Las islas del Tigre recuperan el atractivo para los turistas

A pocos kilómetros de la Capital, el Delta ofrece numerosas propuestas para el verano. Los empresarios de la zona se agrupan para mejorar la oferta de servicios a los visitantes

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En los primeros años del siglo pasado la producción de frutas y verduras en las islas del delta de Tigre y San Fernando era intensa y rentable para sus 40 mil habitantes.

En esos tiempos Martín Noel comenzó a elaborar sus mermeladas, y dos fábricas de sidra, La Real y La Victoria, se afincaron en las islas. Y mientras el dueño de la marca Volcán se animaba a cultivar naranjas a "contraestación", llegaban a esta comarca bonaerense franceses, vascos, genoveses, españoles y suizos.

El ocaso de las islas sobrevino con las grandes crecidas de 1958 y 1959 y ahora, con apenas 5 mil habitantes, la apuesta es recuperar aquel esplendor a través del turismo.

Con ese propósito un grupo de prestadores de servicios turísticos conformaron Todo Delta A.C.E. (Agrupación de Colaboración Empresaria) para promover, desarrollar y difundir esta región de la provincia de Buenos Aires.
Sus catorce miembros son empresarios del transporte fluvial, y de paradores, hosterías, recreos y restaurantes, y también del único hotel de las islas, el tres estrellas Río Laura Hotel & Resort y de un servicio de combis.
En la estación fluvial de Tigre, que ocupa el predio de la vieja terminal de trenes, hay un stand de Todo Delta con guías bilingües y de su muelle parte la motonave Realidad II.
Su capitán, el "inglés" Héctor Cook, dice que su nave "tiene un balcón abierto en la popa y es tan alta que se la puede transitar caminando", un ámbito en el que organiza reuniones.
También desde ese muelle parten algunas de las naves de Turismo Rumbo Delta, como la "Rodney II", que llega hasta la isla Martín García y hasta Carmelo y Colonia, en el Uruguay, además de realizar paseos cortos con degustaciones de vinos y quesos.
Otro de los barcos, "Viva", es sólo para ocho pasajeros y su diseño le permite navegar por ríos y arroyos angostos, acercando a los turistas a sitios a los que no llegan otras embarcaciones.
Uno de sus programas, "Aventura por la Amazonía", es una buena alternativa para conocer en tres horas lugares apartados y para realizar navegaciones nocturnas en las noches de luna llena.
Para llegar desde el puerto de Tigre al Hostel Delta, situado en la confluencia de los ríos Luján y Abra Vieja, es preciso navegar unos quince minutos, aunque también se accede desde el continente, cruzando el río Luján hasta un muelle.

"En ese lugar nuestra lancha recoge cada media hora a los visitantes", explican los dueños del hostel, Carlos y Mirta Rolaiser, quienes dicen que "recibimos muchos turistas extranjeros porque pertenecemos a Hostelling International y figuramos en guías de turismo de Europa y Estados Unidos".

Si la idea es pasar un día como en la propia casa, el lugar es "Beixa Flor", la casa de estilo brasileño de Diego Regnicoli, que tiene cuatro habitaciones, muros amarillos y violetas azules.
En el parque hay cocoteros, un pino azul, una magnolia y una mora pendular, junto al río una playa de arena amarilla y en la cocina un plato especial: los crepes de berenjena con albahaca.
Un poco más adelante está El Sitio Dorado, un complejo de cabañas montadas sobre pilotes, que se trajeron de Brasil listas para armar, equipadas con heladera y microondas.

Su dueña, Edith Baigorria, privilegió elevar el terreno para evitar las crecidas y construyó una pileta junto al río, "para los que no se le animan al color marrón de las aguas".
Los que están pensando en construir cabañas son Mariano García y Norberto Giovinni, los dueños del restaurante Akú-Akú, que está en la confluencia del río Capitán y el arroyo Rama Negra.

Para este emprendimiento gastronómico que iniciaron en diciembre del año pasado, los socios eligieron el nombre del espíritu protector de la isla chilena de Pascua y trajeron un par de chefs, responsables de los "pinchos", una especie de brochette con trocitos de chorizo, molleja, riñones y pollo.
Río arriba por el río Capitán está el Restaurante Paso del Toro, donde la emblemática figura del animal, de tres toneladas, se yergue en la orilla. Pero más allá de su historia, que comenzó en la década del ཐ, a la hora del te no hay en las islas nada más rico que los buñuelos rociados de azúcar de este lugar.
Y desde allí alejarse de los grandes ríos y navegar por las aguas calmas del arroyo Caraguatá, para llegar a "Un lugar en el Arroyo, donde Marta Bourgeois organiza bodas, un nuevo nicho comercial que le permite instalar en el parque carpas para los invitados y altares para las ceremonias religiosas".
A estas bodas isleñas, una modalidad que se está imponiendo, las novias suelen llegar en pequeños botes de clubes o en lujosos cruceros. El lugar es muy concurrido, además, porque allí funciona la sede del Caraguatá Rowing, la escuela de remo de Juan Carlos Vázquez, fanático de ese deporte y árbitro internacional.
A su lado, el albergue "La Morada" es un derroche de confort y buen gusto, con apenas cinco habitaciones, algunas con jacuzzi, ideales para disfrutar con todos los sentidos.
Para regresar al puerto nada mejor que abordar la nave Pedro Juan Caballero, una típica chata isleña que comanda la capitana Cecilia Cambieri, una embarcación pintada de amarillos, verdes, violetas y naranjas apasionados.
A esta mujer que sabe maniobrar con habilidad entre las embarcaciones que regresan al puerto, se la conoce como "la yarará de las islas".
Su chata, que allá por 1976 se usaba para sacar de las islas la producción de frutas y maderas, es ahora escenario de cenas románticas y encuentros fugaces.