?A Dios, que con tu sabiduría omnipotente has determinado este derrotero de calvario, a ti invoco permanentemente para que me des fuerzas. A mi muy amada esposa, para que sobrepongas tu abatido espíritu por la fe en Dios. A mis hijos, para que sepan perdonar".
Así comienza el desgarrador e íntimo relato que el propio Larrabure, secuestrado y golpeado en forma salvaje, escribió de puño y letra.
En otro tramo, como un sabio mensaje a sus contemporáneos en la violenta década del 70, pero sobre todo a las generaciones futuras, el militar anotó: "Al pueblo argentino, dirigentes y dirigidos, para que la sangre inútilmente derramada los conmueva a la reflexión para dilucidar y determinar con claridad que somos hombres capaces de modelar nuestro destino, sin amparo de ideas y formas de vida foráneas totalmente ajenas a la formación del hombre argentino".
El militar fue secuestrado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) el 11 de agosto de 1974 durante el asalto a la fábrica militar de Villa María, Córdoba. Los guerrilleros capturaron del cuartel a Larrabure, de 42 años, y lo encerraron en lo que denominaban "cárcel del pueblo" -construida en el sótano de una casa de Rosario- durante poco más de un año, exactamente 372 días.
"Mi palabra es breve, sencilla y humilde; se trata de perdón y que mi invocación alcance con su perdón a quienes están sumidos en las sombras de ideas exóticas, foráneas, que alientan la destrucción para construir un 'mundo feliz' sobre las ruinas", afirma Larrabure sobre los extremistas que tiempo después lo fusilarían.
Su cadáver apareció el 23 de agosto de 1975, con signos evidentes de estrangulamiento y golpes. En la actualidad, su hijo Arturo Larrabure demanda que la muerte del militar sea considerada por la Justicia argentina como delito de "lesa humanidad".
De manera descarnada describe a sus captores: "Mis enemigos son medrosos y pusilánimes ante iguales y superiores. Impulsivos, cortantes y autoritarios ante inferiores, débiles, cautivos y desarmados. Valientes en las sombras, en la sorpresa, en la espalda o en el insidioso dardo arrojado por detrás a su oponente".
Con ironía define: "Una ´cárcel del pueblo´ la titulan. Lo del pueblo está de más, por cuanto se gobierna por sus legítimos representantes", en referencia al gobierno democrático de entonces, que había asumido en 1973. "¿Qué representan quienes se arroban el derecho de hacer purgar culpas con carceleros con capucha?.", se pregunta Larrabure.
Con precisión describe su celda como "un cuadrilátero de 2,20 de largo por 2 de alto y 1 aproximadamente de ancho. Aprecio que mi celda es una excavación porque carece de ventanas y una de las paredes laterales está burdamente revocada a cemento".
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