Detiene su automóvil y allí, en el paisaje de una Figueroa Alcorta que comienza a dibujar el incesante tráfico de la mañana porteña, se entrega al recuerdo en voz alta de algunas memorias que recorren su extensa trayectoria. "Yo soy uruguayo. Un uruguayo que ama la Argentina", aclara, como para disipar cualquier duda respecto a los sentimientos entre dos países que se encuentran y cubren de punta a punta la mayor parte de su vida. Víctor Hugo Morales, el oriental más argentino, recibió a Infobae.com, para hablar sobre ayer, día en que cumple 25 años trabajando en esta orilla del Río de la Plata.
Clásico de cada tarde, noche o cualquier momento del día donde el fútbol diga presente, el periodista uruguayo marcó para siempre ?y deja constancia explícita- la historia del relato deportivo rioplatense, aunque para él no existe escala jerárquica alguna que lo sitúe por encima de ningún colega: "Yo creo que en esta profesión no existe el mejor sino el que más nos guste. Por lo tanto no tengo ningún tipo de vanidad con respecto a si soy el mejor de la historia, de ahora o de nada... Lo que sí podría decir, en una posición que no intente fingir modestia, es que he dejado una huella en cuanto al estilo de relato, que sufrió un cambio radical".
Y refuerza: "Digamos, 25 años después, en la Argentina no se relata como se hacía antes de que yo viniera. Hay un nuevo estilo: más desenfadado, más arriba de la pelota, con menos silencios entre frase y frase, con espíritu crítico, con mucho juego de todas las voces que componen una transmisión, con una búsqueda teatral, como si tuviéramos que hacer una obra de teatro sobre la base de episodios de la vida real".
VH ?la nomenclatura, que hace en realidad a un nombre propio, ya es casi un apellido- llegó a la Argentina luego de hacer una primera experiencia en Uruguay. Sin embargo, no fue allí donde hizo los primeros pasos con el mundo de la radiofonía. "Mis primeros contactos fueron como oyente. La radio fue mi formadora, mi fantasía, mi juego, mi refugio. De chico, mi vida pasaba por la radio. Los mejores y más gratos momentos familiares están allí", señala, mientras con sus manos crea figuras en el aire que parecen pintar ondas sonoras.
-¿Y cuáles eran sus atributos?
-Tenía buena voz, leía bien y eso empezó a configurar la posibilidad de que yo fuera locutor. En mi pueblo gané un concurso cuando tenía 15 años y después, a los 16, cuando me fui a estudiar Derecho a Colonia, me presenté en la radio y pedí un trabajo de locutor. Y me lo dieron. Me tomaron la prueba a las 4 de la tarde un 20 de abril y a las 6 de la tarde del mismo día empecé a trabajar. Tuve suerte porque estaban los dueños de la radio en ese momento, entonces ellos mismos me escucharon.
Dos años después pasó la prueba como relator y empezó a trabajar con el equipo de Dante Panzeri, Enzo Ardigó y Juan Carlos Rousselot. "Ahí empieza el relator rioplatense, porque relataba en una radio uruguaya para la Argentina... Después me voy a Montevideo para seguir la carrera allá; trabajo durante 5 o 6 años en radios pequeñas y en el año 75 muere el relator más importante del Uruguay, Don Carlos Solé (deletrea con ahínco el apellido). Se ve que yo estaba en la boca del mazo. Entonces empezó una etapa muy importante durante la cual, por cinco años hasta que me vine, fui gracias a Dios un relator muy popular, muy escuchado en Montevideo", contextualiza el relator que inmortalizó el "ta-ta-ta" o el "no quieran saber, no le pregunten a nadie", que surgió como homenaje a Ardigó. Después, 1981 y la oferta de Buenos Aires.
Su popularidad le valió no sólo el reconocimiento del público oyente sino también la tentación de varios interesados en contar con sus servicios. Tanto que es uno de los pocos periodistas que se desempeña en prensa gráfica, radio y televisión. No obstante, se define como una persona introvertida. "Soy muy tímido, muy nervioso, no me gusta exponerme ni dar examen. No me gusta la posibilidad de defraudar. Esto confronta con una voz muy segura, un físico grande que hace pensar que, cuando digo que soy tímido, que le tengo miedo a las personas, la gente no me crea", explica.
-¿Se considera un personaje de culto?
-Aunque puedo intuir hacia donde apunta, desconozco el significado de esa afirmación y por eso no me hago cargo. Sí soy un hombre muy curioso. De todas las manifestaciones humanas soy un profundo humanista, me gusta todo lo que el hombre hace. Prefiero el mar pintado que el mar en la realidad; la ciudad y los edificios que construyen los hombres al campo y la montaña. Me preocupo y me intereso por el arte, la cultura. Leo de todo, buceo en todas las cosas. Pero no soy ni por asomo un hombre culto.
Su primer relato, aquel 22 de febrero de 1981, tuvo que ver con otro hecho histórico: el debut de Maradona en Boca. En la Bombonera, el local goleó 4-1 a Talleres de Córdoba. "Ese día se produjo una fuerte contradicción entre mi temor, mi miedo, mi angustia, mi deseo de tomarme un avión a Montevideo, y la indudable capacidad que debo tener para hacer lo que hago. Empezó el partido y los nervios se fueron. Me asustaba equivocarme en un jugador, en furciar una palabra. Pero en líneas generales, me sentí muy bien. Además, la primera jugada que hice fue relatar el gol de Diego, donde me salió una frase que, me di cuenta, era buena. Dije, en el penal, 'la soltó como una lágrima'. Al lado hicieron un gesto de aprobación y me tranquilicé".
-¿A partir de allí, fruto de la casualidad, se inició una especie de romance con el Maradona jugador?
-Sin ninguna duda. Diego viene a ser una especie de referente de todos los grandes momentos de mi vida de relator. Las mayores exigencias y satisfacciones me las dio él con ese primer gol; después con otro que me dio un bautismo de popularidad en la Argentina, aquel que le hizo a River donde, parece, había muchísima audiencia. Ese gol me generó antipatía con la gente de River, hasta que la cosa se dio vuelta y relaté algún gol que me motivó el mismo sentimiento de los hinchas de Boca. Esa fluctuación que tienen los hinchas ?se persigna-. Y luego el gol a los ingleses, a los griegos, a los brasileños en Italia que, aunque no lo convirtió él, fue socio con Caniggia. Todas esas cosas marcaron mi vida y Maradona es el referente más fuerte.
-¿El gol a los ingleses fue su mejor relato?
-No, ese es el más lindo gol del fútbol, el más emotivo. Mi mejor relato es el gol a los griegos.
El "barrilete cósmico" y aquellos gritos desaforados contando y cantando los goles y triunfos de la Argentina no le generan choques internos. "En un partido contra Uruguay, tiro para Uruguay", dice, y agrega: "Eso, el origen, el tiempo no lo puede cambiar, es una marca que uno siempre debe llevar y nunca debe declinar. A pesar de vivir en la Argentina como un argentino más". Pasaron 25 años. "Pueden ser algunos más, depende. Este es un trabajo más físico que intelectual". Víctor Hugo es el uruguayo más argentino. Diego tiene que ver con ese cariño. Por eso alguna vez le regaló un relato de antología.
Pedro Fermanelli
redaccion@infobae.com
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