(EFE)- Los rusos ya no podrán comprar la bebida nacional, el vodka, ni en quioscos, ni en el metro, ni durante la noche, según una disposición del Gobierno que pretende reducir el consumo de alcohol, causa del 30 por ciento de las muertes en Rusia.
"Esperemos que esta medida haga que los rusos beban menos, aunque no será fácil mientras el vodka siga siendo tan barato", aseguró a EFE Pavel Shapkin, presidente de la Asociación Nacional de Alcoholemia (ANA).
Según la nueva resolución, el vodka y cualquier otra bebida que supere los 15 grados de alcohol no podrá ser vendida en quioscos, puestos callejeros, el metro, las estaciones de autobuses y de trenes, aeropuertos, mercados y guarniciones militares.
Además, las únicas tiendas con licencia para comercializar alcohol con una graduación superior a los 15 grados tendrán que tener más de 50 metros cuadrados de superficie, requisito que condena a la ruina a las tiendas de barrio y pequeñas licorerías.
En cuanto a los horarios de venta al público, los rusos ya no podrán comprar vodka en ningún establecimiento comercial entre las once de la noche y las ocho de la mañana.
Según ANA, 35.929 rusos murieron el pasado año debido al consumo de bebidas alcohólicas, un 5 por ciento menos que en 2004, mientras en Estados Unidos esta cifra no supera las 200.
Los rusos beben anualmente una media de 14 litros de alcohol, mientras la alcoholemia afecta a un 8 por ciento de la población, lo que ha reducido la esperanza de vida hasta los 58 años entre los hombres y 72 para las mujeres.
Por el precio de una botella de vino nacional un ruso puede comprar dos o más botellas de vodka, por lo que los jóvenes que comienzan a beber cerveza se acaban pasando, tarde o temprano, a la bebida rusa por excelencia.
"La ley no es nueva, lo que es nuevo es la voluntad política del Gobierno de controlar de una vez por todas el tráfico de alcohol", asegura Shapkin.
En su opinión, "lo que pretende el Gobierno es que el mercado del alcohol sea más transparente, ya que los impuestos del sector representan una importante parte del presupuesto anual".
Las arcas del estado reciben unos 2.000 millones de dólares anuales en impuestos por la venta de alcohol entre los 142 millones de rusos.
El presidente ruso, Vladímir Putin, un abstemio confeso, se ha propuesto regular la producción de alcohol, ya que, tras la liberalización del mercado en los años 90, los precios han bajado y la producción ha aumentado notablemente, en especial de licores adulterados.
"Esto no tiene nada que ver con las peculiaridades del pueblo ruso, es el mercado quien dicta las reglas. Debemos reducir la producción", dijo.
A dicha disposición se suma la prohibición que entrará en vigor el próximo 21 de febrero de vender bebidas alcohólicas sin etiquetas con sus componentes y el año de producción.
"Se reducirán los canales para la venta de alcohol adulterado, pero para los fabricantes esto no es una amenaza, ya que siempre hay demanda de vodka", aseguró Andréi Sergeenkov, subdirector de una compañía gestora de la red de distribución de bebidas alcohólicas OCT.
En las tiendas, una botella de vodka barato cuesta 42-45 rublos (1,30 euros), de los que 38 rublos corresponden a impuestos, por lo que los fabricantes recurren a todo tipo de artimañas para abaratar el producto, incluso utilizando sustancias nocivas para la salud.
Con todo, ANA es contraria a medidas de choque, ya que podrían provocar un efecto contrario al deseado en la sociedad rusa, como quedó demostrado en el revuelo que se creó cuando el Gobierno prohibió hace unos meses el consumo de cerveza en las calles.
Según los historiadores, la afición de los rusos al consumo desmedido de alcohol proviene de tiempos de Pedro I, que castigaba la impuntualidad obligando a sus súbitos a beber diez litros de vodka, "tortura" que en ocasiones les costaba la vida.
El último zar, Nicolás II, introdujo la primera ley seca de la historia de Rusia en agosto de 1914, con el objetivo de dedicar la producción de alcohol a la cura de los heridos en la Primera Guerra Mundial.
La ley seca fue refrendada por los comunistas a su llegada al poder con la prohibición, en junio de 1918, de la venta de alcohol, pero fue abolida por impopular en 1925.
El ex presidente de la URSS, Mijaíl Gorbachov, defendió recientemente una nueva campaña nacional contra el alcohol como la que él mismo lanzó en 1985 y que tuvo una pésima acogida entre la población.
Según las malas lenguas, ambas campañas contra el vodka (1914 y 1985) crearon el caldo de cultivo para la caída, primero, de los zares y, después, de la Unión Soviética.
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