Varios factores llevaron a un un país que hasta hace poco tiempo era mostrado como modelo por gurúes y analistas (la Argentina de los 90, también lo fue) a tener que rendirse a un auxilio económico de 90 mil millones de euros.
Es impresionante cuán rápido se deterioraron las principales variables económicas. El fenómeno se precipitó como una montaña rusa, desde lo más alto a lo más bajo.
En 1987, el ingreso per cápita de la República de Irlanda rondaba el 63% del del Reino Unido. De 1990 a 1995, la economía irlandesa creció en más de un 5% al año, y de 1996 al 2000, llegó a más del 9% al año.
Irlanda tomó un curso de acción más radical que incluyó recortar el gasto, abolir agencias gubernamentales, e impuestos y regulaciones. Una nación de 4,6 millones de habitantes sorprendía porque era una de las más buscadas por la inversión extranjera, especialmente en empresas de tecnología, gracias, también, al elevado nivel educativo de su pueblo.
Hasta hace un año, el nivel de endeudamiento del país (ratio deuda/PBI) era de los más bajos de la Unión Europea (41%), y el bono público a 10 años pagaba una tasa de interés del 0,25% por debajo del alemán, considerado como parámetro de bajo riesgo en el continente. Sobraba el crédito para el consumo y para comprar viviendas. Los bancos, con exceso de liquidez, prestaron sin mirar a quién.
Entre 2000 y 2005, el crecimiento medio del PBI de Irlanda fue de 6,1%, el doble de la media europea. Benjamin Powell, académico de Cambio Social en el Mercatus Center, escribía por aquellos años que "un ambiente político que promueve la libertad económica, que le permite a los empresarios privados generar desarrollo económico, fue la clave para crear al «Tigre Celta»".
El viento de cola aseguraba el futuro. Los analistas estimaban que la economía irlandesa podía crecer alrededor de un 5% hasta el final de esta década.
No fue así. Fue el primer país de Europa en entrar en recesión. El desempleo pasó del 4,7% al 11,8% en 2009, y tras más de diez años consecutivos de superávit fiscal, el déficit público equivale al 32% del PBI.
¿Qué pasó? Como sucedió en otros países europeos, el crecimiento de la economía impulsó una burbuja especulativa en el mercado inmobiliario que ahora se paga: los precios de las viviendas cayeron un 7,3% en 2007; un 9,1%, en 2008, y se espera una caída del 10% para este año.
La crisis financiera por el exceso de activos basura en los bancos golpeó tan fuerte tanto en Irlanda, como en los EEUU. Con las nubes de tormenta muy cerca, los votantes eligieron como primer ministro a uno de los héroes del milagro económico: el cara de bonachón Brian Cowen (foto), anterior ministro de Finanzas.
El gobierno irlandés intentó primero capitalizar los bancos en problemas (AIB, Allied Irish y Bank of Ireland), pero luego tuvo que rendirse ante la evidencia de que la nacionalización temporaria era inevitable, medida que se adoptó para salvar al AIB del cierre (esta entidad pasó de valer US$26.500 millones en 2007 a US$660 millones).
Luego inyectó dinero a la economía para revivirla. Todo este plan de rescate -muy rechazado por los ciudadanos- se llevó 400 mil millones de euros de los ahorros de los años de vacas gordas.
Irlanda tiene dos problemas: la crisis inmobiliaria, que dejó 300 mil viviendas vacías por remates hipotecarios, y la hotelera, que genera un excedente del 25% de las habitaciones existentes.
Muchos irlandeses no pudieron seguir pagando las hipotecas. Según el Instituto Nacional de Análisis Regional, "existen 621 complejos de propiedades fantasmas en Irlanda, entendiéndose por un complejo "fantasma" un conjunto habitacional donde más de la mitad de las viviendas están vacías o sin acabar".
El caso de los hoteles es muy similar. Irlanda se convirtió en un país con una industria turística muy poderosa, de estudiantes y de trabajadores de alta calificación que buscaron allí las oportunidades que no encontraban en sus lugares de origen, como España o prácticamente cualquier otro lugar de la Unión Europea.
Lo que sigue no es fácil. El plan de cuatro de años de ajuste a cambio del auxilio de la UE y el FMI prevé reducción de salarios, un nuevo impuesto a las propiedades, el despido de 28 mil empleados públicos, menos beneficios sociales y previsionales.
Este año se espera, además, una dura recesión.
"Los bancos irlandeses serán más chicos en el futuro", ya adelantó el ministro de Finanzas, Brian Lenihan (foto).
Un miembro del gabinete que no está tan pendiente de los números, Eamon O Cuiv, ministro de Protección Social, dio un toque de realidad apelando a la histórica cultura católica de Irlanda. "No todo está bajo control del gobierno. Hay que rezar por la economía", afirmó en reportaje por radio.
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