Gane o pierda la final del domingo del Abierto de Australia contra el suizo Roger Federer, el chipriota Marcos Baghdatis, 'Baghdatinho', como le llaman con euforia sus compatriotas, habrá entrado ya en la historia del tenis.
Sus tres victorias en Melbourne ante jugadores situados entre los diez primeros del mundo, Andy Roddick, Ivan Ljubicic y David Nalbadian, han encumbrado a un jugador humilde, sencillo y poco acostumbrado a agasajos y celebraciones multitudinarias, a una nueva y alborotada vida en tan sólo 15 días.
Incluso la ATP ha creado una página especial solo para él, al igual que hizo en su momento con jugadores del carisma de Federer, Lleyton Hewitt, Andy Roddick y Rafael Nadal. Y el ídolo de Limassol quiere huir a toda costa de tanto bombo para concentrarse en el partido más importante de su vida, contra un jugador al que sólo ha podido ganar un set en tres enfrentamientos, el último recientemente en Doha.
Se juega mucho el domingo Baghdatis, no sólo el cheque de 915.000 dólares destinado al campeón, casi el triple de sus ganancias oficiales. Ni tan siquiera pasar del puesto 54 al 27 si pierde, o al 17 si gana, por detrás del español Tommy Robredo y del francés Richard Gasquet. Son las esperanzas de todo un país que sueña con un héroe y que ya comenzó a confiar en él cuando el año pasado le nombró hombre y atleta del año, tras alcanzar su primera final ATP en Basilea y ganar el challenger en Pozoblanco en Córdoba.
Baghdatis no recuerda cuándo fue la primera vez que empuñó una raqueta, pero sí que dejó la escuela con 13 años para intentar emular a su ídolo, el australiano Patrick Rafter, y animado por su padre Christos, de origen libanés, viajó entonces a Francia para formarse como tenista gracias a una beca de Solidaridad Olímpica.
Oficialmente, Chipre tiene 53 pistas al aire libre y sólo una cubierta. Existen 5.650 federados y 12 clubes de tenis. Probablemente ahora las cifras se incrementarán.
"Tengo el teléfono apagado desde hace dos días", señaló el jueves el jugador, desbordado. "Intento no hablar con ningún periodista porque quiero hacer realidad un sueño y centrarme en ello", apuntó Marcos, que ve cómo su grupo habitual formado por su novia, Camille Nevier, la hijastra de su entrenador Guillaume Peyre, y su fisioterapeuta, Emmanuel Yague, se ha visto aumentado con la presencia en Melbourne de Patrick Mouratoglou, director de la Academia donde Baghdatis se entrena en París, que llegó a Melbourne el jueves deprisa y corriendo al reclamo de la fama.
El tenista de Limassol se ha recluido en su hotel, uno de lo dos oficiales para jugadores situado en el centro de la ciudad, y quiere evitar a toda costa ser perturbado. Desde allí contempla en la televisión cómo todo Chipre festeja su triunfo, cómo los niños dejaron de ir a la escuela por ver su partido contra el argentino David Nalbadian, cómo los aficionados se bañan en las fuentes e incluso disparan al aire.
Y echa de menos salir a la calle, pisar la arena de la playa de Santa Kilda, como días atrás, cuando montó incluso en un tío-vivo con su novia en el parque de atracciones Luna Park y repartió autógrafos a diestro y siniestro.
Su fama le ha impulsado a lo más alto. Ha pasado de ser el campeón júnior de este torneo, número uno de esta categoría en el 2003, octavofinalista el pasado año en el cuadro grande contra el propio Federer, a un aspirante al título sin ser cabeza de serie, el último que lo intenta después del sueco Thomas Enqvist en 1999.
Ahora, todo son agasajos. El gobierno chipriota planea liberarle del servicio militar. Las marcas se lo disputan, le llueven los contratos. Pero él vive aferrado a sus tradiciones, al calor de los grecochipriotas que no cesan de animarle en cada punto, y a los que luego tiene que enseñarles las normas de educación en un partido de tenis.
Compró entradas a sus nueve tíos y 21 primos, casi todos de origen libanés, parientes de su padre Christos, que vienen cada día a verle jugar y a los que quiere dar el domingo la mayor alegría.
"Es la aventura de su vida", dice uno de sus tíos, Sam Baghdatis, que no se quita de encima una camiseta con la fotografía de su sobrino cuando tenía 10 años, y una leyenda que dice: "Campeón entonces, campeón ahora".
"Esa foto fue tomada cuando ganó el campeonato de Chipre sub-12 en 1996", dice Sam Baghdatis. "Cuando le vi jugar ese partido, le dije: 'Te veré en las grandes pantallas un día'. Se podía apreciar que incluso entonces, ya había fuego dentro de él".
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