La dolorosa vida de la figura del fútbol francés

Lorik Cana no es un jugador perseguido por los medios, pero su historia le interesaría a cualquier periodista. Cuando era un niño escapó de su tierra para sobrevivir a la guerra y nunca imaginó que llegaría al lugar que hoy disfruta

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El nombre de Lorik Cana no significa nada dentro del mundillo del fútbol. Pero ocuparía un lugar importante si todos conocieran su historia de vida.

Cana, con sus 23 años, es, según los medios europeos, el mejor jugador albanés de todos los tiempos y una de las figuras de la Liga Francesa, donde defiende los colores del Olympique de Marsella. Pero los comienzos de su vida no fueron para nada comunes.

Cana nació el 27 de junio de 1983 en Kosovo. Cuando era muy pequeño debió abandonar el país para escapar de la guerra y se asentó en Suiza. Por herencia familiar (su padre, Agim Cana, también fue futbolista), Lorik se acercó a la pelota.

Ingresó al Lausanne Sports cuando era un adolescente. Allí no tardó en convertirse en uno de los pilares fundamentales del equipo y, por eso, en el 2000 el joven volante fue transferido al Paris Saint-Germain, uno de los clubes más populares de Francia. Debutó en Primera división en el año 2003 y, en esa temporada, fue clave para que su club ganara la Copa de Francia.

En el 2005, el panorama en la capital se complicó y emigró a Marsella para jugar en el Olympique, donde hizo todos los méritos para asegurarse un lugar entre los titulares. Por esas lindas cosas de la vida, su primer gol en su nueva institución se lo marcó a su anterior equipo, el PSG.

Hoy, Lorik Cana es prácticamente un desconocido en esta parte del mundo. Pero en Francia no es uno más. A él poco le importa, porque el peor desafío ya pasó y no fue dentro de una cancha, sino fuera de ella. Escaparle a una cruda e inexplicable guerra que puso en riesgo su vida y la de toda su familia.