La industria petrolera moderna nació en Texas hace 105 años

En 1901, un pozo en Spindletop Hill empezó a emanar crudo y desató una fiebre especuladora y de negocios en los EE.UU., similar a la del oro en California

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(EFE)

La industria petrolera moderna nació en Texas hace ahora 105 años, cuando un pozo en Spindletop Hill empezó a escupir crudo con furia y desató una fiebre especuladora y de negocios similar a la del oro en California.



El hallazgo, del que esta semana se cumplió el aniversario, del ansiado "oro negro" en esa zona vecina a Beaumont y próxima a la frontera con Luisiana, supuso una auténtica revolución para este país y para el estado sureño, y marcó el nacimiento de corporaciones como Exxon o Texaco.



Texas es el estado con mas reservas probadas de crudo, que superaban los 4.500 millones de barriles en 2003, alrededor de una quinta parte del total con que cuentan los EE.UU.



Es también el mayor productor de petróleo, con alrededor de un millón de barriles diarios y alberga 26 refinerías, con capacidad para procesar más de 4,6 millones de barriles diarios, según datos del Departamento de Energía.



El camino hacia esa primacía se inició hace poco más de un siglo, según se explica en el Handbook of Texas Online, un proyecto de la Universidad de Texas y de la Asociación Histórica del Estado.



Durante la segunda mitad del siglo XIX, Pensilvania había sido el estado más productivo de crudo, muy por delante de Texas. Todo cambió el 10 de enero de 1901 cuando, tras varios intentos sin mucho éxito, brotó ese día un chorro negro de más de 50 metros de altura en un pozo de Spindletop.



Anthony Lucas, un ingeniero austríaco de minas, confió en la intuición de un geólogo autodidacta, Patillo Higgins, quien estaba convencido de que la industria moderna pasaría del carbón al petróleo y de que bajo una capa salina de Spindletop había crudo.



Lucas comenzó a perforar el montículo sin resultados positivos en un principio y tratando de vencer la dificultad que suponía profundizar varios centenares de metros de terreno arenoso.



Después de varios meses de ardua tarea y llegar a una profundidad de más de 300 metros, las entrañas de la tierra se convulsionaron y, tras unos momentos de incertidumbre, los atónitos trabajadores escucharon un ruido similar al de un cañonazo que venía del agujero.



Según el relato histórico, primero salió barro con la fuerza de un cohete, después gas natural y a continuación un borbotón de color negruzco que triplicaba en altura a la torre de perforación erigida sobre el pozo.



Nunca se había visto una cosa igual.



Lucas y su equipo tardaron nueve días en controlar el géiser y estimaron que el flujo del "Lucas 1" sería de casi 100.000 barriles diarios, superior a todo lo que producían combinados los pozos existentes entonces en los EE.UU.



El descubrimiento provocó la llegada de un aluvión de compañías, especuladores, rufianes y trabajadores ávidos de que el "oro negro" cambiase sus vidas, lo que hizo que la población de Beaumont pasara de 10.000 a 50.000 habitantes en cuestión de meses.



La especulación subió como la espuma y un hombre que había tratado de vender por 150 dólares, durante tres años, un terreno próximo a Spindletop finalmente recibió 20.000 dólares de un comprador.



Aquel individuo lo volvió a vender en quince minutos por 50.000 dólares, según se explica en el Handbook of Texas Online. Un pozo que había requerido una inversión de 100.000 dólares fue adquirido por 1.250.000 dólares y unos 235 millones de dólares se estima que se invirtieron sólo en ese año en la naciente industria, aunque para algunos la apuesta supuso la ruina.



El yacimiento de Spindletop transformó no sólo a Texas sino que revolucionó también el transporte en los EE.UU. y una industria cuyos avatares y protagonistas cautuivaron desde entonces a la cultura popular y, como no, a Hollywood.



Uno de los muchos norteamericanos que ha probado desde entonces suerte en el universo petrolero ha sido el actual inquilino de la Casa Blanca, George W. Bush, aunque esta es otra historia.