deseo sexual que andan drogándose, por ejemplo, o alcoholizados, y no ven la relación entre el alcohol y su cuadro. Son hombres deprimidos que no llegaron a preguntarse por qué se drogan, por qué beben. Hasta que hallen, la respuesta el síntoma -bajo deseo sexual-no va a desaparecer. Además, el impacto de la migración en el sexo es muy fuerte. Cuando una persona enfrenta cambios en la geografía, la cultura, las finanzas, el manejo de tantas variables y tantos estímulos influye en la sexualidad. Ahora, además, hay que agregarle la crisis. Esos cambios en el ser humano lo primero que afectan es la sexualidad.
¿Hay un choque cultural en el plano del sexo?
Sí. Y lo que va a pasar con el tiempo es que los latinos nos vamos a americanizar. No veo a los americanos latinizados. La gente quiere gozar y el americano goza más porque es más desinhibido.
De eso no se habla
¿Qué inhibiciones afectan a los latinoamericanos?
Lo que más aparece es el miedo a no satisfacer a la pareja. Se plantean el sexo como un trabajo, o como si fueran máquinas. En vez de ir a gozar al sexo, van a hacer gozar al otro. Pero nadie nos puede hacer tener un orgasmo, cada quien debe tener la capacidad física y mental. La latinoamericana se queja del hombre en la clínica o en la radio, pero a él no se lo dice. "Eres una maravilla", escucha él. Pero a mí me dicen "No me gusta", "Qué voy a hacer", "El sexo no es todo". Eso refuerza la ignorancia. El problema de la eyaculación precoz, por ejemplo, se puede resolver en tres meses; en cambio, hay gente que pasa veinte años en eso por miedo a hablar del tema.
¿El programa canaliza preguntas porque permite el anonimato?
Exacto: la gente pregunta sin identificarse, y muchos inventan nombres. Eso quiere decir que los latinos tienen miedo a hablar de sexo. Inclusive con su propia pareja: miedo a decir qué les gusta y qué no les gusta. Es más: mienten. La mujer miente los orgasmos para conseguir el amor, el hombre miente que va a amar para que ella sea una de las tantas que le brinda sexo.
¿No suena conservador?
Es culpa de que la mujer latinoamericana vea esas novelas estúpidas que le venden la idea del amor idealizado, del pobre con el rico... Hay que apagar la La gente tiene que dejar televisión y sentarse a hablar del amor y la pareja. Y no solamente las novelas: también los programas de chismes, los reality shows. Si pasas meses siguiéndole la vida a alguien, estás siguiendo una novelita que nada tiene que ver contigo. Los latinoamericanos se ocupan muy poco de sus sentimientos y su sexo".
¿Cómo afecta la experiencia migratoria la vida sexual del latinoamericano?
Las parejas se unen muchísimo o se desunen. En Miami los hombres se vuelven locos, como si estuvieran en un banquete: cubanas, venezolanas, argentinas, colombianas... El modelo de sexualidad estadounidense es muy diferente, con lo cual la comunidad latina se resiente mucho de ese crossover. Sube el promedio de embarazo precoz, enfermedades de transmisión sexual y disfunciones.
¿Cuáles temas interesaron más a los oyentes de A calzón quitado?
El sexo en la Iglesia: porque todo el mundo sabe que el 95 por ciento de los curas tienen sexo y no lo dicen. Los juguetes eróticos: porque el uso de dildos y otros juguetes eróticos es bajo en la población latina, excepto entre los argentinos, los brasileños y un poquito los colombianos. El amor sin sexo: porque no hay peor soledad que la que se da con otro. Porque estar solo es soledad, pero cuando la ves caminando, la escuchas hablando, te llama por tu nombre, esa soledad duele más.
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