¿En qué lo percibe?
Es un dolor como cuando perdí a mi padre. Yo percibo la ausencia de mi padre en todo momento y en todo momento sé que no estoy en mi país. Es mi realidad, es parte de quien yo soy, como ser alta y tener el pelo castaño.
Usted habla de la variedad de gente que emigró desde el puerto de Mariel, una mirada opuesta al prejuicio habitual. ¿A qué atribuye esa cristalización?
A la general falta de interés por la verdad sobre Cuba. Hay una serie de conceptos, en los Estados Unidos y en el mundo entero, que prevalecen y son muy difíciles de cambiar. Todos tenemos opiniones de ciertas cosas y es más fácil mantenerlas que cambiarlas: para cambiarlas tenemos que hacer un poco de tarea, conocer a personas diferentes, leer, ir a conferencias, exponernos a otros puntos de vista...
Aunque parezca mentira, porque parece que en los Estados Unidos hay un profundo interés por Cuba, prevalece una nostalgia barata y falsa sobre un pasado que nunca fue ni tan muy ni tan tan. No hay interés por cambiar ciertos esquemas sobre la Cuba pre-revolucionaria, por ejemplo, o de después de la revolución.
También en la isla la crisis del Mariel ha sido silenciada. ¿Por qué?
Desde el punto de vista oficial ha habido silencio porque es un tema difícil, que no interesa escarbar: fue la única vez que al gobierno cubano se le fue un poco de las manos el control de la población. Pero desde el punto de vista de la población, el año pasado descubrí algunas cositas, incluyendo una obra de teatro, Huevos, respecto al Mariel, sobre la que escribí una columna.
Usted describe a su ola migratoria como atrapada entre dos generaciones. ¿A qué se refiere?
Creo que hemos sido una suerte de traductores culturales. No me gusta dividir al exilio en grupos, lo hago sólo para tratar de entender las distintas mentalidades. Los que se fueron antes que nosotros se fueron de una Cuba que ya no existía cuando nosotros estábamos en Cuba, y nosotros nos fuimos de una Cuba que ya no existe. En su momento, fuimos los traductores de aquella Cuba; hoy no me atrevo a traducir nada.
Lo único que nos distingue es que vinimos de una Cuba comunista, que es distinto de la Cuba de la que vinieron los que llegaron primero; pero ya no conocemos a la Cuba actual como la conocen los que salieron de Cuba últimamente o incluso los que vivieron el Periodo Especial (la gran crisis económica tras la caída de la Unión Soviética). Oigo las historias de Cuba del Periodo Especial y sé que son ciertas, pero a la vez me parecen increíbles. Y oigo historias de Cuba ahora y me parecen todavía más increíbles. Mi relación con Cuba es afectuosa y espiritual, pero no del día a día.
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