Suiza 1954: Alemania y su primer título

Infobae.com te trae la quinta entrega de la historia de los Mundiales. Reviví la campaña de Hungría, que tenía todo para ser campeón, pero tropezó con Alemania y se quedó sin título. Argentina y la tercera ausencia

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Por idénticas razones a las del Mundial de Brasil 1950, Argentina se negó a participar. Los tironeos entre la AFA y los jugadores, en reclamo de mejoras contractuales, ponían en jaque a una Selección que se perdió entre malas conducciones y caprichos propios de las esferas de nuestro fútbol.

Así, con Argentina mirando desde afuera, el Mundial de Suiza se avecinaba aventurero, con Uruguay como defensor del título, Brasil en busca de la revancha y la amenaza húngara, que contaba con una excelente calidad dentro de su equipo. Además de estos y el organizador, Alemania, Austria, Inglaterra, Yugoslavia, Turquía, Italia, Francia, Bélgica, Checoslovaquia, Escocia, Corea del Sur y México, se alistaban para competir.

En un año donde Juan Manuel Fangio conseguía su segundo título en la Fórmula Uno y Pascual Pérez se alzaba con el cinturón del peso mosca, el mundo posaba su mirada a Europa, donde la pelota volvía a rodar para iniciar el quinto Campeonato del Mundo.

Lo curioso y llamativo fue lo de la FIFA, quien dispuso el armado de cuatro grupos con cuatro participantes cada uno. En ellos había dos cabeza de serie, los cuales no se enfrentarían entre sí.

El puntapié inicial se dio el 15 de junio, con la victoria 1-0 de Yugoslavia sobre Francia. En el segundo turno, Brasil no tuvo reparos y goleó 5-0 a México. Luego, los subcampeones del mundo, empataron con los balcánicos y los galos vencieron 3-2 a México. Así, los dos cabeza serie del Grupo 1, avanzaron a la siguiente fase.

Por el Grupo 2, se dieron asombrosos datos para tener en cuenta. En sólo cinco partidos disputados, se anotaron 41 goles. Alemania venció 4-1 a Turquía en su debut, el 17 de junio, mientras que Hungría se posicionó como favorito al machacar 9-0 a Corea del Sur. En la segunda jornada, los húngaros, con una exposición fenomenal de fútbol, vapuleó a los alemanes 8-3, con una memorable actuación de Sándro Kocsis, autor de cuatro goles. En tanto, los turcos vencieron 7-0 a los surcoreanos y definían el pasaje a la siguiente fase en un desempate con Alemania. Fue goleada teutona 7-2.

En el Grupo 3, el vigente campeón, Uruguay, debutó el 16 de junio con un buen triunfo ante Checoslovaquia. Fue 2-0 en el Wankdorfstadion, ante 20 mil fanáticos. Más tarde, Austria le ganó 1-0 a Escocia. En el segundo partido, los charrúas no tuvieron problemas en pasar a los escoceses y ganaron 7-0. Por su parte, Austria obtuvo la clasificación al golear 5-0 a los checos.

Mientras tanto, en el Grupo 4, Suiza e Inglaterra obtuvieron la clasificación. Los locales vencieron a Italia (2-1) y perdieron ante los ingleses, que venían de empatar ante Bélgica 4-4. En el desempate por la clasificación, Suiza venció a La Azurra 4-1 y accedió a cuartos de final.

En la fase eliminatoria, Alemania derrotó a los yugoslavos (2-0) y esperaba por Austria, que, en un partido calificado como lo más tractivo de los Mundiales, derrotó 7-5 a Suiza. Uruguay le ganó a Inglaterra (4-2) y Brasil, quien tenía la chance de chocar ante sus verdugos celestes, perdió ante Hungría (2-4), en un partido marcado por el escándalo entre ambos jugadores, quienes se tomaron a golpes de puño durante y después del partido.

En semifinales se dio la lógica. Alemania llegaba potenciada por su juego físico, fuerte y eficaz. No tuvo problemas en dejar en el camino a Austria y depositar sus sueños en la final del Mundo. Su rival fue Hungría, con un fútbol notable, por la belleza y el trato de la pelota. De la mano de Kocsis y el magistral Feren Puskas, los húngaros derrotaron a Uruguay 4-2, en un cotejo con alta caballerosidad deportiva. Ambos equipos se fueron ovacionados del Stade de La Pontaise.

La final llegaba con antecedentes. Hungría ya había aplastado a Alemania en el Grupo 2. Por eso, un vino con hielo esperaba en el vestuario húngaro, parafestejar el inminente título.

Pero, tal como sucedió con Brasil en su Mundial, aunque en menor escala, las finales no se ganan con antecedentes, sino con hechos, fundamentos y, sobre todo, con goles.

El partido se jugó el 4 de julio en el Wankdorfstadion, con 60 mil espectadores. Hungría, en ocho minutos de juego, ganaba 2-0 gracias a los goles de Puskas y Zoltán Czibor. La pelota se movía con alteza de un lado al otro, pero a los diez descontó Max Morlock. Sobre los 18, los teutones llegaron al empate a través de Helmut Rahn, dejando el partido en la incertidumbre total.

En el segundo tiempo, hubo una lección futbolística de Hungría. Pero los palos, en tres oportunidades, y una soberbia actuación del arquero alemán, Toni Turek, le prohibieron adelantarse en el marcador. A seis del final, una contra letal de Alemania, terminó en los pies de Rahn, que sólo tuvo que afinar la precisión para desatar un festejo descontrolado. Los alemanes, con esfuerzo, concentración y un esmero envidiable, se consagraban Campeones del Mundo.

La frase de Puskas, un tiempo después, no alcanzó para cerrar la herida húngara, una herida que sólo el tiempo irá cicatrizando sobre cada sobreviviente de aquel tremendo equipo. "Fuimos los campeones morales", dijo "Pancho". Claro, no alcanzó.