Ante la aclamación del público, la banda ataca la primera canción de la noche, un elogio al más infame de los caudillos de extrema derecha de Colombia.
La audiencia canta junto al intérprete los entuertos en la vida de Carlos Castaño hasta su ascenso a la jefatura de un grupo de paramilitares de ultraderecha, responsable de exportar cientos de toneladas de cocaína y de docenas de matanzas.
La canción narra un episodio en que Castaño decapita al hombre que ayudó a secuestrar a su padre.
Es un concierto de narcobaladas, la banda sonora de la Colombia más oscura. Ese género rinde homenaje a los estilos de vida de los ricos y los peligrosos: narcotraficantes, asesinos, guerrilleros y paramilitares.
"Estas canciones son acerca de lo que está pasando en nuestro país; nosotros cantamos sobre los paramilitares, los guerrilleros y los narcotraficantes y a la gente le encanta", dijo a la AP Uriel Henao, el rey de este género, autor de "Hijos de la coca" y "Prefiero una tumba en Colombia (que una celda en Estados Unidos)".
Mientras los productores dicen que esta música está ganando seguidores en toda Colombia y en el extranjero, la sociedad la rechaza aquí. Las más grandes radioemisoras rehusan transmitirla porque consideran que ensalza aquello que vincula el país a la cocaína y la muerte.
Es una reacción comprensible dado el diseño de la carátulas de los discompactos que muestran mujeres en bikinis, montones de cocaína y armas superpuestas a imágenes del jefe Pablo Escobar, muerto por las autoridades en 1993 pero que sigue inspirando canciones.
Si uno se aleja de los bares y clubes elegantes para internarse en los barrios marginales o las zonas donde se cultiva coca, esta música está por todos lados como un recordatorio de la influencia que tienen la industria de las drogas y la violencia en la vida diaria de millones de colombianos.
Los productores dicen que las canciones llenan un vacío cultural en Colombia, en donde las canciones populares rara vez se apartan de los típicos temas de amor.
"Esta música se hace eco de los sueños de muchos de los pobres en país", dijo Alirio Castillo, productor de la serie titulada "Corridos prohibidos".
"Esta música es la más importante en las regiones marginales, esos lugares en donde viven la miseria a diario y los problemas de nuestro país", añadió.
Una canción de los Hermanos Pabón se llama "Gracias a la coca" y rinde homenaje al arbusto con el que se fabrica cocaína.
"Cambié el maíz por amapola y todo el café lo cambié por coca... todo lo que tengo ahora es gracias a la coca", dice la pieza que enumera el dinero, lujos, respeto y mujeres bellas que llegaron con el negocio de la cocaína.
La música sigue la inspiración de bandas mexicanas _otra nación plagada por la violencia de las drogas_ que adaptaron los tradicionales corridos en crónicas de los carteles de narcotraficantes.
Popularizados por pioneros como Chalino Sánchez en las décadas del 70 y el 80, los "narcocorridos" en México fueron distribuidos el año pasado a las bibliotecas escolares como parte de un libro y un compacto de historia musical del país, generando una controversia.
En Colombia, escenario de una guerra civil de cuatro décadas, estas canciones pueden sonar como serenatas a la violencia.
"Estoy buscando a un bastardo a cobrar una deuda que me tiene, y cuando lo mate, el mismo suelo que caminó hoy estará cubierto de sangre", cantan los Hermanos Pabón.
En el estacionamiento del más grande concierto organizado en Bogotá se ven las camionetas agrícolas favoritas de los narcotraficantes.
Adentro, los meseros reciben pedidos de ron de hombres gordos con sombreros vaqueros y ponchos, acompañados por guapas mujeres.
Con el tiempo, la música ha evolucionado de los problemas del narcotráfico para incluir en su repertorio la corrupción política desenfrenada y otros aspectos de la violencia.
Hasta hay una canción que relata el secuestro de la candidata presidencial Ingrid Betancourt, que hace poco sumó cuatro años cautiva de la guerrilla.
Hoy día uno de los compositores de narcocorridos más connotado es un hombre que abandonó las organizaciones paramilitares, dijo Castillo.
El joven rechazó tener reconocimiento público por su pasado paramilitar pues teme que ex camaradas o guerrilleros izquierdistas lo maten.
"Ahora es uno de los mejores escritores", manifestó.
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