Desde el año pasado, la muerte del espía ruso tiene en vilo al escenario mundial. Aunque cada vez son más los nombres que se suman a la lista de sospechosos, le mostramos los principales implicados en la causa.
ALEXANDER LITVINENKO: El antiguo agente del Servicio Federal de Seguridad (FSB, antigua KGB), asesinado en 2006 con una dosis letal de polonio 210, había pedido asilo político en el Reino Unido a causa de la "incesante persecución" que sufría por parte de los servicios secretos rusos.
Antes de morir, Litvinenko tenía una estupenda hoja de servicios: había ascendido de soldado raso a coronel del FSB. Pero su carrera se truncó en 1998, al denunciar públicamente una serie de acciones ilegales de los dirigentes del FSB, encabezado entonces por Vladímir Putin. Aseguró, entre otras acusaciones, que había recibido la orden de asesinar a Borís Berezovsky, entonces secretario del Consejo de Seguridad de Rusia y hoy exiliado en Londres y enemigo declarado del presidente ruso.
En Londres, Litvinenko continuó con sus denuncias y en 2002 fue el primero en acusar a los servicios secretos rusos de haber volado dos edificios de viviendas en Moscú en 1999, acto terrorista que fue atribuido por el Kremlin a terroristas chechenes.
En otoño de 2001, apareció en Nueva York su libro El FSB dinamita Rusia. Asimismo, Litvinenko colaboraba con la conocida periodista Ana Politkóvskaya, y, en octubre pasado, cuando ésta fue asesinada, inició su propia investigación.
ANDREI LUGOVÓI: El principal sospechoso del asesinato de Litvinenko fue también agente secreto y actualmente dirige una empresa privada de seguridad.
Ha sido interrogado por Scotland Yard por el caso y la Fiscalía británica cree que tiene pruebas suficientes para procesarle por la muerte de su compatriota, con el que se reunió el 1 de noviembre, el día en que este último cayó enfermo de forma repentina.
El Reino Unido reclamó a Moscú su extradición para procesarle por la muerte del ex espía, lo que él ha negado reiteradamente y ha acusado a los servicios secretos británicos de estar detrás del asesinato.
La Fiscalía General de Rusia ha rechazado la petición, lo que ha llevado a Londres a expulsar a cuatro diplomáticos rusos.
DIMITRI KOVTUN: También ex expía y actualmente empresario es socio de negocios de Lugovói, al que acompañó en su reunión con Litvinenko en Londres.
Ha sido interrogado por la muerte del ex agente secreto y tuvo que ser ingresado en una clínica de Moscú con los mismos síntomas que Litvinenko.
También se hallaron rastros de polonio 210 en el piso de su ex mujer en Hamburgo, donde pernoctó Kovtun de tránsito entre Moscú y Londres, antes de reunirse en la capital británica con el fallecido Litvinenko.
MARIO SCARAMELLA: Profesor italiano que almorzó con Litvinenko en el céntrico restaurante japonés Itsu de Londres el mismo día en que el ex espía enfermó.
En la reunión, Scaramella le pasó supuestamente documentos a Litvinenko relacionados con los presuntos asesinos de la periodista rusa Anna Politkóvskaya, cuya muerte investigaba Litvinenko.
MARINA LITVINENKO: Esposa de Alexander Litvinenko y el testigo más directo del sufrimiento del ex espía a consecuencia del envenenamiento.
Ha escrito junto a Alex Goldfarb, un amigo de la familia, el libro titulado La muerte de un disidente, sobre el asesinato de su marido.
BORIS BEREZOVSKY: El magnate ruso cuya fortuna personal asciende a más de 4.000 millones de euros ayudó a Litvinenko cuando llegó a Londres con su familia.
Ha asegurado en numerosas ocasiones que el ex espía le había salvado la vida. Fue uno de los empresarios y políticos más influyentes en la época del presidente Borís Yeltsin (1991-1999) y también contribuyó a la llegada del actual mandatario, Vladímir Putin, aunque más tarde cayó en desgracia tras convertirse en acérrimo oponente del Kremlin. Berezovsky acabó huyendo de su país tras las elecciones presidenciales de 2000.
ALEX GOLDFARB: Director ejecutivo de la Fundación Internacional para las Libertades Civiles, creada junto a Berezovsky y con sede en Nueva York.
Ayudó a Litvinenko a obtener residencia en el Reino Unido y durante los últimos días de vida del ex espía, no dejó de visitarle y se convirtió en su portavoz.
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